Cristina vive (y no necesita de ningún respirador artificial)

Si Cristina continúa siendo una opción electoral atractiva para 2019, eso no obedece a la voluntad del Gobierno como a sus yerros en política económica

 

Por Ignacio Labaqui Analista Político y Profesor de UCA-UCEMA

 

A comienzos de año, luego de la contundente victoria en la elección de medio término de 2017, con una oposición fragmentada y con una economía en crecimiento, la reelección de Mauricio Macri parecía garantizada. A pesar de la caída en la imagen presidencial registrada desde fines de 2017 y ligada a factores varios tales como el cambio en la fórmula de ajuste en las jubilaciones, los aumentos tarifarios y una inflación–que aun siendo mucho más baja que la actual–, se mostraba difícil de domar, nada indicaba que la reelección de Macri enfrentara serios obstáculos. La fragmentación opositora y un contexto infinitamente más benigno que el actual sugerían que Macri no solo se encaminaba a romper la maldición de los gobiernos no peronistas surgidos de elecciones democráticas, que no han podido completar un mandato presidencial desde 1928, sino que también obtendría un nuevo período presidencial.

 

Sin embargo, tal como dijo el Presidente, “pasaron cosas” y hoy el escenario es radicalmente diferente. La economía se encuentra atravesando una crisis, en la sociedad predomina el pesimismo –tal como puede verse en el Indice de Confianza del Consumidor que mensualmente publica la Universidad Torcuato Di Tella– y la popularidad del Gobierno ha caído dramáticamente. El escenario electoral se ha tornado incierto y cualquier pronóstico sobre el resultado de las elecciones de 2019 resulta temerario.

 

Un conjunto de factores plantea dudas dentro del así llamado círculo rojo y dentro del mercado financiero tanto local como internacional, acerca de la viabilidad del proyecto reeleccionista de Macri. El deterioro del escenario económico –con una economía en recesión y una inflación mucho más elevada que la proyectada a comienzos de año–, el regreso del FMI –un actor que evoca malos recuerdos en la opinión pública– y las políticas requeridas para acceder al financiamiento del FMI, plantean un desafío para el Gobierno en materia electoral. Todo ello ha reavivado el temor del establishment económico tanto a nivel local como externo, sobre las perspectivas de un regreso de Cristina.

 

Ese temor, avivado por los primeros esbozos que se conocen de las propuestas que buscaría implementar un nuevo gobierno kirchnerista ha llevado a que el círculo rojo, tanto en su capítulo local como en su capítulo financiero (“Wall Street”) acusen al Gobierno de “inflar” a la ex presidenta, bajo el supuesto de que sin poder mostrar buenos resultados en materia económica, la única estrategia viable para que Macri logre ser reelecto es confrontar con Cristina Kirchner.

 

El temor aumenta dado que algunas encuestas recientes muestran un escenario de empate técnico entre Macri y la expresidenta, lo cual no permite descartar con certeza un regreso “del populismo”. Así, la crisis económica y la estrategia electoral del Gobierno, que supuestamente “levanta” a Cristina Kirchner, han logrado lo que hasta hace un año parecía impensable: que el kirchnerismo sea una alternativa competitiva en 2019. El Gobierno sin embargo confía en salir airoso de una elección en la que Cristina sea la principal rival a vencer y haya más de una candidatura peronista, incluso a pesar de la economía. El mercado parece compartir esa convicción. Aparentemente, lo que es visto como electoralmente positivo por el oficialismo, luce riesgoso para el mercado. De ahí la acusación de “inflar a Cristina”, blandida contra el Gobierno.

 

No pocos medios, comunicadores y analistas se han hecho eco de esta acusación. De acuerdo a un artículo publicado por el sitio La Política Online el 5 de octubre, un financista de Wall Street le espetó al presidente Macri durante un encuentro en Nueva York: «Usted quiere que invirtamos en Argentina, pero al mismo tiempo mantienen a Cristina viva y ahora hay riesgo de que gane. Y sabemos que si gana va a desconocer la deuda y planteará una reestructuración”.

