Arizu: “Argentina hoy está produciendo los mejores vinos de su historia”

17 de abril, 2019

Alberto Arizu

Entrevista a Alberto Arizu Presidente de Wines of Argentina Por Enrique Pizarro

 

Hoy se celebra el Día Mundial del Malbec. El homenaje hace referencia a esta fecha de 1853 cuando a través de un proyecto de ley presentado en Mendoza decidieron fomentar la industria del vino en la Argentina con la incorporación de nuevas variedades de cepas, siguiendo el modelo de Francia, y la creación de la primera escuela agronómica del país, que por designación de Domingo Faustino Sarmiento quedó a cargo del botánico francés Michel Aimé Pouget, que trajo el malbec al país e impulsó el desarrollo de la uva que hoy es insignia de la Argentina.

 

El Economista dialogó con Alberto Arizu, presidente de Wines of Argentina (Wofa), la asociación que desde 1993 nuclea a más de 250 exportadores de vinos y que tiene como objetivo promocionar en todo el mundo el vino argentino, una industria que genera cerca de US$ 1.000 millones anuales en exportaciones y que emplea de forma directa a 150.000 personas y a un total de 400.000 personas en catorce provincias del país. Según Arizu, la Argentina está logrando producir la mejor calidad de vinos de su historia, gracias al conocimiento y la madurez alcanzada por la industria local.

 

¿Qué lugar ocupa el vino entre los productos argentinos en el exterior?

El vino está entre los tres productos más reconocidos de la Argentina, y sin duda es el producto local que más se extendió por el mundo. No hay ningún otro producto argentino que se exporte a la cantidad de países como el vino, que llega a más de 120 países. Hoy el malbec argentino es prácticamente una marca registrada. Hace como tres años recibimos un informe con un mapa mundial del producto más relacionado con cada país al hacer turismo, en base a las búsquedas online, y el único del mundo que estaba asociado directamente con el vino era la Argentina, y específicamente con el malbec, más que la carne y que el fútbol, increíblemente.

 

 ¿En qué lugar se ubica Argentina en el ránking internacional del vino?

La Argentina es el séptimo exportador de vinos del mundo. Tiene una participación del comercio mundial que hoy está en 2,7%. Y es el quinto productor del mundo, que gran parte de ello va al mercado interno, que es de los más grandes a nivel global. La Argentina se codea con la élite mundial en términos de ciudades del vino. Mendoza fue elegida la octava capital de vinos en el mundo y Buenos Aires tiene un récord interesante, que es la segunda ciudad en consumo per cápita de vinos del mundo. En primer lugar está París y en tercer lugar, Nueva York.

 

 ¿Va en ascenso el posicionamiento exterior?

Las exportaciones vienen con una curva positiva. El primer trimestre del año cerró con un alza de casi 9% respecto al año pasado. Cuando uno mira en perspectiva a la Argentina, sin dudas es el país con mayor potencial de desarrollo exportador, porque hoy exporta sólo 30% de su producción. El intercambio comercial de vinos en el mundo es el principal driver de desarrollo de la industria. Actualmente, en promedio en el mundo, 40% de los vinos que se consumen son importados. Obviamente, en países como Argentina, Francia o Italia, que tienen una fuerte consumo local, el porcentaje de productos importados es mucho menor.

 

¿A qué nuevos mercados les gustaría llegar o fortalecerse?

Hoy estamos en los principales mercados del mundo. Pero estamos trabajando mucho con miras hacia China, que ha sido el país con mayor desarrollo de consumo en los últimos años. Para Argentina, China hoy es un mercado en crecimiento pero todavía con una base muy baja. Le exportamos cerca de US$ 25 millones, y es una plaza que perfectamente podría quintuplicarse en un término razonable de tiempo, de tres a cinco años, porque tenemos apenas 1% de de participación.

 

En cuanto a los consumidores, ¿han notado cambios durante los últimos tiempos?

