Jay Powell en modo zen

11 de enero, 2019

 

Jerome Powell ratificó ayer en Washington que la Reserva Federal está en una posición que le permite ser “paciente, flexible y observar como evolucionan las cosas”. La baja tasa de inflación es la que le otorga margen de maniobra a la Fed que no tiene ningún apuro por volver a subir la tasa de interés. Hasta hace un tiempo, el mercado descontaba que luego de la suba de diciembre, la próxima sería en marzo pero ahora se espera una pausa.

 

Por otro lado, Powell ratificó que la Fed no se moverá con un plan rígido sino que irá adecuando su estrategia a los indicadores económicos que se vayan conociendo. También afirmó que la economía estadounidense se encuentra sólida y que sus preocupaciones son sobre lo que puede ocurrir más allá de sus fronteras. Sostuvo que aún no está claro cuánto va a afectar la desaceleración económica global, y en particular la de China, al nivel de actividad en Estados Unidos.

 

Powell anticipó que seguirá achicando la hoja de balance de la Fed que creció mucho luego de la crisis, pero no dio mayores precisiones. Como nada de lo que dijo modificó sus declaraciones recientes, los mercados no mostraron variaciones significativas.

 

Encuesta del WSJ

 

Según una encuesta que realizó el diario The Wall Street Journal entre economistas y analistas del mercado, se consolida el pronóstico de que la Reserva Federal se tomará un tiempo antes de decidir la próxima suba de tasas de interés. El 60% de los que respondieron consideró que no habrá cambios hasta junio luego del incremento dispuesto en diciembre, por lo cual las tasas se mantendrían en el rango del 2,25%/2,50% durante los próximos meses. Pero no hay coincidencia sobre cuantas subas habrá el año que viene, las opiniones están dividas entre los que creen habrá una y los que apuestan por dos, en línea con lo que por ahora prevé la Fed.

 

En cuanto al nivel de actividad, las proyecciones se siguen corrigiendo a la baja. Ahora se espera una suba del PIB de 2,2% en 2019 y de sólo 1,7% en 2020, año en el cual podría comenzar una recesión según la opinión del 56% de los participantes de la encuesta. Se trata de un pronóstico políticamente relevante porque en 2020 habrá elecciones presidenciales en Estados Unidos.

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