Después del Carnaval

22 de marzo, 2019

gobierno elecciones urnas La Pampa que preocupaba al Gobierno. Según otro estudio, de la UTDT, el Gobierno tuvo un leve repunte en términos de confianza

 

Por Carlos Leyba

 

La inflación no se desaceleró y los números de marzo no representarán una mejora. La inflación no “está bajando”, como afirmó el Presidente. Gobernar con la verdad habría sido reconocer que la inflación anual no ha dejado de subir desde julio de 2017.

 

El PRO puede decir que ha intentado casi todo lo que concibe como “razonable”, a pesar de sus brutales consecuencias sociales y productivas. Puede decir, la moneda está congelada, el crédito está desahuciado y, sin embargo, los precios no dejan de subir. Si los precios no dejan de crecer, la contracción económica continuará torturada por la tasa de interés y el retraso cambiario.

 

¿La recesión es una consecuencia no deseada? El gobierno no hace nada por evitarla o morigerarla, ¿entonces es que la desea? ¿Acaso el “fuego purificador” es una herramienta de política económica?

 

Para el PRO, la ansiedad ciudadana por resultados “nubla el entendimiento” y por eso, sostienen, 70% de la población no cree en lo que no ve. El PRO sí cree. Lord J. M. Keynes anticipó que “a largo plazo todos estaremos muertos”. El Gobierno cree que cuando la liquidación de todos los stocks baje el nivel de los precios y la producción se paralice, entonces, la inflación habrá sido derrotada. Puede ser. Pero ya no habrá mercado que la disfrute. Todos muertos.

 

Es cierto, con precios consistentemente a la baja, en algún punto, la economía toca fondo. Pero si, con esta política, los precios siguen su actual marcha, el aparato económico se paraliza o se desorganiza; y lo que toca fondo es la tolerancia social. Nadie desea eso.

 

¿Cuándo se decretará el fracaso de la estrategia monetaria excluyente para derrotar la inflación? ¿Acaso el hecho que la producción se desplome, y que los recursos ociosos ahoguen las expectativas, no es un formidable fracaso?

 

De tanto ajustar, se zafó la rosca y el esfuerzo es inútil: la estrategia del ajuste llega un punto en que gira en falso. Ahí estamos ahora. El ajuste griego demandó 11 años. ¿Nos vemos en 2030?

 

La política PRO no solo no exhibe resultados, sino que, hasta ahora, acrecienta la inflación.

 

El Gobierno informa la verdad, bien por ello. Pero patina en las interpretaciones.

 

El kirchnerismo mentía salvajemente y conducía una irracional economía inflacionaria y además destruía la información para que no pudiera ser reconstruida la verdad. Nunca había predominado tal grado de enfermedad en la cosa pública. Fue un verdadero “1984”, con su propio Ministerio de la Verdad.

 

Este Gobierno no miente. Pero ahoga los hechos con el optimismo infantil de las interpretaciones falaciosas. Esta gestión hace 19 meses que es gestión “inflacionaria” sin reconocerlo. Desde hace 19 meses la tasa anual de inflación sube.

 

Algo está muy mal para continuar en el error (inflación creciente) con costos monumentales a corto plazo (recesión y desempleo) y a mediano y largo plazo (endeudamiento externo para gastos corrientes). No saben (diagnóstico y prescripción) o elaboran mal las medidas. Mala concepción y mala praxis. Un combo difícil.

 

Desde que asumió Mauricio Macri hubo varias reconvenciones, pero sólo las muy primitivas, por ejemplo, fulano tiene la culpa… Cambiando las personas no se evitan los errores, si la concepción y el camino nos llevan de mal en peor.

 

La incomodidad por el fracaso los llevó a echar a los más díscolos. En diciembre de 2016 Alfonso Prat-Gay fue despedido sin contemplaciones. Prat-Gay cargó con la responsabilidad de una inflación superior a la del kirchnerismo. La primera tasa anual de inflación de Macri fue 36% (medición del BCRA). El Indec estimó el crecimiento de los precios implícitos en 40,9%.

 

Prat-Gay supuso que la liberación del cepo no influiría sobre los precios. Error 1: la devaluación impactó brutalmente en los precios. En segundo lugar, Alfonso supuso que eliminar gran parte de las retenciones no tendría efectos en los precios. Error 2: salvo la soja, que no comemos, la quita de retenciones puso máquina a los precios de la producción primaria y sus elaborados. En tercer lugar, creyó que el pago de la demencial ganancia especulativa del dólar futuro no tendría efectos monetarios: se emitieron contra nada $55.000 millones de valor 2015. Error 3: la emisión “contra nada” provocó el alza de las tasas de interés y el comienzo de la bola de nieve de las Lebac.

 

Esta “emergencia financiera” y la lógica de las Lebac instalaron la “bicicleta”. Entran dólares se convierten en pesos, los pesos se ponen en Lebac a tasas que son más altas que la tasa de devaluación “programada”. Se genera una ganancia especulativa extraordinaria que se materializa cuando los pesos con los intereses ganados, huyen antes que el dólar escape.

 

Los especuladores tenían el mismo objetivo de estabilización o retraso cambiario que el Presidente del BCRA. Sí.

