La gestión de proyectos y los candidatos

13 de marzo, 2019

Por Gabriel Romano Director de la Especialización en Gestión de Proyectos de la Universidad del CEMA.

 

Históricamente, en cualquier país del mundo durante un año electoral cobran especial importancia las obras de infraestructura realizadas por el Gobierno que desea mantener su gestión. Por otro lado, quienes intentan ganar las elecciones desde afuera prometen una serie de iniciativas que supuestamente permitirían mejorar la situación del país.

 

El problema con esta dinámica es que la mayoría de la población ya descree de ella, lo primero que piensa cualquier ciudadano con un nivel medio de instrucción es que las obras realizadas se encuentran sesgadas por un halo de ineficiencia y/o que carecen de un foco estratégico. Es decir que, con el apuro de cortar cintas antes de las elecciones, se realizan muchas obras juntas sin demasiado seguimiento y sin tener una razón de ser alineada a una estrategia a mediano o largo plazo.

 

Respecto a las promesas electorales de los nuevos candidatos, los electores sienten que no se sostendrán en el tiempo. Lamentablemente, la Historia muestra que muchas veces han tenido razón quienes piensan así.

 

Un mandatario del nivel para el cual son seleccionados mediante un proceso electoral podría ser considerado, a grandes rasgos, como un director de portfolio. Una definición simple de portfolio es una sumatoria de proyectos que se realizan coordinadamente con fines estratégicos. Un proyecto es un esfuerzo temporal (tiene inicio y fin) que se ejecuta para lograr determinado objetivo.

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Las buenas prácticas definen que el éxito de cualquier proyecto se mide por seis variables.

 

1 . Si se cumplió con las fechas previstas.

2 . Si se cumplió con los costos previstos.

3. Si se alcanzó lo prometido.

4. Si se mantuvieron niveles de calidad aceptables en los resultados y el proceso.

5. Si se gestionaron adecuadamente los riesgos y oportunidades derivados de su ejecución.

6. Por último, si el cliente (ciudadano) se encuentra satisfecho con los resultados.

 

La evolución tecnológica presenta un escenario donde toda gestión busca ser digital, no parece demasiado utópico pensar en mecanismos que permitan a los candidatos presentar cuáles son los proyectos que proponen, detallando al menos las tres primeras variables enunciadas: tiempo, costo y alcance. El equipo que gane las elecciones podría registrar luego los grados de evolución en las mismas y también actualizaciones respecto a motivos de desvíos.

 

Esto generaría consistencia en las propuestas a lo largo del tiempo, visibilidad para el contribuyente y crearía una base de conocimiento compartido respecto a iniciativas de gestión pública y resultados obtenidos.

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Ya sea a través de una aplicación o de cualquier otro medio el objetivo principal es dar visibilidad al ciudadano respecto al grado de cumplimiento de las promesas electorales, el nivel de eficiencia en el manejo de los fondos y cómo los proyectos contribuyen a una estrategia integral.

 

Muchos políticos piensan que algo así aumentaría su nivel de riesgo ya que es sumamente difícil gestionar en el esquema público. Por ende, quedarían expuestos en su imposibilidad para lograr que los hechos ocurran. Partiendo de que el estatus quo evidencia que la población descree de la mayoría de sus promesas y duda de muchos de sus logros, parecería que cualquier iniciativa que aumente la visibilidad de la ciudadanía al respecto es solo ganancia.

 

Ese enfoque de gestión requiere de perfiles con conocimiento en la dinámica de proyectos. El Gobierno ha venido incorporando sostenidamente este tipo de profesionales durante los últimos 7-8 años principalmente por la figura de organismos multilaterales como el BID, el BM y otros que requieren realizar una planificación y seguimiento profesionalizados de los proyectos que financian. Ahora el desafío y la oportunidad es transformar ese enfoque en política de Estado.

 

Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.

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