“Efecto Sandleris”: plazos fijos en pesos, la estrella del mes

En octubre, el monto colocado en plazos fijos alcanzó los $1,425 billones, lo que implica un incremento mensual del 26%

 

Después de meses convulsionados en el mercado cambiario, del que se retiraron del país inversores extranjeros y muchos argentinos decidieron dolarizar su portafolio, la política del BCRA de apostar a tasas de interés elevadas está logrando que los ahorristas vuelvan a girar sus ojos hacia las alternativas en pesos.

 

La tasa de política monetaria del BCRA refleja el interés que devengan las Leliq, un instrumento que sólo puede ser suscripto por entidades bancarias. Pero, motivados a captar depósitos de sus clientes (individuos y empresas), los bancos recuperaron su rol intermediario y elevaron fuertemente sus tasas pasivas (es decir, las que pagan a los ahorristas por sus depósitos), generando incentivos para que éstos constituyan plazos fijos.

 

Así, la tasa promedio para colocaciones de corto plazo (30 a 44 días) pasó de 37,9% en la última jornada de septiembre a 51,4% al pasado viernes, una suba de 13,5 puntos porcentuales. Las operaciones más grandes obtuvieron los mejores incentivos: la tasa Badlar, que mide la retribución a plazos fijos mayores al millón de pesos colocados a 30-35 días subió 16,8 puntos, desde 35,3 a 51,9%.

 

Los resultados son contundentes: el monto colocado en plazos fijos alcanzó los $1,425 billones, lo que implica el 26% de incremento mensual. Se captaron depósitos por $296.000 millones. Incluso considerando una inflación estimada del 5% para octubre, el stock habría avanzado en torno al 20% en términos reales.

 

 

La semana de mayor dinamismo fue la del martes 16 al viernes 19, cuando el stock subió más de $110.000 millones, al atraer parte de los fondos de ahorristas que cancelaron sus Lebac en el marco del plan de desarme.

 

Para tomar dimensión, el stock actual de plazos fijos “tradicionales” ya es 12% superior a toda la base monetaria que Guido Sandleris prometió mantener congelada hasta junio ($1,275 billones). De esta manera, la tasa de referencia del BCRA está logrando cumplir su cometido no sólo de absorber pesos de las entidades bancarias sino también de incentivar a firmas y minoristas a optar por instrumentos en pesos, reduciendo la demanda de moneda extranjera.

 

El organismo que conduce Sandleris viene cumpliendo exitosamente su objetivo de mantener la base monetaria “freezada” por debajo de la marca de cierre de septiembre, pero debería, no obstante, mirar de reojo medidas de oferta monetaria más amplias. Al sumar base más plazos fijos, por ejemplo, se ve un avance del volumen monetario del 12% en lo que va del mes.

 

Sin embargo, pese a lo que parece en apariencia una “super tasa”, el rendimiento efectivo para una colocación en plazo fijo a un mes, con estas tasas nominales, es del orden del 4-4,5% mensual, insuficiente para empatar la marca de inflación de septiembre (6,5%) y la esperada para octubre (en torno al 5%), de modo que continúa resultando una tasa de interés real negativa. La desaceleración de la inflación esperada para noviembre y diciembre llevaría, en cambio, las tasas a terrenos positivos en términos reales (aun cuando las expresiones nominales bajaran un poco, en caso que el BCRA pudiera relajar su tasa de referencia al ir renovando el stock de Leliq).

 

En este sentido, más contundente aún es la performance de los plazos fijos UVA. Esta opción permite al ahorrista suscribir una cierta cantidad de pesos, que se reexpresan en UVAs a la cotización del día de la constitución del plazo fijo. Al final del plazo, el ahorrista recibe un cierto interés, más el capital reexpresado en UVAs con la cotización de esa fecha de vencimiento. De esta forma, este tipo de plazos fijos protegen al ahorrista de la inflación y le otorgan además un plus de interés, lo que constituye un rendimiento envidiable en meses como septiembre, cuando el IPC se disparó 6,5%. La mayoría de los bancos comerciales ya ofrecen a sus clientes la posibilidad de suscribir este instrumento, aunque con la desventaja (en comparación a un plazo fijo “tradicional”) de exigir plazos mínimos de permanencia mayores.

 

Los plazos fijos en UVA alcanzaron al pasado viernes 26 (último dato disponible) un total de $33.463 millones, lo que implica un salto mensual del 86% (al 26 de septiembre, alcanzaban $18.000 millones). Todavía son una porción minoritaria del ahorro nacional (equivalen al 2,4% del monto colocado en plazos fijos tradicionales), pero van ganando protagonismo: a principios de año, sólo equivalían al 0,4% de los tradicionales. Desde que comenzó en abril la inestabilidad cambiaria y consecuente reaceleración de la inflación, se triplicó la apuesta por este instrumento.

 

La contracara del aumento de los depósitos a plazo fijo es un retroceso de los depósitos a la vista en cuentas corriente y cajas de ahorro. Resulta lógico: en contextos de inflación, firmas e individuos intentan minimizar sus saldos “expuestos” y mantener el mayor volumen posible colocado en instrumentos que paguen interés. Así, los depósitos en caja de ahorro al pasado viernes se ubicaban en $486.000 millones, 3% por debajo de la marca a igual fecha del mes pasado. En cuenta corriente, las colocaciones a la vista ascendían a $586.000 millones, con una variación de -24% mensual. Los depósitos en dólares en el sistema local, por su parte, se mantienen estables, pivoteando en torno a los US$ 27.300 millones, 0,6% por encima de igual fecha del mes pasado.

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