 

Para el PRO, “el tipo de cambio” inmóvil es tanto “un ancla para la inflación”, como un fundamento de prestigio político en la clase media amante del dólar barato. El tipo de cambio anclado, para el PRO, tiene el doble mérito de contener la inflación y mejorar la imagen electoral de Mauricio. Una creencia que no se pudo verificar la inflación sube y Macri cae.

 

Federico Sturzenegger quemó casi US$ 20.000 millones (con US$ 6.000 millones se construye el tren Ave en el desierto árabe, y con los restantes US$ 14.000 millones se concretan todas las inversiones imaginables de Vaca Muerta) para mantener la cotización estable, mientras los dueños de los pesos del pedal salían del país con una mega ganancia extraordinaria.

 

El cántaro, se rompió y el dólar duplicó su valor.

 

Los especuladores se la llevaron, la inflación sufrió el impacto y la imagen de Mauricio se fue a pique. Junio de 2018 despidió a los inexpertos que habían copado el BCRA. En ese mes la tasa de inflación volvió al nivel de 29%. Todo mal.

 

Volvimos al FMI por más agua sin metas de inflación. Ahora, como recuerda un industrial argentino de primer nivel, se mantiene la política de reducir la cantidad real de dinero. Emisión cero. Y absorber generando instrumentos (Leliq) que transmiten altas tasas de interés por encima de la inflación presente y de cualquier pronóstico de inflación y por encima de cualquier estimación de incremento en la cotización del dólar. Tasas de interés “machas”.

 

La cantidad de dinero ofrecida por el BCRA, multiplicada por la velocidad de circulación, y dividida por el nivel de precios, nos remite al nivel de transacciones posibles en la economía real. Los precios, la inflación, se resisten a esa doble sequía monetaria por diversas razones.

 

Entre ellas se cuentan los increíbles aumentos tarifarios motivados, entre otras cosas, por su absurda dolarización; la indexación de los salarios y de las prestaciones sociales; la deriva de las previas devaluaciones; el incremento de costos que implican las salvajes tasas de interés, más la ecuación micro que hace que las empresas retrocedan hacia mayores costos como consecuencia de la disminución de la actividad. Y a todo eso hay que sumarle las expectativas y la incertidumbre que nos carcome, en una economía en la que, día a día, crece el empleo en actividades de bajísima productividad o el desempleo encubierto o el ejército de planes y, al mismo tiempo y a mayor velocidad, se reduce el empleo de mayor productividad.

 

Las medidas fracasadas contra la inflación habrán logrado meternos en el túnel de una híperrecesión. Cuidado. No estamos en 2001-2002. Pero no contamos, tampoco, con las condiciones de ese momento de crisis.

 

La mayor parte de los pobres no son nuevos: están allí hace 20 años. El gasto público, en gran medida para paliar la crisis, ha crecido hasta 40% de un PBI que está estancado hace 10 años. Y las materias primas que vendemos no avizoran un escenario como el del 2002. Olvídelo. Tampoco, esta crisis, hereda un default. Tenemos la necesidad de evitarlo.

 

Los ganadores, que aplauden, insisten en mantener el rumbo: son los especuladores (hasta el pánico) y los votantes de Macri que creen que la calma cambiaria es una señal de que todo lo demás vendrá por añadidura.

 

Los perdedores, los exportadores que sufren por el tipo de cambio real menos retenciones e impuestos no devueltos; los consumidores, con una tasa de inflación que erosiona todos los ingresos fijos y los inversores que sin crédito no encuentran proyecto que tenga sentido. Y por supuesto los sectores medios que viven un proceso de encogimiento. Y los pobres –30% de los argentinos – a los que les puede llegar la fatiga de la resignación. ¿Nos espera un tiempo escatológico?

 

A la inflación “que no era un problema” la han salido a cazar con armas prehistóricas. Está en una tasa anual que, si se repitiera mes a mes el 3,8% de febrero, dentro de un año sería 56%.

 

Desde el piso anual de julio de 2017 (21,6%) la tasa de inflación ha seguido una línea ascendente y sin respiro. En julio de 2018 la tasa anual fue de 31,2%. Desde julio de 2018 la inflación se empinó mes a mes y ha alcanzado, en febrero de 2019, el imponente ritmo inflacionario de 51,3% en el año transcurrido. Pero al ritmo actual, en doce meses, la inflación será de 56%.

 

¿Qué podría garantizar, con estos candidatos y en este clima, que a partir de mayo la inflación será derrotada? Cristina provocaría, con su sola presencia, una estampida. Y si Macri gana después de una estampida, ¿repetirá la misma receta que nos hunde a todos?

 

Macri y Cristina, a su manera, multiplican el problema.

 

El principio de solución es diagnosticar correctamente y encontrar candidatos, en el PRO y en la oposición, que quieran soldar la grieta para que no se convierta en un precipicio en el que nos hundamos todos.

 

Por ahora, MM y CFK espantan la solución y nadie, con solvencia, se asoma para desplazar los espacios ocupados por estos autores del fracaso y procurar la “solucionática”, como diría Eric Calcagno, es un valor ausente. Falta muy poco y lo que tiene que ocurrir es casi un milagro. No es imposible. Después del Carnaval, entonces, a rezar.

 

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