La política económica está bajo un problema “catch-22”

21 de marzo, 2019

Sandleris

 

Por Guido Lorenzo LCG

 

La macroeconomía de los próximos años deberá seguramente operar con un nivel de tipo de cambio sensiblemente más alto que el actual. En primer lugar, para compensar el crecimiento del gasto del Estado que se orienta a bienes y servicios no transables. En segundo lugar, o como la otra cara de la misma moneda, para compensar la carga tributaria acorde a ese gasto.

 

La opción de disminuir el peso del gasto público en la economía es muy difícil en un contexto de austeridad ya planeada ex ante por el sector privado. Por lo tanto, lo más viable es que sea el tipo de cambio la válvula de escape para corregir y revertir los déficits gemelos.

 

Claro que de fondo hay un problema de crecimiento en Argentina: la escasa mejora de la productividad relativa a otros países. Podríamos pensar que las alternativas para mejorar este aspecto sean transferir actividades actualmente en manos del Estado al sector privado o bien mejorar la productividad del sector público. Posiblemente, sea un mix de ambas. Como sea, cualquiera de estas vías llevará tiempo y el financiamiento externo se agotaría antes que se produzcan esas reformas.

 

Quizás el problema que está atravesando la política económica se centra aquí: lograr en forma ordenada la transición a ese tipo de cambio más elevado. Los mecanismos implícitos y explícitos de indexación tornan difícil hacer este ajuste de precios relativos. El riesgo latente de intentar llevar el tipo de cambio a un nivel más elevado en una economía donde todos los precios se mueven a la par del tipo de él podría derivar en una inflación alta, incluso más que la actual.

 

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De hecho, la complicación actual es más grave. Por un lado, la macroeconomía necesita ese tipo de cambio más alto, pero para mantener baja la inflación necesitamos que el dólar no se mueva mucho. Esta especie de contradicción lógica al estilo de un catch-22 debe resolverse lo antes posible para no seguir escondiendo sobre la superficie los problemas estructurales.

 

Una alternativa era lograr un ancla nominal en algún otro lugar de la economía que no fuera el tipo de cambio nominal. Aquí se ha probado con el Inflation Targeting (IT) y con la actual regla de crecimiento de base monetaria cero.

 

La primera fracasó debido a condiciones del entorno que no eran las adecuadas para emprender ese camino y a la agresividad de las metas de inflación que no sirvieron para alinear expectativas de precios. La regla se terminó convirtiendo en un target para controlar el tipo de cambio nominal y cuando no alcanzó la tasa se recurrió a la intervención directa, haciendo que el BCRA pierda miles de millones de dólares para sostener una paridad con el dólar que no era adecuada dado el resto del vector de precios y cantidades de la economía.

 

La segunda está fracasando en nuestras caras. Nuevamente se ha transformado el régimen de crecimiento de base monetaria cero en un programa de control del tipo de cambio con un atraso mantenido con tasas de interés reales inviables para el resto de los mercados. Desde luego que cuando el dólar se calma, la percepción que el BCRA le ganó la pulseada al mercado se agranda. Pero es sólo eso, una percepción.

 

El régimen actual debería haber sido lo suficientemente sencillo de comunicar para que sirva de guía para las expectativas de inflación. Todo lo contrario: tenemos ahora un programa donde se discute el grado de ‘sobrecumplimiento’ haciendo que las tasas de interés sean las necesarias para controlar el tipo de cambio. Nuevamente parece que hemos caído en la trampa: mientras se intenta apagar el incendio del tipo de cambio buscando un nivel más alto, la inflación se actualiza con la depreciación del peso del año pasado y las expectativas de mayores aumentos de precios a los esperados.

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Una de las formas de salir de este embrollo es ir a un esquema completamente rígido, algo que ya hemos probado hace casi 30 años y terminó muy mal. Alguno podría querer volver a explorar este camino, en mi opinión no es el adecuado.

 

Sin embargo, creemos que la alternativa de retomar el IT con metas realistas de inflación podría ser un sendero acertado si se lo complementa con una cuenta financiera con controles y marcos regulatorios adecuados. De esa manera, se podría desanclar el tipo de cambio al resto de los precios de los bienes y servicios, permitir que el tipo de cambio sea la variable de ajuste como lo ha sido habitualmente en las transiciones de regímenes, pero al mismo tiempo evitar el riesgo de una espiralización inflacionaria.

 

El tipo de cambio no puede tener dos roles al mismo tiempo: ser ancla para inflación y ser la herramienta con la que se ordenen las decisiones de consumo y ahorro del país. La primera debe ser sustituida por un buen uso del IT complementado con regulación para guiar las expectativas de inflación mientras el tipo de cambio encuentra un nuevo nivel.

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