Esperan más volatilidad para el mercado financiero local

11 de febrero, 2019

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Por Luis Varela 

 

Dos temas principales están gobernando el pulso del mercado financiero argentino. Uno es de origen internacional, vinculado esencialmente a las idas y vueltas en los conflictos comerciales entre Estados Unidos y China. Y la otra cuestión es estrictamente local, y se mueve de acuerdo a las encuestas, el comienzo del ciclo de elecciones provinciales y la incógnita que se va abriendo sobre la elección presidencial de octubre.

 

La puja entre chinos y estadounidenses se da en un marco global con las economías frenándose. China desacelera, Estados Unidos crece menos y Europa está entrando en una zona recesiva. Ese cuadro de situación hizo que la Reserva Federal de EE.UU. decidiera postergar la suba de tasas que tenía programada. Todos esperaban una tasa larga del 4% anual para junio y, según se ve hasta ahora, se quedará por debajo del 3%.

 

Este nivel del costo del dinero le está dando oxígeno a los mercados emergentes. Entre otras cosas, se vio por ejemplo que Paraguay logró colocar un bono por US$ 500 millones con vencimiento en 2050, pagando una tasa de 5,4% anual, cuando títulos similares de Argentina están pagando hoy tasas algo superiores al 9% anual. Obviamente, esta sobretasa que paga la Argentina obedece a la deuda que tiene el país, a la inseguridad sobre la continuidad en la conducción política y al rojo fiscal que todavía no se termina de arreglar. Con ese marco, en cuanto a lo estrictamente local, la población va observando, casi refregándose los ojos, de qué manera van cerrando empresas, y apareciendo despidos hormiga por todas partes. Muchos de los que votaron por Macri están completamente decepcionados. Y la otra candidata fuerte que aparece en el espinel, Cristina Kirchner, tiene, incluso, algo más de apoyo que Macri, pero por ahora no le alcanza para ganar en segunda vuelta. Tiene mucha oposición y está obligada a no abrir la boca, porque cada opinión que pueda salir de su boca, puede espantar votantes. Por todo eso, el resultado de la elección presidencial, que parecía puesto para Macri hasta hace unos meses, ahora entró en zona de duda.

 

Las complicaciones son evidentes. Una familia necesita ingresos de $ 39.400 por mes para consumos mínimos. En muchos casos, el costo de las expensas se acerca al pago de una jubilación mínima. Las tarifas que llegan de luz y gas dejan a privados con los bolsillos vacíos y a pequeños comercios con imposibilidad de seguir con las puertas abiertas.

 

El clima es tan confuso que el presidente Macri está haciendo consultas a varios economistas.

 

Con ese marco, aquí, allá y en todas partes los inversores se van poniendo más cautos. De hecho, en el balance de la semana pasada sólo dos Bolsas lograron acumular subas: Nueva York y Buenos Aires. En Wall Street el índice Nasdaq de papeles tecnológicos subió 0,5% y el Dow Jones de papeles industriales mejoró 0,2%. Y en Buenos Aires el índice Merval subió 0,2% en la semana, manteniendo a la Bolsa porteña al frente de las que más suben en el mundo este año.

 

Pero atención: la semana pasada el resto de las bolsas bajó. La de Chile perdió 1%, México 1,3%, Madrid 1,8%, Tokio 2,2%, Frankfurt 2,4% y, atención, San Pablo fue la peor de todas: achicó 2,6%.

 

Se complicó tanto la economía real que los inversores locales, que venían muy cómodos haciendo carry trade con tasas altísimas y dólar en un olvido, ahora están empezando a replantearse el momento del cambio de posición. La mayoría de los que navegan en pesos pensaba bajarse de la tasa hacia junio o julio, y con los intereses, comprar dólares, para pasar la elección y los primeros meses del nuevo mandato con los dólares guardaditos en una caja fuerte. A partir de agosto, esperar y ver.

 

Pero la semana pasada el dólar tuvo un movimiento . A mitad de semana saltó de $ 38 a $ 39 pesos y surgió la primera duda. El Banco Central quería que subiera, para que se metiera dentro de la banda cambiaria, pero al parecer no pretendía que subiera tan rápido. Por eso empezó la semana pasada comprando US$ 75 millones por día y luego, como la suba del billete se aceleró, la compra se achicó nuevamente a US$ 25 millones, hasta que el viernes se tranquilizó. El tipo de cambio oficial cerró sin modificaciones a $ 38,92 pesos, el blue bajó 25 centavos hasta $ 37,50 y hubo una suba de 3 centavos para el dólar mayorista, hasta $ 37,85, todavía 22 centavos por debajo del piso de la banda.

 

A partir de ahora todos están haciendo cuentas porque quieren adivinar con qué velocidad subirá el dólar. El BCRA está muy tranquilo, ya que espera una gran entrada de dólares por la cosecha de granos. Llegan, además, los dólares que viene prestando el FMI. Y lo que desconcertó bastante a los que hacen carry trade es la velocidad con la que Guido Sandleris está bajando la tasa de interés. Por las Leliq, herramienta con la que se pagaba 74% anual hace cuatro meses, ahora se paga 46%. Y los plazos fijos también cayeron fuerte: en cuatro meses la tasa de este tipo de colocación cayó de 54 a 39% anual, con algunos bancos pagando 36% o menos.

 

Todo este burbujeo perjudicó a los bonos. Los títulos públicos habían tenido una suba consistente, por lo que el riesgo país había caído del 836 a 625 puntos básicos, pero ahora los bonos cedieron apenas y el riesgo rebotó hasta 672 puntos. Van cambiando las condiciones y hay inversores que empiezan a aceptar alternativas, como bonos ajustados por inflación.

 

Lo interesante de todo este enjambre es que la Bolsa porteña se sostuvo. Parecía que ingresaba en un cono de sombras, pero el viernes subió bien, aunque sin un volumen de negocios para destacar. A partir de ahora se irá dando la sucesión de elecciones provinciales. Con eso se podrá ir adivinando si Macri se queda en la Rosada. Si lo puede suceder Cristina. O algún otro peronista. Nadie puede asegurar nada en este momento. Cada resultado electoral tendrá su impacto en el mercado. Por lo que los analistas adelantan que se vienen meses con alta volatilidad.

 

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