Alerta por las cuentas fiscales

3 de abril, 2019

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Por Francisco Eggers UNLP

 

El Presupuesto 2019 planteó un déficit del sector público nacional aproximadamente 40% inferior –en valores reales– al de 2018. Para el primer bimestre del año, se publicó una ejecución “Base Caja” que implica una reducción del déficit –corregido por IPC– del 33% respecto al mismo período del 2018.

 

Se podría decir “estamos en carrera”, si no advertimos que se logró a partir de sumar recursos no genuinos, en concepto de “Rentas de la Propiedad”, tal como expliqué en “Carry trade oficial: pan para hoy, hambre para mañana” en El Economista.

 

Pero para que en marzo los números sigan dando relativamente bien, se requeriría mayor esfuerzo de contabilidad creativa o retrasar pagos sin que se note demasiado.

 

Los ingresos tributarios nacionales, que habían crecido 38% anual nominal en el primer bimestre, en marzo se desaceleraron y dado que la inflación interanual llegó al máximo de los últimos 27 años, se habrían contraído 10-11% en términos reales (según el Presupuesto 2019, deberían crecer por encima de la inflación).

 

 

En tanto, el principal componente del gasto se habría acelerado. En enero y febrero los pagos de jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares (más del 40% del gasto total) aumentaron 29% anual, en línea con la movilidad con la que se indexan. Esto fue clave para que el gasto total aumentara sólo 40% anual. Pero en marzo las jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares habrían aumentado por movilidad 35,9% anual y, en el caso de la AUH, se dispuso un aumento que implica 77% anual. Todavía habría una reducción del gasto en términos reales (el poder adquisitivo de los haberes previsionales habría sido 11% inferior al de marzo de 2018), pero menor que en el primer bimestre.

 

El segundo gasto en importancia, los salarios (sumando “Transferencias a Universidades”, que son básicamente para salarios) tuvieron un aumento anual en el primer bimestre del 22%. Difícilmente allí podemos esperar una desaceleración y lo más probable es un aumento nominal mayor (aun cuando no implique una mejora del poder adquisitivo).

 

 

Los pagos de intereses podrían desacelerarse (en el primer bimestre aumentaron 137% anual), pero no mucho. Pare de los intereses correspondientes a marzo son en moneda extranjera, cuyo valor nominal más que se duplicó en los últimos 12 meses. Y la deuda en pesos tiene intereses que se ajustan por “Badlar privada” (casi se duplicó) o “Tasa de Política” (más que se duplicó).

 

Quedaría por esperar que los ingresos por “Rentas de la Propiedad” vengan nuevamente al rescate, con aumentos interanuales extraordinarios (+126% anual en el primer bimestre). Puede ser, pero no parece lógico. En marzo de 2018 se computaron en ese concepto (en forma inapropiada) $20.000 millones de disminución del capital del Banco Nación, con lo que esas rentas triplicaron el nivel que habían tenido en enero y febrero.

 

En 2019, las “Rentas de la Propiedad” habrían tenido como fuente principal los intereses ganados, cuya base –los depósitos a plazo fijo del sector público– se ha reducido fuertemente en los últimos meses (el promedio de marzo es 32% inferior al de noviembre). Aun si esas rentas mantuvieran en marzo un nivel similar al de enero y febrero, en la comparación interanual tendrían reducción nominal.

 

Todo parece indicar que Hacienda tendrá que afinar el lápiz para exhibir una reducción del déficit en marzo. Lo preocupante, por supuesto, no es marzo, sino la proyección a los meses siguientes. Sin reactivación productiva vigorosa –que no parece claro que se vaya a dar, en el actual contexto monetario y fiscal– la mejora de las cuentas fiscales se hace cuesta arriba.

 

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