De Riz: “Existe un sector de la sociedad que ya no compra utopías regresivas”

22 de marzo, 2019

Entrevista a Liliana De Riz Socióloga Por Néstor Leone 

 

Doctora en Sociología por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de la Universidad de París, Liliana de Riz es una especie de clásico del pensamiento político argentino. Docente, investigadora en sistemas partidarios y autora de varios libros que trascendieron los claustros, analiza en esta entrevista con El Economista el escenario político argentino y la situación particular de Cambiemos. “El Gobierno corre el velo de lo que fue puesto bajo la alfombra”, sostiene entre los aspectos que reivindica. “Creyó estar más preparado para gobernar de lo que está demostrando”, agrega entre los déficits.

 

Participó en una reunión de intelectuales con funcionarios del Gobierno. ¿Cómo podría sintetizar el encuentro?

Primero, si voy a una reunión de ese tipo, no es para contar luego lo que pasó. Segundo, lo que yo pienso es independiente de que me hayan invitado. Digo sí que fue un encuentro interno de tres fundaciones. Entre ellas, la Fundación Alem, a la que pertenezco. Hubo un intercambio de pensamientos frente a una coyuntura crítica, con indicadores económicos muy alarmantes y donde pudimos, con toda franqueza, enumerar las luces y las sombras de este Gobierno. Con preocupación doble. Porque además de este contexto, no vemos una fuerza política alternativa capaz de resolver, con eficacia, eficiencia y transparencia, los problemas que este Gobierno no ha resuelto. Veo una profunda crisis del peronismo y no observo una figura que lo unifique, con el enorme peso que aún tiene la expresidenta. Ese panorama tan crítico no me avizora un futuro de alternancia “a la chilena”, donde cambian los gobiernos pero no el rumbo.

 

Este es un contexto inédito, de enorme incertidumbre económica y política. Cualquier resultado puede ser posible.

 

¿Son escuchados por el Gobierno? ¿Se convierten en interlocutores?

No soy consultora del Gobierno, ni tengo cargo. Mi único papel es seguir pensando, hasta que pueda, y seguir diciendo lo que creo que hay que decir, sin ninguna línea que limite las opiniones que tengo. El Gobierno convocó a un grupo heterogéneo y abierto que dijo lo que pensaba para construir un país distinto del pasado. No sé qué harán con ese insumo los que deben pensar la política pública.

 

Al Gobierno le cuesta establecer puentes con el mundo de la cultura. Ya sucedía a comienzos de la gestión. Y parece haberse profundizado con el tiempo. Los intelectuales parecen no sentirse interpelados. Los intelectuales críticos nunca asumen el punto de vista del Gobierno. Siempre repito una pregunta que se hacía Raymond Aron: si fuese gobierno, ¿qué haría?

Porque la palestra para decir cosas genéricas sobre el bienestar es maravillosa. Pero gobernar en el mundo en el que vivimos hoy, de restricciones globales y nacionales, supone creatividad y saber aceptar que esas restricciones no permiten hacer lo maravilloso, sino lo posible. La idea genérica de una voz crítica abstracta es sumamente tentadora. Pero esto no es Francia. Seamos modestos. Algunos intelectuales críticos tienen algunas ideas interesantes y otra gente está muy confundida.

Te puede interesar:  La suba del dólar complicará la desinflación antes de las elecciones

 

Existe una fuerte impronta en el Gobierno del mundo empresario, de gerentes pragmáticos, que parece alejados del mundo de las ideas. ¿Comparte?

Es una lectura posible. Pero no la comparto. El PRO, que es el que gobierna, es un partido del siglo XXI en el siglo XXI. Para las viejas ideas es bastante difícil entender cómo procede. Pero tampoco es claro que sea un partido de los empresarios. Se usan muchas etiquetas: “partido de los ricos”, “partidos de los CEOs”… Creo, más bien, que hay un grupo de gente que trata de buscar un rumbo y que creyó estar más preparado para gobernar de lo que demostró, con cierta ingenuidad respecto de los desafíos que había que enfrentar y sobre los adversarios con los que había que acordar. No imaginaron la tarea compleja que hoy tienen. Como ciudadana votante de Cambiemos, me preocupa lo que le pase al Gobierno, pero me preocupa también que no haya una coalición alternativa que logre darle a esta sociedad respuestas mejores para un problema compartido. Esta sociedad, para no repetir sus problemas cíclicos, debe cambiar.

 

¿Por ejemplo?

