¿Es por acá?

12 de abril, 2019

Macri

Por Carlos Leyba

 

El problema que más angustia es el económico. En primer lugar, la inflación. Y luego la amenaza del desempleo. Indicadores del malestar social. El malestar colectivo crece y decrece la capacidad de las herramientas tradicionales de la política económica.

 

El escenario de desempleo e inflación “altos” es el peor para los ciudadanos y para quienes gobiernan.

 

Sube la intolerancia. Y en el Gobierno, Principio de Peter, la venganza del nivel de incompetencia.

 

Intolerancia e incompetencia: un combo indigerible.

 

La intolerancia crece en función del tiempo y mientras no hay señales de resolución.

 

La incompetencia se acrecienta mientras los problemas permanecen.

 

El golpe al nivel de vida de la inflación elevada y acelerada angustia la mañana.

 

La incompetencia en el arte de gobernar es muy difícil de superar si, quienes deciden, están encerrados en el “pensamiento de grupo”. Aislados, cerrados ideológicamente, no sometidos a control externo y con capacidad y práctica de exclusión de quien difiere, provocando autocensura, demonización de los diferentes, presión para la conformidad y poco estudio de caminos alternativos, etcétera.

 

¿Es así, es el encierro de Mauricio Macri en el entorno de Marcos Peña y Jaime Durán Barba (los que conforman “el acceso a la cima del poder” de Carl Schmitt)?

 

No es la primera vez que sufrimos este tipo de “encierros” sin posibilidades de oxigenación desde 1975. Por ejemplo, José López Rega, una suerte de Durán para Isabel y Antonito, el Durán de su padre.

 

El “pensamiento de grupo” traba escapar de la incompetencia, lo que es posible si quienes gobiernan lo hacen en la lógica del sistema político, un partido abierto, con la policromía de miradas independientes pero a la vez cooperativas. No las miradas de oposición, sino aquellas que buscan el éxito compartido.

 

Hoy el estado de nervios de los radicales imposibilitados de lograr “el acceso a la cima”, los hace predicar en voz alta la búsqueda de algún resultado capaz de vencer internamente la manifiesta incompetencia gobernante, para detener el ritmo de la intolerancia que puede llevar a la derrota.

 

Derrota de la coalición a la que pertenecen, derrota por un nuevo cisma radical o derrota por tener por delante –aun en el caso que no pierda Cambiemos y que la UCR no se divida– cuatro años con un Gobierno de minoría parlamentaria y una Casa de Gobierno patológicamente aislada de la realidad.

 

La prédica radical nace del drama social que provoca la inflación y el riesgo de expansión del desempleo. Procuran una salida a ambos problemas para detener las consecuencias de la intolerancia social creciente.

 

“La inflación imparable hace que las familias no puedan hacer más de una comida diaria (…) es el avance del hambre”, dice el comunicado del CTEP, que dirige Juan Grabois, que el miércoles reclamó solidaridad en el Alto Palermo.

 

Dirigentes del PRO, Carolina Stanley o María Eugenia Vidal, comparten esta inquietud. Pero la “mesa chica” –los que mandan: Marcos y Durán– no está dispuesta, por incompetencia, a renunciar al ajuste purificador primitivo.

 

Tasa galopante de inflación (51% en doce meses) y economía en descenso que genera desempleo (abierto, enmascarado y potencial), definen una economía en estanflación.

 

No hay manera de salir de esa trampa de la economía mal gestionada, utilizando solo herramientas tradicionales.

 

En el Gobierno, como concesión a la demanda radical, debaten la formulación repetida de instrumentos de promoción del consumo (crédito, subsidios, etcétera) sin atender a las causas de la depresión profunda de la demanda. Y al mismo tiempo el Gobierno persiste en la estrategia del ajuste a través de las tasas de interés monumentales o la reducción del gasto o el incremento de los impuestos.

 

Miguel Angel Broda lo llamó prender la calefacción y el aire a la vez. ¿No hay otro camino?

 

Carlos Pagni (La Nación,11/4/19) resume al Presidente en su discurso de Cippec. “El nudo que debe desatar es secular. Aportó cifras. En 77 de los últimos 100 años hubo déficit fiscal. En los últimos 80, la inflación promedio fue, excluyendo los períodos de híper, de 62,6%. En uno de cada tres años hubo recesión. Se produjeron ocho defaults”.

 

Algunos errores. No hubo ocho defaults de la Nación sino cuatro. Solo dos de ellos relevantes por su proximidad. Los otros, en el Siglo XIX.

 

El primero del Siglo XX, si se puede llamar default, tuvo nacimiento en 1982 con la crisis de la deuda latinoamericana.

 

Entre idas y vueltas se acomodó en 1992 con el Plan Brady. El otro default (2002), más o menos, se terminó de acomodar con Macri.

 

Respecto al déficit fiscal debe tenerse en cuenta que el gasto público, en los años anteriores a 1974, no superaba 20% del PIB y que el déficit no se financiaba con deuda externa. Nada comparable.

 

La inflación promedio, en el período 1943 a 1974, fue d 25% anual sin ningún año de hiperinflación.

