Mayor variabilidad en los pronósticos

8 de enero, 2019

Por Pablo Mira Docente e investigador de la UBA

 

En 2018 los fallos de previsión rozaron el escándalo. Economistas de todos los colores del espectro político e ideológico fracasaron por mucho en su estimación de las principales variables macroeconómicas, desatando el enfado de los que suponen que estos errores sólo reflejan el desconocimiento o la mala intención de los consultores.

 

¿Cómo realizan sus pronósticos las consultoras en Argentina? La respuesta más honesta es “con mucho esfuerzo”. Si bien la percepción es que algunos arriesgados simplemente tiran la moneda, o actúan para satisfacer sus intereses, lo cierto es que la elaboración seria de vaticinios suele requerir la utilización de herramientas científicas. El trabajo de “coyunturero”, como a veces se etiqueta despectivamente, tiene aspectos técnicos que usualmente se desconocen, y que vale la pena comentar brevemente para explicar qué sucedió con las conjeturas para 2018.

 

Los analistas parten regularmente de lo que podemos llamar “escenario base”, que establece el contexto más probable en función de los desarrollos recientes, la política económica en marcha, las previsiones presupuestarias y la compatibilización entre las distintas variables macro. A la hora de llegar a un número específico como el crecimiento o la inflación, la predicción puede lucir trivial, pero el análisis de coyuntura prudente arriba a esos valores tras un arduo proceso de identificación de distintas dinámicas. El escenario base, normalmente el de mayor prensa, suele venir acompañado por extremos de máxima y mínima, que intentan reflejar cuan seguros están los analistas respecto de su estimación media.

 

A todo esto debe sumarse el hecho de que normalmente no es posible incorporar a los pronósticos lo que los economistas llaman “perturbaciones estocásticas”. La razón es que estas perturbaciones son aleatorias, lo que hace imposible por definición su inclusión en los modelos de predicción. Por supuesto, existe alguna probabilidad de que estas turbulencias finalmente sucedan, y eso debería estar reflejado en escenarios alternativos.

 

Y justamente, lo que terminó generando una brecha significativa entre los pronósticos de principio de año y la realidad fue la crisis cambiaria sufrida este año Argentina sufrió un sudden stop y eso se reflejó en un cambio de tendencia. No es que nadie esperara un potencial desenlace traumático, sino que este shock podría haber sucedido tanto en 2018, como en 2019 o 2020. Existía cierta chance de ocurrencia, pero la mayoría supuso que la explosión se atrasaría un poco (mis propios pronósticos también asumieron que el shock no sucedería durante 2018).

 

Es cierto que no todos los analistas estaban pensando en que una crisis llegaría tarde o temprano. Algunos juzgaron que tras un 2017 donde la economía parecía haber corregido el rumbo de algunos precios relativos, la mismahabía ingresado en un “nuevo normal” donde las vulnerabilidades se habían mitigado. Pero tras los desarrollos de 2018 las estimaciones se reposicionaron, y la visión de normalidad ya no es la regla. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA predice para 2019 una caída del PIB de -2,1% (mediana), pero la variabilidad es amplia: va desde un máximo de crecimiento positivo de 1,7% a una caída -2,5%. En cuanto a la inflación, se estima que cederá al 26% anual, pero de nuevo, la varianza refleja el estado de mayor incertidumbre: el máximo es 33% y el mínimo, 18%. El tipo de cambio promedio de final de 2019 se sitúa según el REM algo por debajo de los $50 por dólar, con máximos de $60 y mínimos de $43. Finalmente, se cree que la tasa de interés de referencia completaría 2019 en 35% anual, con heterogeneidad máxima que va desde 55% a 18%.

 

En suma, la crisis trajo consigo una razonable corrección de las expectativas que afectó no solo a los promedios sino también a su variabilidad. En la próxima entrega brindaremos nuestra propia percepción sobre los posibles acontecimientos macroeconómicos por venir durante el año que recién comienza.

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