Las tasas volvieron a 50%

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Por Alejandro Radonjic 

 

El BCRA se asustó con la mini-corrida de la semana pasada y sigue subiendo las tasas. Ayer, la Leliq promedio cortó en 50,065%.

 

No es la primera vez que el BCRA debe pasar de modo “dovish” (o laxo, en términos vernáculos) a modo “hawkish” (o estricto). Un informe de 1816 muestra que ya pasó cuatro veces en la era Cambiemos.

 

“Con el tipo de cambio 2% adentro del piso de la banda el BCRA se puso muy dovish en enero, comprando dólares, cambiando la forma de licitar Leliq y limitando el ingreso de hot money a la economía”, dice el interesante informe de 1816. Así, agrega, “impulsó que baje muy agresivamente la tasa real a la que acceden los inversores (antes una Lebac, ahora un plazo fijo o una Lecap)”. En números, la tasa real de referencia había bajado desde 20% a fin de diciembre hasta 5% a mediados de febrero en base a las expectativas de inflación a tres meses vista del REM. “Además, considerando la inflación de 2,9% de enero, la tasa real ya era prácticamente nula”, dijeron desde 1816. Todo eso, más la expectativa de una inflación aun mayor para febrero (quizás en la zona de 4%), generó un desarme de posiciones en pesos.

 

El problema con el que se enfrenta el BCRA, amplían desde 1816, es el mismo con el que se enfrentó Federico Sturzenegger en 2016-2018: tiene una sola herramienta (la tasa o la base) y dos objetivos (el nivel de actividad y la inflación). “Abajo del piso de la banda, el BCRA priorizó la actividad, bajando agresivamente la tasa; pero arriba del piso de la banda cambió la postura, por temor a las consecuencias en inflación”, señala el informe. Así (ver gráfico), la autoridad monetaria se vio obligada a abortar el cuarto ciclo de relajación monetaria desde el inicio del mandato de Mauricio Macri, repitiendo las historias de principios de 2016, 2017 y 2018.

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Más allá de todo, en 1816 creen que hay motivos para que el mercado de cambios esté holgado en el segundo trimestre, entre ellos, la llegada de los agrodólares y las ventas del Tesoro. “El BCRA ya demostró que no le temblará el pulso para subir tasas si vuelve a haber presiones sobre el dólar (y por eso) estar largo pesos pero con baja duration es una forma de tener más cubierta la posición”, concluyen Adrián Rozanski y Mariano Skladnik.

 

La autoridad monetaria se vio obligada a abortar el cuarto ciclo de relajación monetaria desde el inicio del mandato de Mauricio Macri.

 

¿Cómo sigue?

 

En diálogo con El Economista, Adrián Yarde Buller, Research en Grupo SBS, ofrece su visión. “Cuando se lanzó la nueva política monetaria, las autoridades explicaron que si tenían que comprar dólares lo harían mediante intervenciones esterilizadas salvo que hubiera clara demanda por pesos”, dice, como contexto. “El BCRA cometió un error al no esterilizar las intervenciones cambiarias de enero y febrero dado que, a nuestro juicio, no había señales claras de demanda por pesos sino que la apreciación del tipo de cambio nominal parecía estar exclusivamente vinculada a la mejora de las condiciones externas”, dice Yarde Buller. En rigor, SBS había alertado eso el 13 de febrero en un informe y pedía “cautela” a Reconquista 266.

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“No haber esterilizado las intervenciones creó un exceso de liquidez que terminó deprimiendo las tasas de interés reales y revivió la volatilidad cambiaria, justo cuando el viento de cola global estaba perdiendo fuerza”, agrega. Allí, las autoridades reaccionaron con cautela y anunciaron que sobrecumplirían las metas monetarias de febrero, impulsando un alza de las tasas de interés que contuvo inmediatamente la volatilidad cambiaria. Más allá de todo, Yarde Buller dice: “Creeemos que ese paso en falso de enero y febrero sirvió para demostrar que el esquema monetario funciona efectivamente y probablemente ayudará a que los próximos pasos sean mucho más meditados que los anteriores”.

 

“Hay demasiadas variables en juego”, dice Gabriel Caamaño Gómez (Consultora Ledesma). “La tasa es mayormente endógena y la variable de ajuste por definición en el régimen”, agrega en diálogo con El Economista. Entre las variables en juego, concluye, las claves son el contexto externo, la demanda de pesos en Argentina y, también, las expectativas.

 



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