¡Mind the gap!

24 de enero, 2019

Después de un mes de respiro, volvió el rojo comercial con Brasil

Por Matías Carugati Economista Jefe M&F Consultora. La columna fue escrita junto a Florencia Hernández (Economista M&F Consultora)

 

  • El saldo de la balanza comercial, en modo ajuste. El 2018 redujo el déficit comercial prácticamente a la mitad, tras pasar de US$ 8.308 millones a US$ 3.828 millones. La dinámica observada tuvo mucho que ver con el clima y la crisis de balanza de pagos. Durante la primera parte del 2018, la sequía golpeó fuerte sobre las exportaciones del agro, al tiempo que las importaciones mostraron dinamismo. A partir de la primera corrida cambiaria, la historia giró 180 grados. Los efectos de la crisis terminaron de empujar a la economía hacia la recesión y las importaciones se comprimieron notoriamente. Por ello es que el saldo comercial empeoró, (y mucho) pero luego mejoró. Hacia delante, se espera que las cuentas externas continúen mejorando. El fin de la sequía y un mundo en crecimiento empujarán las exportaciones. Es cierto que la recuperación apuntalará las importaciones, pero no demasiado, ya que se espera un rebote tenue y gradual. No sorprendería ver un superávit comercial por encima de los US$ 4 o 5.000 millones, lo que marcaría el mejor desempeño desde 2014.

 

  • El clima hizo subir la temperatura y enfrió las exportaciones. Las ventas al exterior de todo el 2018 aumentaron 5% anual gracias a que los precios (+5,7%) compensaron una mínima caída en el volumen despachado (-0,5%). Desagregando por rubros, queda en claro el impacto de la peor sequía en años, ya que el volumen exportado de productos primarios y manufacturas agropecuarias se derrumbó (-11% y -5% anual, respectivamente). Más allá del agro, el resto las exportaciones mostró buen desempeño. Los envíos de manufacturas industriales (+9% anual) se beneficiaron de una demanda externa en expansión, mientras que la fuerte inversión de estos años en energía comenzó a notarse en las exportaciones sectoriales (+41% anual).

 

  • Las importaciones se movieron al ritmo del nivel de actividad. Las compras al exterior apenas cayeron 2,2% anual, compensando por precio (+4,6%) el menor ingreso de cantidades (-6,5%). Las importaciones venían creciendo a un ritmo promedio de dos dígitos hasta mayo pero, crisis mediante, se derrumbaron. El combo depreciación-recesión-encarecimiento del crédito-alta incertidumbre fue letal para las decisiones a mediano y largo plazo, razón por la cual se resintieron las compras de bienes durables y la inversión privada. Precisamente, los rubros de importación ligados a este tipo de segmentos registraron las peores caídas. Las compras de vehículos cayeron, en volumen, 17% anual, mientras que las importaciones de bienes de capital se contrajeron 12% y las de piezas, 10%. La caída del poder adquisitivo afectó, en menor medida, tanto a los bienes de consumo (-2,4%) como a los bienes intermedios (+4,1%).

 

  • ¿El año de las exportaciones? El Gobierno apuesta por las ventas externas. La buena cosecha, una demanda externa aún dinámica y el impulso del sector energético deberían ser suficientes para empujar las exportaciones. El colchón cambiario “ganado” por las crisis también ayudaría, incluso teniendo en cuenta que podría haber algo de apreciación real este año y también que las retenciones generalizadas reducen el tipo de cambio efectivo. Con las importaciones condicionadas por una reactivación lenta y gradual, el saldo comercial continuaría mejorando y dejaría de estar en rojo. Las previsiones de mercado varían, pero la mayoría de los analistas espera un superávit de, por lo menos, US$ 4.000 millones para 2019.

 

  • El agro, con el empuje de un tractor. Pese a las intensas lluvias, las proyecciones de cosecha siguen siendo positivas. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires estima que la cosecha de trigo fue de 19 millones de toneladas, un 7% mayor a la de la campaña agrícola anterior. En el caso del girasol, el exceso hídrico puede terminar afectando el volumen cosechado, pero las proyecciones aún se sostienen en 3,9 millones de toneladas, lo que representaría 11% más que la campaña previa. El exceso de agua demoró la siembra de maíz en algunas zonas, pero no lo suficiente como para reducir las proyecciones de área cultivada (5,8 millones de hectáreas), algo que sí sucedió en el caso de la soja (17,7 millones de hectáreas). Si bien la generalización de las retenciones y la baja de reintegros afectan las decisiones de los productores agropecuarios, estimamos que su introducción tardía en 2018 no se verá reflejada completamente este año. Con lo cual, si el clima lo permite, la cosecha agrícola alcanzaría un buen volumen, aun si no se llega a un nivel récord. Y el efecto sobre las exportaciones, tras la sequía, se hará sentir.

 

  • Por ahora, el mundo juega a favor La guerra comercial entre Estados Unidos y China, el alza en la tasa de interés que ejerce presión sobre los mercados emergentes más vulnerables, el magro desempeño de algunos países y las tensiones en la zona euro deterioraron las proyecciones de crecimiento global. El FMI recortó los pronósticos de crecimiento global para este año, pasando de 3,7% anual a 3,5% anual respecto a la estimación previa. Más allá de la rebaja marginal, las proyecciones siguen apuntando a una demanda externa favorable para Argentina. Sobre todo en el caso de Brasil, que tracciona sobre la industria local. El país vecino habría cerrado el 2018 con un crecimiento de 1,3% anual y se espera que el PIB acelere su crecimiento hasta 2,5% anual. El dato no es menor, considerando que se estima que, por cada punto de crecimiento de nuestro vecino, Argentina crece 0,25 puntos porcentuales. Si no se materializan los riesgos que hoy amenazan a la economía global, la demanda externa por productos argentinos puede continuar por la buena senda, ayudando al campo a generar divisas más que necesarias. Siendo el 2019 un año electoral, la tranquilidad cambiaria es uno de los objetivos a lograr por parte del Gobierno. Repetir algo parecido al 2018 en materia cambiaria sería letal para las aspiraciones políticas de Cambiemos.

 

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