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En los últimos 58 años, hubo 52 con déficit fiscal

14 de enero, 2019

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Según información publicada por el Ministerio de Hacienda, y analizados por Idesa, se observa que entre 1961 y 2002 pasaron 42 años y “todos fueron deficitarios”. En promedio, los ingresos genuinos del Estado sólo alcanzaron a financiar el 80% del gasto. “El alto y sistemático déficit fiscal lleva a emisión espuria que genera inflación, crecimiento insostenible de la deuda pública y un entorno antiexportador que motoriza la restricción externa y obstaculiza el desarrollo social”, sostiene Idesa.

 

Hubo años de holgura, por cierto, aunque más por circunstancias que por una genuina ideología fiscalista del Gobierno. De hecho, entre 2003 y 2008 fueron los únicos años superavitarios donde los ingresos del Estado superaron en promedio 5% el gasto público. Pero, luego de eso, volvió el rojo. “Entre 2009 y 2018 pasaron otros diez años y todos volvieron a ser deficitarios, con los ingresos del Estado apenas financiando 90% del gasto público”, dijeron en Idesa en su reporte difundido ayer.

 

“Estos datos muestran que en los últimos 58 años hubo 52 con déficit fiscal. Los únicos años excedentarios registrados entre 2003 y 2008 responden más a artilugios contables que a genuina solvencia fiscal (…) Si se hubiese registrado en la contabilidad pública los juicios de los acreedores internacionales y de los jubilados, esos años también hubiesen sido deficitarios. Esto permite afirmar que se acumula más de medio siglo de déficits sistemáticos durante los que sólo se alcanzó a financiar con recursos genuinos, en promedio, el 85% del gasto público”, reporta Idesa.

 

En promedio, los ingresos genuinos del Estado sólo alcanzaron a financiar el 80% del gasto.

Siempre viene bien recordar los efectos perniciosos (y viciosos) de los desequilibrios fiscales crónicos. “¿De qué otra manera puede financiarse un déficit fiscal estructural y permanente del orden del 15% del total de los gastos si no es con emisión monetaria y/o endeudamiento público? Dado que no hay vías alternativas, las consecuencias previsibles son la alta inflación y el exceso de endeudamiento que lleva al default. La actual crisis encuadra dentro de esta misma lógica. Por eso, es erróneo basar las explicaciones en hechos circunstanciales como la sequía, el contexto internacional o las erróneas estrategias del Gobierno Nacional. Mientras el sector público sea estructuralmente deficitario no hay posibilidades de emprender el desarrollo económico y social”, ratifican desde Idesa.

 

“La restricción externa –es decir, la incapacidad del sector exportador para generar divisas suficientes para financiar un proceso sostenido de crecimiento– es una derivación del desorden fiscal. Argentina cuenta con un sector productivo muy competitivo, pero sus posibilidades de exportar y generar divisas son cercenadas por un Estado degradado que genera impuestos distorsivos, insuficiencia de infraestructura, escaso apoyo al desarrollo tecnológico, altas tasas de interés, alta inflación e incertidumbre de largo plazo. En otras palabras, para superar la restricción externa hay que ordenar el Estado”, amplían en Idesa.

 

Con equilibrio fiscal se pueden evitar la emisión inflacionaria y el endeudamiento insostenible, concluye Idesa y dice: “Así, crear las condiciones para desmantelar las políticas antiexportadoras que quitan competitividad a los sectores productivos. Para ello, el debate político debería estar menos centrado en hechos circunstanciales y más en el abordaje con seriedad y profesionalismo de las estrategias para equilibrar estructuralmente al Estado”.

 

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