¿Qué mundo encontrará el próximo Presidente?

19 de marzo, 2019

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Por Tomás Múgica Analista internacional

 

Comenzó 2019 y el horizonte electoral es, todavía, difuso. La posibilidad de reelección de Mauricio Macri (o la aparición de otro candidato del oficialismo, como María Eugenia Vidal); un potencial retorno de Cristina o la emergencia de una tercera vía –con nombres como Sergio Massa, Juan M. Urtubey o Roberto Lavagna– son algunos de los escenarios posibles. El resultado es incierto. El mundo que enfrentará el próximo presidente también lo es, aunque no tanto.

 

La política exterior resulta de una combinación de factores domésticos y externos. Las preferencias ideológicas del Ejecutivo[1], las limitaciones impuestas por las instituciones políticas internas -como el tamaño del contingente legislativo del presidente- y las pujas sectoriales incidirán sobre la política exterior del próximo Gobierno. También lo harán las restricciones -los límites- que presente el escenario internacional para nuestro país. Aquí señalamos cuatro de ellas.

 

En primer lugar, el próximo Gobierno se hará cargo de un país altamente dependiente del financiamiento externo, con los consecuentes condicionamientos a su autonomía en materia de política económica. La relación deuda/PIB alcanza ya el 77,4%, según un informe de la Cepal, en un escenario de recesión que limita la capacidad de repago por parte de Argentina. La cada vez más evidente necesidad de renegociar el acuerdo con el FMI obligará al próximo gobierno a conservar una cercanía con Estados Unidos, principal accionista del FMI, así como con los demás países occidentales que tienen influencia en el organismo. Entre un alineamiento con gestos de sobreactuación (que este gobierno parece llevar adelante) y una relación madura existe una variedad de matices; lo que habrá que evitar es la confrontación ideológica y los excesos retóricos, a los que nos acostumbró Cristina, especialmente durante su segundo mandato.

 

Segundo, en el terreno regional, quien se haga cargo del poder tendrá que lidiar con un Brasil políticamente inestable y con un crecimiento económico modesto (2% para 2019, según el FMI). Tras la asunción de Jair Bolsonaro, el principal socio económico y político de nuestro país –con el cual está pendiente una reconfiguración del Mercosur- no muestra un rumbo claro en su política exterior. Las incipientes divisiones internas de su gobierno –reflejadas en marchas y contramarchas sobre temas importantes, como la relación con China o la instalación de bases militares norteamericanas- sumadas a la fragmentación partidaria, marcan límites a su capacidad de reforma interna y su activismo externo. De mantenerse estas condiciones, el logro de acuerdos amplios y duraderos con Brasil será más dificultoso para nuestro país. El resto de la región también presenta desafíos: con o sin Nicolás Maduro, la crisis de Venezuela continuará y necesitará de un involucramiento activo por parte de nuestro país y de otros países latinoamericanos. Ello es importante si se quiere contribuir a una salida pacífica y democrática; contrapesar la intervención de potencias extra regionales, como Estados Unidos, China y Rusia; y contribuir a resolver aspectos puntuales del proceso venezolano que impactan sobre sus vecinos, como la emigración masiva. En un plano más general, el próximo Gobierno de Argentina deberá contribuir a recrear instancias de concertación política e integración económica que trasciendan el Mercosur. Allí, el vaciamiento de Unasur deja un espacio vacante, en el que habrá que construir una alternativa.

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Tercero, se consolida la tendencia hacia una redistribución del poder en el sistema internacional. A pesar de la desaceleración de la economía china, el ascenso de Asia –en el que sobresalen China e India- y del resto del mundo emergente es un dato incontrastable del sistema internacional contemporáneo; mientras, Occidente pierde peso relativo, aun cuando Estados Unidos continúa siendo la primera potencia económica y militar global y aun ostenta la vanguardia tecnológica. Ello supone la necesidad de diversificar los vínculos externos: en su búsqueda de desarrollo económico y autonomía política, Argentina necesita construir vínculos sólidos con la mayor cantidad posible de países, más allá de las afinidades ideológicas o la cercanía cultural.

 

Cuarto, aunque el Gobierno de Cambiemos ha sostenido una mirada optimista de la globalización, estamos ante un mundo más proteccionista en el cual el nacionalismo económico ha recuperado terreno, de la mano de la revuelta antiglobalista con epicentro en el Occidente desarrollado y del intento norteamericano de mantener su posición relativa en el sistema internacional ante el ascenso chino. La llamada guerra comercial entre Estados Unidos y China, desatada por las políticas del gobierno de Donald Trump, es el nuevo y más destacado episodio de ese cambio de tendencia.

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Más allá de las restricciones que este contexto pueda imponer, sin embargo, la apertura de nuevos mercados y la mejora del acceso a los existentes deberá ser una prioridad para quien llegue –o permanezca- en el poder. Incrementar las exportaciones –que hoy representan apenas el 15% del PIB– es indispensable para hacer frente a la recurrente restricción externa de nuestro país. Países como Vietnam, Indonesia o Angola deberán estar en el radar del próximo presidente. También deberá ser prioridad la expansión de las exportaciones de mayor valor agregado: el acuerdo con Colombia para exportar automóviles, las tratativas para vender aviones Pampa en el exterior o la continua presencia de Invap en el mercado internacional constituyen pasos en el camino indicado.

 

Ciertamente la política exterior no es un tema popular en una campaña presidencial. Para la mayoría de los votantes y los dirigentes, los temas internacionales continúan siendo algo lejanos. La adecuada comprensión del escenario mundial, sin embargo, es de vital importancia para un país del poder relativo de Argentina, cuya autonomía se ve fuertemente condicionada por factores externos. Esos límites existen y operan sobre la capacidad de los gobiernos electos por el voto popular para tomar decisiones, realizar un esfuerzo por entenderlos y lidiar con ellos contribuye a expandir el horizonte de nuestra democracia.

 

[1] Merke, Reynoso y Schenoni (2020) “Foreign Policy Change in Latin America: Exploring a Middle Range Concept”, Latin American Research Review, forthcoming, pp.1-33.

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