Sistema financiero, inequidad y pobreza

19 de marzo, 2019

 

Por Pablo Mira Docente e Investigador de la FCE-UBA

 

Existe una correlación entre desarrollo financiero y económico, aunque la causalidad ha sido discutida. La teoría tradicional sugiere que el desarrollo financiero estimula el crecimiento económico porque mejora la eficiencia de la asignación de capital. Pero aun reconociendo este efecto, vale considerar si una parte de la sociedad se beneficia más que otra durante este proceso. Se ha argumentado que los grupos menos ricos de la sociedad se benefician más en las primeras etapas del desarrollo financiero gracias al surgimiento de bancos y otros mercados financieros que alivian las imperfecciones del mercado relacionados con los costos de transacción asociados con la falta de garantías e historial crediticio. Al eliminar estas restricciones crediticias, debería haber una reducción en la desigualdad de ingresos. Sin embargo, también hay indicios de que los sistemas financieros profundos y desarrollados se han asociado con un aumento en los ingresos y rentas principales del sector financiero.

 

El vínculo entre las finanzas y la desigualdad de ingresos puede ir en cualquier dirección. Una mayor financiación puede llevar a una mayor desigualdad de ingresos, pero una mayor desigualdad también puede fomentar el desarrollo de bancos y servicios financieros especializados. Recientemente tres economistas (Michael Brei, Giovanni Ferri y Leonardo Gambacorta) utilizaron una técnica especial para iluminar esta relación, distinguiendo entre el financiamiento bancario y el financiamiento de mercado moderno que no pasa por estas entidades. Encontraron que la mayor actividad bancaria y del financiamiento alternativo se traduce inicialmente en una menor desigualdad de ingresos. Sin embargo, este patrón se invierte más allá de un cierto umbral. Específicamente, el aumento subsiguiente en la desigualdad de ingresos es mucho más pronunciado en los sistemas financieros basados en el mercado. Esto sugiere que el desarrollo de los mercados financieros en las últimas décadas podría haber contribuido al aumento en la desigualdad de ingresos.

 

En Argentina, el rol del sistema financiero y su relación con la desigualdad y la pobreza son muy relevantes. Por un lado, el sistema financiero suele ser un sector privilegiado en cuanto a salarios promedio y capacidad de respuesta y supervivencia ante shocks macroeconómicos negativos. Pero la inequidad es pronunciada además por las insuficientes relaciones financieras de los más necesitados. El economista Ignacio Carballo, especialista en temas de inclusión financiera, realizó hace poco un trabajo junto a Diana Schvarztein, donde presentaron conclusiones de una Encuesta Multidimensional de Inclusión Financiera realizada en los Barrios 31 y 31 Bis.

 

El 56% de los adultos dijo utilizar algún tipo de instrumento financiero, pero solo el 22% declara tenerlo en una institución formal, usualmente bajo la forma de cuentas sueldo. Para peor, la mayoría de este último grupo (el 18%) no las utiliza en absoluto. Además, si bien la mitad de los adultos genera algún tipo de ahorro, solo el 9% de ellos lo hace en el sistema formal.

 

En una economía inestable como la nuestra, la informalidad financiera puede tener costos importantes para los segmentos más vulnerables. El ahorro en pesos es rápidamente desgastado por la inflación, lo que vuelve imposible crear objetivos concretos para invertir para el futuro. La insuficiencia de ahorros propios provoca además otro problema, que es que ante una situación de urgencia las familias deban endeudarse mediante mecanismos informales, financieramente mucho más costosos, y sin control legal alguno que salvaguarde los derechos de la parte más débil de la transacción.

 

A estos obstáculos que sufren determinados grupos, debe sumarse el rol de las crisis financieras y bancarias, que suelen producir fortísimas redistribuciones de ingresos, usualmente en favor de los que tienen mayor poder o capacidad de resguardo. Por eso, el desarrollo financiero sin una participación inteligente del Estado tiene riesgos. La regulación y el apoyo social desde las instituciones gubernamentales es esencial para evitar los impactos desigualadores que provocan los sistemas financieros sin control alguno.

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