Elecciones 2019: ¿Puede un Cisne Negro ser…blanco?

23 de enero, 2019

gobierno elecciones urnas La Pampa que preocupaba al Gobierno. Según otro estudio, de la UTDT, el Gobierno tuvo un leve repunte en términos de confianza

 

Por Ramón Frediani Economista, UNC

 

 El término “Cisne Negro”, usado con frecuencia en los últimos años en el mundo de los mercados financieros internacionales para referirse a la aparición de fenómenos atípicos e inesperados, proviene de una reflexión de Décimo Junio Juvenal en su obra Sátiras, destacado poeta romano del Siglo I: rara avis in terris nigro que simillima cygno, cuya traducción sería un ave rara en la tierra, y muy parecida a un Cisne Negro. Cuando la frase fue acuñada, se presumía que el Cisne Negro no existía en el mundo.

 

La frase de Juvenal era una expresión común en el Londres del Siglo XVI como una declaración de imposibilidad de un evento, dada la presunción en Europa de que todos los cisnes existentes hasta entonces eran blancos. En ese contexto, un Cisne Negro era imposible o por lo menos inexistente. Pero una expedición holandesa, dirigida por el explorador Willem de Vlamingh en 1697, descubrió cisnes negros en Australia occidental, y el significado del término se transformó para expresar la idea de que un hecho de ocurrencia imposible sostenido por la opinión pública, extrañamente podría ser refutada más tarde.

 

El análisis de los sucesos excepcionales e inesperados tipo Cisne Negro fueron descriptos por Nassim Taleb, investigador matemático libanés-americano, miembro del Instituto de Ciencias Matemáticas de la Universidad de New York, en su libro El Cisne Negro (2011), un ensayo filosófico que va más allá del universo de las teorías avanzadas de modelos de probabilidades matemáticas y de la ciencia de la complejidad. Taleb se refiere a que casi todos los grandes descubrimientos científicos, hechos históricos, y logros artísticos de la humanidad, desde tiempos remotos hasta hoy, son como cisnes negros: hechos atípicos e inesperados. Señalaba como ejemplos de sucesos Cisne Negro: Internet, la computadora personal, la Primera Guerra Mundial, los ataques del 11 de septiembre, el colapso generalizado del mercado financiero internacional en el 2008, entre otros.

 

Para que un suceso natural o social se denomine “Cisne Negro”, debe poseer tres atributos: primero, ser un caso atípico e inesperado, encontrándose fuera del ámbito de las expectativas regulares existentes hasta ese momento, porque no hay nada en el pasado que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad. En segundo lugar, por su magnitud se genera un impacto extremo y relevante en la sociedad en la que ocurre. En tercer lugar, después del hecho y a pesar de su condición de rareza, surgen a posteriori innumerables teorías que intentar explicar su presencia. En síntesis: rareza inesperada, impacto relevante y extremo, y sólo explicable en retrospectiva.

 

Es por demás evidente y más aún en años electorales como es este 2019 en Argentina, que la conducta de los mercados económicos dependen estrechamente de lo que ocurre en el mercado político (constituido por oferta y demanda de políticas públicas, las primeras contenidas en las ideas y principios de los partidos políticos y sus candidatos y las segundas reflejadas en las preferencias y escalas de valores de la sociedad civil y sus actores: los votantes).

 

En especial, los mercados financieros son muy sensibles y vulnerables a la aparición de “cisnes negros”. Basta recordar que sus pérdidas han sido enormes toda vez que apostaron contra la posibilidad de la ocurrencia de cisnes negros, como fueron las grandes crisis financieras internacionales: el pánico financiero mundial de 1873 (crac de la Bolsa de Viena), de 1929 (la Gran Depresión), 1987 (Wall Street), 1991(colapso de las Saving & Loans), 1996 (crisis financiera asiática), 1998 (default de Rusia), 2001(hundimiento del Nasdaq), 2008 (Wall Street).

 

Pero vayamos al grano: un posible Cisne Negro en la Argentina electoral del 2019. ¿Qué muestran la casi docena de encuestas realizadas en los últimos meses respecto a la intención de votos de los ciudadanos? En promedio y para sintetizar en grandes rasgos, concluyen que un tercio está a favor de Mauricio Macri, un tercio a favor de Cristina Kichner y un tercio está indeciso y/o desilusionado con esas dos opciones, porque, por una u otra razón, no las identifican con la solución de los problemas estructurales que necesita el país. La pregunta es: ¿y si un porcentaje relevante de ese tercio desencantado decidiera votar en blanco? Es decir, que el próximo Cisne Negro en Argentina tenga la forma de un elevado voto en blanco?

 

Históricamente el voto en blanco no fue relevante, salvo cuando hubo una proscripción política (de la UCR en 1931 y del PJ en 1958 y 1963). Entre 1916 y el 2002 promedió el 4,1% de los votos emitidos y más recientemente (20032015) el promedio fue del 3%.Si bien el voto en blanco no cuenta al momento de sumar sufragios válidos, pues es dejado a un lado al igual que los votos impugnados y anulados, su impacto — por ejemplo si fuera mayor a un 4% — decididamente sería relevante. Basta recordar que en el balotaje de 2015, Macri ganó a Daniel Scioli por sólo 2,68%.

 

Pero analicemos en detalle el posible incremento del voto en blanco. En primer lugar su origen, pues provendría mayoritariamente de ciudadanos jubilados, pequeños comerciantes y miembros de la clase media, sectores sociales hoy muy castigados que mayoritariamente en el 2015 votaron por Cambiemos y ahora están desencantados y desilusionados por tanta inflación, más impuestos y tarifazos reiterados que terminaron debilitando sus economías familiares y especialmente sus expectativas de ir hacia un país mejor (es poco probable que exvotantes en el 2015 del peronismo, el kichnerismo y la izquierda, decidan ahora votar en blanco).

 

Es decir, el principal perjudicado de un mayor voto en blanco sería Cambiemos. No estamos hablando de un voto masivo en blanco: si sólo 4% de votantes que optaron por Cambiemos en el 2015 decidieran ahora hacerlo en blanco, la probabilidad de reelección de Macri en el balotaje de noviembre será mínima.

 

Adicionalmente, un elevado voto en blanco sería una mala noticia para los mercados financieros, pues significaría menor confianza de la sociedad civil a las futuras políticas públicas y consecuentemente restaría aceptabilidad y legitimidad al partido y candidato que resultare finalmente ganador, aumentando ello la incertidumbre respecto al eventual éxito que pudiere tener la gestión del nuevo gobierno 2020-2024.

 

Concluyendo, en países y sociedades estables, normales y previsibles (llamémoslas “sociedades cisnes blancos”), los cisnes negros aparecen pocas veces y distanciados por lapsos extendidos en el tiempo. En cambio Argentina, por su inestabilidad e imprevisibilidad en todos los órdenes y a juzgar por lo ocurrido en los últimos setenta años, casi se podría afirmar que prácticamente funciona como una fábrica de cisnes negros, y la verdadera excentricidad y carencia que tenemos es la de comportarnos como una sociedad cisne blanco.

 

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