El Gobierno y un discurso homogéneo

21 de marzo, 2019

 

Por Juan Radonjic

 

A pocos meses de las elecciones, el discurso oficial del Gobierno es homogéneo. En un lapso de tres días, el Presidente, el jefe de Gabinete y el ministro de Hacienda dijeron esencialmente lo mismo. Y no se trata sólo de una estrategia para mostrar coherencia en la comunicación sino que denota convencimiento en el camino económico y en la estrategia electoral que están siguiendo.

 

Ayer fue el turno de Nicolás Dujovne, que también salió a cuestionar a Roberto Lavagna desafiando al que se considera su mayor activo porque insistió en que no fue un buen ministro de Economía, como la mayoría de la gente cree. La preocupación del Gobierno con Lavagna surge a partir de que supone que sería el único candidato de la oposición que podría resultar atractivo para esa categoría de votantes definida como “los desencantados de Cambiemos”.

 

Luego, todos hablaron del ordenamiento de la economía y las obras de infraestructura. Con esas definiciones se buscan dos efectos: mostrar que las obras de infraestructura mejoran la calidad de vida de la gente más allá de una caída circunstancial de los ingresos y también contribuyen a recrear expectativas de cara a las elecciones dando a entender que en el primer mandato se ordenó la economía y que se la colocó en una plataforma de despegue para el segundo.

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Siguiendo con la línea inaugurada por el presidente Macri en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, en el Gobierno insisten en señalar que en las próximas elecciones se discutirá un modelo de país para los próximos años, más allá de las dificultades del presente.

 

Pero la coyuntura pesa y el nuevo discurso oficial apunta a reconocer que hay muchos argentinos la están pasando mal. Dujovne señala que la actividad está empezando a recuperarse, pero pone menos énfasis en ese tema porque sabe que, si efectivamente ocurre, no alcanzará a ser percibido por la sociedad antes de las elecciones. Por otra parte, se insiste en deslindar responsabilidades por la caída de la actividad durante al año pasado que se le atribuye a la sequía, la crisis de los emergentes y la causa de los cuadernos.

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La apuesta más concreta y alcanzable es una mejora de los ingresos a partir de las adecuaciones salariales que se concretarán en los próximos meses y, sobre todo, una caída de tasa de inflación a partir de mayo cuando ya no haya aumentos de tarifas y la oferta de dólares calme la demanda de cobertura. En esa línea de razonamiento, en los meses previos a las elecciones convivirán salarios en alza con precios más estables.

 

Pero la tendencia negativa que se observa en los últimos meses (y en marzo, lamentablemente, también), sumado a que no hay una sola iniciativa destinada a atacar la inercia inflacionaria, ponen en dudas la posibilidad de que se concrete el pronóstico oficial. Pero las líneas del discurso están marcadas y nadie se apartará de ellas. ¿Alcanzará para la reelección? Eso se verá más adelante.

 

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