Debe hacer un conjunto de reformas dolorosas que beneficiarían a muchos que no lo perciben y perjudicarían a pocos que tienen mucho poder para bloquearlas. Nadie quiere hablar de reformas. Ni la laboral, ni la impositiva, ni la previsional, ni la política. Ni la reestructuración de un Estado desmantelado. ¿Cómo puede ser posible que no se anote en el balance de luces y sombras, el hecho de que por fin tenemos una Ley de Acceso a la Información Pública, cajoneada durante más de una década? ¿O que no pueda salir todavía una ley de Extinción de Dominio? No hay que olvidarse que éste es un gobierno de minoría en el Congreso. Es mucho más fácil gobernar con mayorías y con un viento de cola. El Gobierno no tuvo esas dos condiciones. Por eso es importante tener un Presidente que recorra el mundo como lo hace y que habla en un idioma que afuera comprenden. Con todas las dificultades del caso, esto ha sido una novedad. Celebro esa apertura y que hoy se respire ese aire fresco, luego de años de crispación de un gobierno autoritario.

 

Respecto de la crispación y de ciertos aspectos institucionales, ¿cree que se ha avanzado realmente?

Por caso, la guerra al interior de los servicios de inteligencia, las denuncias contra el fiscal Carlos Stornelli, la respuestas del Gobierno Ramos Padilla, la difusión de escuchas ilegales, ciertos discursos confrontativos… Creo que se ha avanzado. Los cuadernos muestran esa trama de corrupción en una década desperdiciada, despilfarrada. Eso lo tengo claro, más allá de la resistencia a ver las cosas en este país. O la tendencia a decir que es mejor eso que la crisis que tenemos.

Te puede interesar:  Vidal lanzó medidas y extendió emergencias

 

En términos económicos, parecen haberse agravado algunos problemas preexistentes y haber surgido otros. El endeudamiento, por caso, ya es una preocupación mayúscula.

Por supuesto. Pero lo venía siendo. El endeudamiento interno con ANSES, cuando no teníamos mercados de capitales para endeudarnos afuera, fue muy brutal. Durante los dos primeros años, en vez de endeudarnos adentro, nos endeudamos afuera para financiar el no recorte, el aumento de la política social, a pesar de que dicen que es un gobierno de ricos… El Gobierno cayó en la misma trampa que el kirchnerismo. Cuando eso se corta, porque ya no hay financiamiento ni adentro ni afuera, hay que hacer frente a la verdad: que no podemos gastar más de lo que generamos. ¿Encontraremos una oposición responsable para acordar cómo salimos de ese patrón proteccionista que no podemos sustentar? Es un dilema compartido. No estoy con esto justificando, de ninguna manera, errores que el Gobierno ha cometido. Pero este Gobierno corre el velo de lo que fue puesto bajo la alfombra. Hace lo que puede, mal y bien.

 

¿Cómo hará campaña el Gobierno en este contexto adverso?

No tengo idea. No soy consultora de opinión. Para mí es un contexto inédito, de enorme incertidumbre económica y política. Cualquier resultado es posible. Si la oposición arma una coalición con un liderazgo firme tiene posibilidades de ganar. De no ser así, el Gobierno tiene chances concretas de ser reelecto. La Argentina da sorpresas. No me imagino que un señor cercano a los ochenta, con un perfil bastante gris, que no se parece a ningún peronista, logre llevar al peronismo al triunfo. Pero todo es posible.

 

¿Se refiere a Roberto Lavagna? Cuando Lavagna dice “hay que crecer”, no dice nada. Ahora, ¿cómo crecemos?

Evidentemente hay un descontento, debido a una economía que va contra el bolsillo de la clase media y que no puede levantar el problema de la pobreza, que una coalición opositora podría aprovechar. Pero existe un importante sector que no quiere volver atrás, que no se compra ya la utopía regresiva y no quiere volver a los pactos de impunidad.

¿Cómo evalúa las tensiones entre aliados al interior de Cambiemos, que funcionó hasta aquí más como frente electoral que como coalición de gobierno?

Nunca fue una coalición de gobierno. Y fui muy crítica del modo en que Macri organiza su poder. También le hace mal la señora Carrió que dice que un ministro es un idiota. Esas cosas se ventilan adentro y no afuera. Esto crea una imagen desagradable de caos, que no se condice con su rol de vigilante de las instituciones. O lo que pasó en Córdoba con la fractura de Cambiemos. Yo creo en los partidos, y si no hay disciplina interna, paciencia y generosidad es difícil mantener una coalición. Más aún si queda atada a las internas o los humores personales.

RelatedPost

Dejá un comentario