 

Y en ese período de 30 años, el PIB por habitante creció 2% anual.

 

A partir de 1975 las cifras que ofreció el Presidente tienen algún parecido con la realidad.

 

Entre 1975 y 2016, tuvimos más de 40 años de estancamiento. El PIB por habitante creció 0,6% anual y la inflación, promedio anual de ese período, fue 146%. Cuatro décadas de estanflación.

 

El gasto anual pasó del 20% en 1975 al 40% actual del PIB, por estar obligado a compensar las consecuencias sociales del estancamiento.

 

En este tiempo explotó la deuda externa y tuvimos dos default. ¿Otra calamidad?

 

Mientras que en 1974 la pobreza condenaba a 4% de la población (800.000 personas), hoy tenemos 14 millones de pobres. Desde 1975 somos 20 millones más de habitantes, pero agregamos 13 millones al ejército de la vergüenza colectiva.

 

En síntesis, los errores, y la grosera simplificación de la historia, que realizó el Presidente en el discurso citado por Pagni, significan mucho más que un sesgo de lectura para justificar la incompetencia de gestión, basado en un supuesto fracaso casi centenario.

 

Ese sesgo le impide diagnosticar correctamente el origen de los males; y por tanto procurar la terapia para la macro enferma que deriva, por cierto, de una situación estructural, y a la vez llevar a cabo un correcto proceso de transformación de largo plazo.

 

Basado en esta cadena de despistes, el actual Gobierno procura combatir la inflación con herramientas que producen profundización de la recesión o mantenimiento del estancamiento. Esa es la actual política de restricción monetaria y alza en las tasas de interés.

 

Además, ahora pretende contener el descenso del consumo, con un aliento marginal de la demanda, basado en subsidios directos y créditos subsidiados.

 

La impotencia  y contradicciones de esos instrumentos, están muy lejos de poder alcanzar metas de estabilización y crecimiento.

 

Con subsidio, el Gobierno procura estabilizar el tipo de cambio presente para, alentando una futura dolarización, mejorar su situación electoral.

 

En materia de largo plazo, el PRO apunta a la estrategia de “especialización” en la explotación de recursos naturales: agro, paisaje, viento, sol, minerales.

 

Esta estrategia de largo plazo, que mirada desde la ciudad es un proceso de desindustrialización y bloqueo de la diversificación productiva, viene acompañada por una vocación de apertura comercial externa (baja del Arancel Externo Común del Mercosur y apuesta al acuerdo con la UE) que, en el planteo macroeconómico de hoy, resultará en apertura con tipo de cambio retrasado.

 

La “idea” es que los desajustes derivados de esa estrategia (en todos los planos) se financien con deuda externa.

 

Este manejo de la macro y esta estrategia de largo plazo son, esencialmente, las características básicas del modelo de organización económica (productiva, comercial y de ingresos) que predominó desde 1975 hasta hoy.

 

En ese período hubo dos gestiones proactivas dominantes que instalaron los pilares, inclusive culturales (“deme dos”), del modelo: José A. Martínez de Hoz y Domingo F. Cavallo.

 

Las demás, dentro del período, fueron gestiones de adaptación pasiva sin que ninguna haya generado transformación material alguna o aplicado políticas que llevaran a ello.

 

Estas cuatro décadas que el PRO heredó, dejaron gravísimos problemas macroeconómicos y muchos más graves de tipo estructural.

 

Macri agravó los primeros y profundizó los segundos: su política de alguna manera reivindica, en la práctica, las propuestas originales de las dos gestiones proactivas que antes mencionamos.

 

Si miramos los números reales, citados más arriba, del modelo de especialización y apertura comercial con tipo de cambio atrasado (1975 al presente), que es el modelo que predica el actual gobierno y que practicaron sin excepción todos desde 1975 y los comparamos con los datos del modelo de diversificación productiva y política proexportadora, vigente, prácticamente, desde 1930 hasta 1974, no hay lugar para la duda.

 

Mauricio, no es por acá.

 

Estamos repitiendo la estrategia de pobreza, desindustrialización, inflación, deuda y default. No sólo por la política macro sino por la orientación del largo plazo.

 

Para quienes dudan sobre la viabilidad y el éxito de políticas diferentes, recordamos el juicio ex post facto del FMI acerca de una estrategia estabilizadora aplicada durante la vigencia del modelo diversificador y en situaciones de estanflación. Veamos.

 

Citamos al FMI: “El Gobierno (…) detuvo radicalmente la espiral de precios y salarios mediante una política de ingresos basada en un pacto social…En el año terminado en marzo de 1974, la tasa de inflación fue de 14% en comparación con el 80% del año terminado en mayo de 1973” (FMI 16/12/74).

 

Ese “pacto”, elogiado por el FMI (revisión Art. VIII, hoy IV) fue en democracia basado en las coincidencias de los partidos y organizaciones sociales a las que se comprometieron los candidatos.

 

Estrategia de desarrollo por diversificación productiva y política concertada de ingresos en el corto plazo dieron fruto.

 

Especialización y ajuste recesivo, producto de la incompetencia, generan fracaso y peligrosa intolerancia.

 

¿Por dónde podemos y queremos ir?

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