El riesgo político desplaza a las preocupaciones económicas

23 de enero, 2019

davos Foro económico mundial

La preocupación que genera la desaceleración de la economía global ha sido una constante en los últimos meses de la mano, entre otros motivos, de una posible agudización de los conflictos comerciales entre Estados Unidos y China, la volatilidad de los mercados financieros y las dificultades de algunos países emergentes. El año pasado, en Davos, había mucho optimismo sobre la economía global, pero que luego no fue ratificado por la realidad. Este año, por el contrario, prima el pesimismo entre los asistentes.

 

Porque como se observa estos días en Davos, también es creciente la preocupación por los riesgos políticos.

 

En los países desarrollados, el temor se centra en el auge de las fuerzas populistas. Si bien no obtuvieron los resultados que se esperaban en las elecciones de 2018, sigan creciendo en algunos países y las elecciones para el Parlamento Europeo previstas para junio serán el nuevo desafío que deberán enfrentar los partidos tradicionales.

 

La situación en Estados Unidos muestra una creciente polarización. El estilo de Donald Trump de llevar la confrontación al extremo para negociar antes de que todo estalle, agudiza una tendencia a la polarización que no es nueva en la sociedad estadounidense. Esa estrategia tiene sus costos porque parte del Gobierno está cerrado desde hace varias semanas. En el Reino Unido no se puede resolver la cuestión del Brexit que amenaza con prolongarse.

 

La creciente desigualdad en la distribución de los ingresos, el auge de la utilización de las redes sociales en la disputa política con sus mensajes cortos que impiden incluir matices y la aparición de nuevas demandas sociales con sus reclamos directos que no confían en las fuerzas políticas tradicionales, contribuyen a la polarización que se registra en muchos países. Las divisiones que están en la base de la sociedad y la pelea política se alimentan mutuamente.

 

Por otra parte, las prácticas democráticas aparecen disminuidas en muchos países relevantes y en algunos casos, como el de China, directamente no existen. A su vez, el nacionalismo crece sobre la base de sociedades disconformes con los resultados de la globalización.

 

La política mundial está transitando caminos poco conocidos, generando resultados que pocos esperaban y consecuentemente acrecentando la incertidumbre que nunca es buena para el mundo empresario. Por eso, parece legítima la preocupación por los riesgos políticos y las consecuencias que pueda tener sobre la marcha de la economía.

 

La región, mejor

 

En este contexto, Sudamérica, que por su inestabilidad política siempre fue fuente de preocupaciones para otros países, es hoy una de las regiones con menor riesgo político visto desde la perspectiva del mundo de los negocios. Venezuela sería la excepción en este cuadro.

 

Los cuatro países con las economías más grandes de la región –Brasil, Argentina, Colombia y Chile– tienen gobiernos promercado. Este año sólo habrá elecciones presidenciales en Argentina. Un triunfo de Mauricio Macri, que los empresarios ven como el resultado más probable, consolidaría esa situación y sería visto como un fuerte golpe a cualquier intento de restauración populista en el corto plazo. También hay elecciones en Uruguay, que si bien tiene una economía pequeña, es un país con un gran capital político porque la calidad de sus instituciones y por la persistencia de partidos políticos sólidos. Allí luego de tres turnos presidenciales del Frente Amplio podría haber un giro a la derecha con el triunfo del Partido Nacional.

 

Hoy la voz de la región que más se quiere escuchar en el mundo es la de Jair Bolsonaro que sigue siendo una incógnita para muchos. Ayer aprovechó la tribuna que ofrece el Foro de Davos para hacer su primera presentación fuera de Brasil. Consciente del auditorio al cual se dirigía, su mensaje pareció más el de un político conservador o liberal que el de uno populista. Habla de todas las reforma pro mercado –reducción del gasto público, menos presión impositiva a las empresas, etcétera –que es lo que les gusta escuchar a quienes asisten a Davos. Sus definiciones políticas sobre la región fueron claras. Reivindicó a los presidentes de Argentina, Chile y Paraguay a los que describió como ubicados del centro a la derecha del espectro político, criticó duramente a Venezuela y sostuvo que la izquierda es un camino equivocado para la región. Afirmó que trabajará con sus colaboradores, destacó entre ellos a Sergio Moro, Paulo Guedes y Ernesto Araújo, con el objetivo de que Brasil tenga una economía más abierta y se ubique entre los países más competitivos del mundo, concretamente “entre los cincuenta mejores para hacer negocios”.

 

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