La cosecha, solo otro veranito

3 de abril, 2019

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Por Guido Lorenzo LCG

 

A pocos meses de comenzado el 2019, la mayoría de los pronósticos iniciales han quedado desactualizados. La principal causa parece ser la inestabilidad cambiaria. A comienzos de año, el programa monetario parecía que estaba funcionando para estabilizar la situación, y hoy no alcanza.

 

Ya hay señales de que la cosecha gruesa empieza a aparecer como oferta en el mercado de cambios y eso podría calmar al tipo de cambio por unos meses. Las elevadas tasas de interés les ponen un costo a los productores para financiar la campaña del año siguiente mientras que los costos dolarizados ya se han elevado a la par de los precios de venta y deben hacerse de efectivo.

 

Sin embargo, del lado de la demanda hay compradores. La demanda por cobertura va a existir en un año electoral donde el BCRA no tiene herramientas para intervenir sobre el tipo de cambio, algo casi inédito en la historia reciente de nuestro país.

 

Esa inestabilidad del tipo de cambio volverá a sentirse cuando desaparezca la oferta del sector primario y la demanda se exacerbe debido a la incertidumbre electoral. Alguien podría plantearse, ¿por qué esperar a comprar en julio? La razón es que las tasas elevadas le ponen un costo a la estrategia de comprar y esperar a que el tipo de cambio ajuste. Si bien es difícil predecir el tipo de cambio a fin de año debido a que podría haber novedades del lado de la política, podríamos establecer un rango de $51-$52 para el período preelectoral de las PASO.

 

El mayor riesgo en este sentido es la espiralización de la inflación. Este primer trimestre está perdido. Tendremos una inflación superior al 10% que seguramente superará el 20% en el total del primer semestre, un valor elevado para que soporte un nuevo deslizamiento fuerte del tipo de cambio.

 

No es que defendamos la postura de un tipo de cambio real bajo, sino que no se puede convivir con la libre flotación en un país donde el pasaje a precios es alto, ora por cuestiones estructurales, ora por cuestiones de recomposición de márgenes a lo que se suma traslados a precios de oportunistas en una economía con baja competencia y poco regulada.

 

Uno se podría preguntar por qué el riesgo de espiralización está latente si el BCRA no emite. El desprendimiento del dinero rápido que realiza el sector privado de los pesos para cubrirse del impuesto inflacionario puede financiar los aumentos de precios.

 

La paritaria docente de la provincia de Buenos Aires estuvo cargada de señales políticas, pero demostró que es difícil ajustar precios relativos, que los salarios son difíciles de utilizar de ancla nominal y, por sobre todas las cosas, quizás lo más relevante, le acortó el horizonte de ajuste de los contratos al trimestre.

 

Es sabido que cuando la inflación se acelera se acortan los contratos, en sentido amplio y, de hecho, un precio de un bien es un contrato tácito. Pero institucionalizar ajustes trimestrales en un contexto de inflación en torno a 4% es casi contraproducente, si otros gremios y sindicatos siguen la misma línea el riesgo de contagio de espiralización se incrementa dramáticamente.

 

El dólar nos dará un respiro y ello incluso podrá aquietar la inflación dando una falsa ilusión de que el BCRA ganó la pulseada contra el dólar y los precios. El BCRA no tiene actualmente herramientas para garantizar que el tipo de cambio se mueva el 30% de la banda de intervención y aún no sabemos cómo se comportaría en el límite superior. Por lo tanto, es esperable que la inestabilidad se retome en el segundo semestre y la inflación se acelere. El escenario de inflación del 35%-40% ya luce optimista con el riesgo de traslado de tipo de cambio a precios y, de estos, a salarios.

 

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