MMT, Argentina y las jubilaciones de 50 palos

13 de marzo, 2019

El BCRA está quebrado dólar

Por Agustín Mario Universidad Nacional de Moreno

 

El pasado 11 de marzo se publicó una columna en El Economista titulada: “El debate de moda sobre la MMT”. Discutiendo la viabilidad de MMT en Argentina, se plantea un caso (ciertamente hipotético) en el que “un MMT extremo en el Gobierno decidiera pagar de un día para el otro jubilaciones de $50 millones mensuales imprimiendo pesos”. Así, se concluye que esta política generaría una masiva compra de dólares de los jubilados y, con ella, “devaluaciones brutales de la moneda y alta inflación”.

 

Si bien MMT no nació hace más de 50 años como se afirma en la columna, se nutre de tradiciones teóricas incluso previas a la Teoría General, especialmente el cartalismo de Georg F. Knapp. No obstante, las implicancias de la mirada cartalista del dinero permanecieron inexploradas hasta mediados de los ‘90 con la publicación que dio origen a MMT: “Soft Currency Economics” de Warren Mosler.

 

A riesgo de equivocarme (ya que, a pesar de ser un estudioso de la temática, pude haberlo pasado por alto), en ninguna parte de la vasta literatura académica de MMT pude encontrar la propuesta del “MMT extremo” al que hace referencia el autor (ni nada que se le parezca). Parece (al menos) injusto tergiversar las recomendaciones de política de MMT y basar su crítica en una propuesta que nunca hizo.

 

De hecho, la principal propuesta de política de MMT es una garantía federal de empleo (Job Guarantee o JG). Bajo un JG, el gobierno anunciaría el salario del programa y contrataría a todas aquellas personas dispuestas a trabajar a cambio de dicho salario (eliminando, por definición, el desempleo involuntario). Quedan claras, a esta altura, diferencias esenciales con la jubilación de $50 millones: los trabajadores deben, al menos, vender su tiempo al gobierno, y el gasto no es “infinito” (cuando se presenta el último trabajador no sigue aumentando).

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Dos interrogantes suelen “escandalizar” a los economistas ante esta propuesta. Por un lado, ¿cómo se financiaría? Y, por el otro, ¿no generaría inflación? Para abordar la cuestión del financiamiento es importante comprender que el peso es definido por el Estado argentino como aquello que es aceptable para pagar impuestos, un crédito fiscal.

 

En tanto emisor monopólico, el Estado puede comprar todo aquello a la venta en pesos (incluyendo a los desempleados, por definición, a la venta en pesos): no tiene restricciones financieras, por más “temerario” o “chocante” que resulte. Al no tener el Estado restricciones financieras en pesos (y como se desprende el enfoque de las finanzas funcionales expuesto por Abba Lerner a mediados de los ‘40), las opciones de política (incluyendo la monetaria) deben ser evaluadas sobre la base de sus efectos económicos en función de determinados objetivos, y no por incrementar (o disminuir) el déficit.

 

Aunque hay excepciones, la preocupación por el financiamiento no implica que se considere que el gobierno no pueda -operacionalmente- pagar el JG. Más bien, parece asociarse con los efectos que se atribuyen a los déficits fiscales y el endeudamiento público sobre el nivel de precios. Por un lado, los economistas (por ejemplo, Paul Krugman) suelen expresar su preocupación en caso de que la tasa de interés no sea lo suficientemente baja para evitar una trayectoria explosiva de la deuda pública. Pero, por otro lado, si la tasa de interés no es lo suficientemente alta, suele afirmarse que el JG podría generar presiones inflacionarias.

 

Es preciso tener en cuenta que el gobierno puede elegir la tasa de interés que paga por los bonos que ofrece, siempre que estén denominados en pesos. Si desea evitar un ratio de deuda que evidencie una trayectoria explosiva, todo lo que debe hacer es pagar una tasa de interés que se encuentre por debajo de la tasa de crecimiento económico. Así, la deuda sería “sostenible” aún en los términos planteados por el mainstream.

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Pero, incluso si decidiera pagar una tasa de interés superior a la tasa de crecimiento, ¿implica esto que el gobierno no va a poder pagar un vencimiento de deuda en pesos? Obviamente, no: no hay un límite técnico u operacional para acreditar cuentas bancarias. Si el gobierno decidiera pagar una tasa lo suficientemente baja –o, en el extremo, si decidiera no ofrecer bonos o, lo que lo mismo, elegir una tasa de interés nula-, podrían aparecer presiones inflacionarias (o deflacionarias a través del canal de ingreso por intereses que desaparecerían).

 

Por último, una crítica central a la viabilidad de aplicar un JG en Argentina es que este implicaría colisionar contra los límites impuestos por la restricción externa. Es ciertamente posible que implementar un JG genere presiones sobre el tipo de cambio. Por supuesto, el aumento del precio del dólar podría redundar en presiones sobre el conjunto de los precios. Sin embargo, a diferencia de las políticas “keynesianas” tradicionales de manejo de la demanda agregada, el JG cuenta con un mecanismo de control de la inflación: el gobierno puede influir sobre el tamaño del pool de JG y, de ese modo, combatir la aceleración de la inflación. Quizás no sea posible importar todo lo que se desee y quizás esto afecte el nivel de actividad, pero a diferencia de la situación actual, el pleno empleo se mantendría permanentemente (a través de cambios en la composición del empleo). El desempleo (y la pobreza) ya no podrían usarse como herramienta para controlar la inflación.

 

 

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