Sin duda, el hito más relevante es el impacto de los millennials en el consumo del vino mundial. Es un público muy demandante, muy curioso, que busca innovación permanente. A diferencia de generaciones anteriores, tienen una impronta mucho más aperturista. Es un fenómeno de los últimos cinco años y hoy es el target de consumidor más activo. En gran parte, son los causantes del crecimiento del intercambio de vinos en el mundo.

 

Es un segmento al que no se le suele relacionar con este producto…

El impacto que ha tenido el vino en los millennials ha sido por el desarrollo de la comunicación a través de las redes sociales. El millennial tiene mucho acceso a información y eso también ayuda un poco a abrir sus expectativas, a buscar innovación y variedad. El fenómeno de las redes sociales cambió mucho la forma de comunicar tanto de las bodegas como de los consumidores para nutrirse de la información adecuada para seleccionar vinos. Nosotros ponemos mucho foco en la comunicación en las redes. Hoy, 17 de abril, apuntamos a ser trending topic en Twitter.

 

¿Qué debería implementar el Gobierno para mejorar la productividad?

Para la productividad, entre otras cosas, es muy importante la infraestructura, que en eso este Gobierno ha hecho mucho, porque la cantidad de obras que se han hecho en estos cuatro años no se hicieron en el país en los últimos setenta años. Argentina no tenía rutas y hoy las tiene. Era un país atrasado en términos logísticos. También se ha mejorado mucho en los puertos, con la aplicación de la ventanilla única de exportaciones. El problema está en el déficit fiscal, la falta de financiamiento y la presión impositiva, que es brutal, donde 47% de los vinos que producimos va al Estado en impuestos. Pero también es comprensible que Argentina está transitando por un cambio muy importante para poder resolver los problemas de fondo. Es muy importante que el Gobierno tome medidas drásticas para solucionar esto y que nosotros entendamos la importancia de resolver estos problemas.

 

Algunos sectores de la industria esperan mayor apertura comercial. ¿Cómo ve al país hoy respecto a esto?

Sí, otro asunto que es muy importante para la competitividad es el tema de los acuerdos internacionales. El Gobierno está muy focalizado trabajando en los acuerdos internacionales, pero la realidad es que Argentina era un país que durante muchísimo tiempo nunca tuvo en su agenda la necesidad de formular acuerdos con las principales economías del mundo. Argentina tiene acuerdos con apenas menos de 10% del PBI mundial, mientras países como Chile los tiene con más de 80% del PBI mundial.

 

¿Cómo ve el futuro cercano del país en medio de esta incertidumbre?

Yo creo que lo que vamos a debatir los argentinos en octubre es en qué tipo de país queremos vivir, que en esto abarca a todo. Los argentinos tenemos una tendencia a darle mucha importancia a lo económico, que no es un tema menor, hay mucha gente que la está pasando muy mal, pero definitivamente lo que no podemos perder es tener la mirada profunda sobre lo que queremos para nuestro país, ya sea un país fuerte institucionalmente y con reformas estructurales de fondo o un país que vuelva a ser lo mismo que hizo durante setenta u ochenta años con las mismas prácticas nefastas que nos llevaron a este nivel de subdesarrollo. Yo creo que Argentina tiene una posibilidad extraordinaria de dar vuelta a esta historia que hemos tenido recurrente en fracasos y desilusiones.

 

¿Ve posibilidades de crecimiento en el corto plazo?

Creo que va a ser un momento de transición difícil. El Gobierno en los próximos meses va a tener que empezar a hablar sobre cuál es el plan de desarrollo a futuro. Pienso que si Argentina resuelve sus problemas macro, definitivamente vamos a tener la oportunidad de poder crecer, no a tasas chinas, sino sostenidamente a largo plazo. Por primera vez se están aplicando algunas reformas de fondo que son sumamente duras, pero fundamentales para que la economía tenga la posibilidad de crecer de manera sostenida, sino vamos a volver a tener repetitivamente los ciclos. Argentina tiene que proyectar un crecimiento sostenido de tres o cuatro puntos anuales durante veinte o treinta años.

 

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