Abrir la economía no será una tarea fácil para el Gobierno, dice informe

8 de diciembre, 2018

G20 Comunicado Final

El Gobierno quiere integrar más la economía con el mundo y cree que parte de la decadencia secular de Argentina responde a su aislamiento comercial. Allí aparecen iniciativas varias, con el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (UE) como el principal mascarón de proa. No es el único, por cierto.

 

Sin embargo, los mojones logrados aquí, como en otros terrenos, son escasos. En rigor, el elevado déficit comercial de 2017, que orilló los US$ 8.500 millones y será de US$ 6.000 millones en 2018, habla de una estrategia algo ingenua por parte de los policy makers.

 

Datos y obstáculos

 

“Nuestro coeficiente de apertura comercial (ratio exportaciones más importaciones sobre PIB) fue de apenas 25% en 2017, lo que nos convierte en una de las economías más cerradas del globo. La tenaz propensión al proteccionismo constituye un factor explicativo central de nuestro déficit de competitividad y, en última instancia, del escaso dinamismo económico”, dice un informe de Federico Muñoz.

 

Según el reporte, el camino hacia una mayor integración no será fácil. “Los esfuerzos aperturistas en Argentina deben lidiar con varios obstáculos”, dice Muñoz.

 

• “Uno de ellos es tener subordinada nuestra política comercial a un proyecto de integración regional -el Mercosur- que, desde hace tiempo, presenta un sesgo netamente proteccionista”, dice.

 

• Otro obstáculo quizás más relevante y significativo, agrega, “es que la sociedad argentina desconfía abiertamente de los beneficios del comercio y la integración económica internacional”. Días atrás, Pew Research -think tank americano que conduce sondeos de opinión globales- difundió una encuesta sobre la actitud social respecto al comercio internacional. “El resultado de la encuesta es tan contundente como impresionante: sobre 27 países relevados, Argentina es -por lejos- el que tiene una población más refractaria al intercambio comercial. En efecto, aquí sólo el 54% de los encuestados cree que el comercio es bueno para el país, mientras que el 38% opina que es perjudicial (las medias globales son 85% y 12% respectivamente)”, dice Muñoz. Además, el 53% de los argentinos cree que el comercio deriva en la destrucción de puestos de trabajo, en tanto que sólo el 19% entiende que el intercambio fomenta la creación de empleo (en el mundo, esas tasas son 24% y 49%).

 

• La experiencia económica de los ’90, dice Muñoz, “debe haber tenido bastante que ver en la gestación de este humor social”. El esfuerzo de apertura que promovió Carlos S. Menem terminó con tasas de desempleo de 18%, recuerda Muñoz. “La memoria colectiva tiende a asociar la apertura comercial con una degradación sensible de la situación social”, señala.

 

• También hay literatura que sugiere que el rechazo al libre comercio en nuestro país tiene razones más estructurales. Agrega Muñoz: “El desarrollo de una vasta industria sustitutiva de importaciones en la posguerra generó incentivos políticos persistentes para mantener su protección, más allá de su manifiesta ineficiencia”.

 

• “Sean cuales fueren las razones de este clima social, lo cierto es que constituye un condicionante clave para el diseño de la política económica”, concluye.

 

“El Gobierno parece estar convencido de que la economía argentina necesita abrirse gradualmente para mejorar su competitividad y escapar a décadas de decadencia. Sin embargo, es muy difícil avanzar en este sentido en un contexto social y político tan hostil a este tipo de iniciativas”, grafica Muñoz. El jueves pasado, recuerdo, la oposición se unió para rechazar en el Congreso un modesto acuerdo comercial con Chile. “Será muy larga y tortuosa la travesía de la liberalización comercial”, resume. El Gobierno deberá hacer pedagogía para demostrar que su integración con el mundo será, como siempre exalta, inteligente y beneficiosa para las mayorías.

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