La ejecución fiscal de 2018 proyecta sombras para 2019

21 de enero, 2019

El BCRA eliminaría el piso de 60% para la tasa de las Leliq Default

 

Por Francisco Eggers UNLP

 

¿Qué nos dicen las cifras de ingresos y gastos del sector público nacional? Algo bueno: el resultado mejoró por primera vez en catorce años. Y algo malo: la mejora es muy pequeña, se podría decir insatisfactoria, tanto en relación con el esfuerzo realizado en algunos items de gastos como considerando lo que se requiere para la sustentabilidad de las cuentas públicas.

 

Respecto del esfuerzo: los gastos de capital bajaron en solo un año 25% en términos reales; las jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares, 6%; las transferencias corrientes a provincias, 29%; los salarios de empleados públicos, 10% y los subsidios al transporte, 16%. Pero esas disminuciones se vieron compensadas por la caída en ingresos tributarios y aumentos en pagos de intereses y subsidios a la energía (que beneficiaron a las empresas del sector, ya que las tarifas de gas y electricidad aumentaron en términos reales).

 

Así, el déficit se reduce en solo 0,7% del PIB (de 6% en 2017 a 5,3% en 2018, sin computar el gasto del Programa de Inversiones Prioritarias (PIP), equivalente a 0,3% del PIB y las dos terceras partes de esa reducción se deben a un extraordinario y extraño aumento (sobre 2017, que ya tenía valores muy superiores a los años previos) en rentas de la propiedad percibidas.

 

¿Qué son estas rentas? Una parte (equivalente a 0,15% del PIB) es disminución del capital del Banco Nación. No es realmente renta de la propiedad, sino disminución del patrimonio, que financia el déficit, pero no lo reduce. Si reclasificamos ese ingreso, e incluimos el gasto en el PIP (la gestión anterior lo clasificó como inversión financiera y la actual mantuvo esa ficción, hasta que el FMI exigió corregirla), el déficit 2018 equivaldría a 5,7% del PIB. Pero no sería totalmente comparable con los años previos.

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El resto de las rentas, según Hacienda, serían principalmente intereses ganados. Si es así, equivaldrían al 40% de los intereses pagados. La deuda del Tesoro –excluida la que es intra sector público– está en el rango de los US$ 190-200.000 millones. Los activos financieros del Gobierno que devengan intereses probablemente no lleguen a ser el 10% de esa cifra. Si realmente las rentas percibidas son intereses, los activos del Gobierno estarían devengando una tasa varias veces mayor que los pasivos, lo que solo sería posible si están en pesos mientras más del 80% de la deuda está en moneda extranjera.

 

¿Estuvo haciendo un excelente negocio de carry trade (“bicicleta financiera”) el Gobierno? No: si tomó deuda en dólares y mantuvo los fondos en pesos, sus activos se devaluaron y su deuda, no. Como la ejecución refleja los pagos de intereses y no el cambio de valor de activos y pasivos, el carry trade le puede servir para mostrar menos déficit. Pero no significa que
la situación financiera del Estado Argentino esté mejor sino lo contrario.

 

Si comparamos con la proyección incluida en el Mensaje del Presupuesto 2018, vemos que los recursos tributarios fueron inferiores a lo proyectado en $80.000 millones (0,6% del PIB), debido a que los impuestos al comercio exterior recaudaron alrededor de $65.000 millones menos que lo proyectado, y las contribuciones sociales unos $20.000 millones menos. Partiendo de que las proyecciones se hicieron contando con datos ejecutados de los ocho primeros meses, resulta que en los últimos cuatro meses del año los Derechos de Exportación recaudaron 45% menos que lo proyectado.

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Esto proyecta una sombra sobre las proyecciones 2019, que previeron que las retenciones recaudarían 40% más que el promedio mensual proyectado para el último cuatrimestre de 2018. Si ese 40% se mantiene, pero sobre lo que se recaudó efectivamente, el cálculo presupuestario se quedaría corto en $200.000 millones o alrededor de 1% del PIB.

 

También para los aranceles de importaciones la proyección de los últimos 4 meses implícita en el mensaje resultó exagerada, lo que permite anticipar que difícilmente en 2019 recaude lo proyectado. Pero, en ese caso, un tipo de cambio promedio efectivo sustancialmente superior al del Presupuesto ($40,1 por dólar) podría achicar gran parte de la diferencia. La mayor parte de las retenciones, en cambio, tienen un límite fijado en pesos por dólar, y no se beneficiarían de una devaluación.

 

El Presupuesto 2019 contempla un déficit financiero equivalente al 3,2% del PIB, pero luego de clasificar como “ingresos de capital” las ventas de activos financieros en cartera de Anses, lo que conceptualmente es incorrecto. De modo que el déficit sin dibujos contables sería 3,7% del PIB, lo que ya es elevado para la situación actual, más allá de que para 2019 el FMI garantice financiamiento.

 

Pero si la recaudación efectiva se queda corta, respecto a la proyección, en algo más de 1% del PIB, el déficit volvería a ser del orden del 5% del PIB, a menos que se tomen más medidas que las anunciadas hasta ahora, tendientes a disminuir en términos reales los gastos y/o aumentar los recursos. El 2019 pinta difícil, y el hecho de que sea un año electoral no ayuda.

 

 

 

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