Frigerio: “Estamos trabajando para que tengamos unas Fiestas en paz”

5 de diciembre, 2018

 

El mes de diciembre es una marca en el calendario político argentino. El estallido político, social y económico de 2001, que terminó con el Gobierno de la Alianza, es el hito más importante que se ofrece de manera persistente como mal recuerdo y como alerta. Y durante los doce diciembre del kirchnerismo, dos de ellos fueron con turbulencias en las calles, algunos focos de violencia, saqueos a algunos comercios y denuncias de desestabilización. Por ende, cuando se avecina la parte final del año persisten las preocupaciones en los gobiernos nacionales y provinciales para contener descontentos y ofrecer con mayor atención algunas respuestas parciales.

 

En 2018 la sombra apareció. Más temprano de lo acostumbrado. Con la crisis cambiaria, que empujó la inflación más de la cuenta hacia arriba, y la mayoría de los indicadores económicos y sociales en retroceso. Pérdida de poder adquisitivo, incluida. Y no faltaron referencias al clima político, por parte del oficialismo y de la oposición. “Los argentinos queremos ir hacia el futuro, no queremos volver al pasado. Y creo que trabajar juntos para desterrar la violencia es el camino. Esta amenaza de los diciembres tiene que desaparecer, tiene que ser un mes más de la Argentina”, señaló el presidente Mauricio Macri, entre los balances del G20, que de algún modo le ofreció un poco de aire a su gestión.

 

“Hace rato que estamos trabajando para que haya paz social. Diciembre suele ser un mes complicado. Estamos trabajando para que tengamos unas Fiestas en paz a pesar de la difícil situación económica”, sostuvo ayer el ministro del Interior, Rogelio Frigerio. “Hemos reforzado los planes sociales, los comedores y los merenderos. Hemos trabajado de manera articulada con las provincias y los municipios, que son los que están más cerca de defender a los sectores más vulnerables”, señaló el ministro en una entrevista en radio La Red.

 

Hasta aquí, Cambiemos enfrentó una conflictividad social de mediana a baja, con presencia en las calles y visibilidad mediática, pero focalizada. Los puentes entre el Ministerio de Desarrollo y buena parte de las organizaciones sociales tuvieron cierta eficacia, en ese sentido. Módica en algunos casos, pero eficaz al fin. Sobre todo, teniendo en cuenta buena parte de esos indicadores sociales.

 

Por otra parte, la CGT descartó el paro general que tenía programadas, luego de que el Gobierno prometiera un bono de fin de año para compensar la pérdida de poder adquisitiva del salario. Bono que cobrarán los empleados estatales nacionales, algunos de los provinciales y un porcentaje (indefinido, todavía) de los trabajadores privados en relación de dependencia.

 

De todos modos, conflictividad sindical no faltó. Los docentes bonaerenses, disconformes con la propuesta salarial ofrecida por la gobernadora María Eugenia Vidal, los aeronáuticos y los bancarios estuvieron a la cabeza de la protesta. Mientras que Camioneros amenaza con nuevas protestas si los empresarios no cumplen con el bono de fin de año.

 

El asesinato de un militante de la CTEP, cuyo referente es Juan Grabois, a fines de noviembre, en un desalojo de la Policía Bonaerense, en La Matanza, fue otro punto de violencia registrado. De otra naturaleza, la suspensión de la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors, luego de que hinchas apedrearan un ómnibus que trasladaba jugadores hacia el estadio, generó zozobras.

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