De Ponti: “Hay un agotamiento del socialismo en Santa Fe”

16 de enero, 2019

 

Entrevista a Lucila De Ponti Diputada por el Movimiento Evita Por Pablo Varela

 

La diputada nacional por Santa Fe y referente del Movimiento Evita, Lucila De Ponti, manifestó públicamente su vocación de competir por un lugar en la Legislatura provincial. Peronismo, unidad, género y situación social fueron los temas bordados en diálogo con El Economista. “Las condiciones de vida se han deteriorado como la de todos los argentinos. El sueldo alcanza cada vez menos, tarifas impagables, menos trabajo, menos changas en los barrios y por lo tanto menos posibilidades de poder resolver la economía cotidiana. Las familias se han ajustado y si bien no llegamos a picos de conflictividad profundos, ha habido una terrible degradación de la calidad de vida”, sostiene la joven dirigente.

 

¿Competirá electoralmente en Santa Fe?

Sí. Tenemos la definición de participar en las elecciones para ingresar en la Legislatura provincial como diputada. Fundamentalmente el poder expresar en un marco del peronismo ciertas demandas que creemos no son expresadas por otros sectores y que es la voz de las mujeres, de los jóvenes, de los pequeños productores, de la economía popular y que hacen a una serie de demandas relativas a la construcción de un modelo de provincia distinta.

 

Hoy hay dos precandidaturas en el peronismo de Santa Fe: Perotti y Bielsa. ¿El Movimiento Evita se inclina por alguna de estas dos?

Tenemos que seguir dialogando en una alternativa de unidad. Los dos son grandes compañeros y candidatos que le van a dar volumen a la propuesta del peronismo que en este contexto tiene una oportunidad para conducir la provincia. Hay un agotamiento del socialismo que lleva tres períodos consecutivos y en el caso de Rosario son treinta años. Hay un estructura muy desigual en la ciudad y en la provincia que no se han resuelto y que se siguen profundizando con la diferencia de oportunidades para quienes nacen en determinados barrios, o en las zonas rurales y no en los centros urbanos. Hay que ponerle un límite a la desigualdad que también abona la inseguridad, que es uno de los items de mayor preocupación de los habitantes.

 

En 2017 hubo PASO con una muy buena convivencia. ¿Se puede reproducir ese escenario en 2019?

Fue una experiencia destacada sobre la que nosotros queremos seguir construyendo y en caso de no llegar a un acuerdo, nos parece que una primaria también puede atravesarse de manera productiva sin que sea un daño para la propuesta. De nuestra parte no tenemos pruritos en que se lleve adelante una interna, siempre que haya respeto por las posiciones de los candidatos.

 

Usted milita activamente la agenda de género. ¿Cómo ve la situación actual?

Hay una situación muy grave a nivel nacional y en las provincias. Esta semana hubo una noticia muy triste respecto de un feminicidio y creemos que tiene que haber una transformación contundente de cómo el Estado encara la prevención y la erradicación de la violencia contra las mujeres. Hay un colectivo con una participación social innegable que pone en agenda una demanda, pero sobre todo está diciendo que las mujeres ya no toleramos la violencia, las desigualdades, y no solo queremos que se juzgue sino que genere transformaciones institucionales. El Estado Nacional, provincial y municipal deben destinar recursos y jerarquizar las áreas de intervención y que empiece a haber una respuesta institucional para ir erradicando la violencia a la que estamos sometidas.

 

En materia presupuestaria, ¿hay avances en esta materia?

No. Hay tres años de Gobierno macrista en donde se redujo el presupuesto destinado para el único organismo que tiene como especificidad desarrollar políticas de género, que es el Instituto de las Mujeres. Tenemos un Gobierno que en lo discursivo dice formar parte de este movimiento, pero en lo concreto hace todo lo contrario.

 

¿Cómo está Santa Fe en materia social?

Las condiciones de vida se han deteriorado como la de todos los argentinos. El sueldo alcanza cada vez menos, tarifas impagables, menos trabajo, menos changas en los barrios y por lo tanto menos posibilidades de poder resolver la economía cotidiana. Las familias se han ajustado y si bien no llegamos a picos de conflictividad profundos, ha habido una terrible degradación de la calidad de vida.

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