 

Más recientemente, Sergio Berenztein sostuvo en una columna publicada en el sitio del canal de noticias TN: “Lo que más sorprende es que el Presidente y su equipo sigan alimentando la grieta y dándole tanto protagonismo a CFK. Se entiende el motivo: eso mejora muchísimo sus chances de retener el poder el año próximo, por el miedo a volver al pasado autoritario (…) Macri necesita una Cristina candidata y competitiva. Pero eso ahuyenta la inversión y eleva el riesgo país”.

 

En la misma línea, Marcelo Bonelli escribió el viernes pasado en su columna semanal de Clarín: “Wall Street dejó en evidencia la propia contradicción de Cambiemos al alentar la candidatura de Cristina. En Manhattan insisten en que de ese modo la principal arma electoral de la Casa Rosada se convierten en una pesada carga contra la economía” (Clarín, 2/11/2018). Al día siguiente Jorge Lanata se hizo eco del mismo argumento señalando que “el capital financiero cree que la apuesta oficial de coquetear con la candidatura de Cristina es como jugar a la ruleta rusa con dos balas” (Clarín, 3/11/2018).

 

Sin dudas, una Cristina competitiva con chances de ganar la elección presidencial de 2019 es un desaliento a la inversión y un factor que probablemente conspire contra una marcada reducción en el riesgo país (a pesar del voluminoso financiamiento obtenido de parte del FMI y que despeja las dudas sobre la capacidad de pago de deuda en 2019), habida cuenta de lo que, a partir de las propuestas conocidas, podemos esperar de una eventual administración cristinista.

 

Aun si ello es así, la acusación contra el Gobierno de “mantener viva a Cristina” peca de una ingenuidad y candidez notable. Según esta postura, Cristina sigue siendo una figura relevante dentro de la política argentina porque Marcos Peña y Jaime Durán Barba así lo han dispuesto. No solo quienes creen que el Gobierno “alienta a Cristina” o “la mantiene viva”, pecan de ingenuos. Más grave aún, o bien desconocen o bien subestiman profundamente al electorado.

 

Para ponerlo en términos claros, Cristina no necesita ni del Gobierno, ni de su principal estratega electoral para ser relevante en términos políticos. Sencillamente existe, sin necesidad de que nadie la mantenga viva. Basta con mirar el resultado de las elecciones en la provincia de Buenos Aires de 2017 para darse cuenta de ello: la boleta para Senador de Unidad Ciudadana, encabezada por Cristina obtuvo casi 3 millones y medio de votos, cerca del 38% de los votos en el distrito de mayor peso electoral. Como bien indicó Rodrigo Zarazaga en una reciente columna en La Nación el apoyo a Cristina es mayoritario en las zonas más pobres del conurbano bonaerense. Hay un núcleo duro de voto cristinista que es impermeable al crecimiento económico o a un incremento en la cobertura y en el monto de los planes sociales. Hay al menos un cuarto del electorado dispuesto a votar por Cristina y ello no responde a ninguna estrategia pergeñada con el Gobierno.

 

Si la expresidenta sigue siendo relevante políticamente, ello no obedece a un designio de la Casa Rosada como creen algunos operadores en los mercados o algunos analistas y periodistas políticos. Y la decisión de competir o no en 2019 tampoco depende de la voluntad de los estrategas políticos del Gobierno, sino de la propia Cristina. Incentivos no le faltan. Tiene un piso alto de votos, es la figura más competitiva de su espacio y es la dirigente opositora con mayor caudal electoral. Amén de ello, su espacio pone en juego un número elevado de bancas de diputados –es decir, sin una candidatura presidencial fuerte, el kirchnerismo tendría mucho para perder, y a la vez una cantidad ínfima de bancas de senador, con lo cual al revés de lo que ocurre en diputados, hay un potencial de crecimiento no despreciable.

 

Falta un año para la elección y ocho meses para saber si Cristina será candidata. Pero si algo debería resultar evidente a los que analizan la política argentina es que Cristina no se mantiene viva gracias al Gobierno sino a una franja del electorado –no menor, por cierto– que se identifica con su liderazgo y que valora positivamente ciertos aspectos de su gestión. Tal vez el círculo rojo, Wall Street y algunos de sus analistas, deberían tener una mirada más atenta a la política y mejorar sus herramientas interpretativas. Si Cristina continúa siendo una opción electoral atractiva capaz de disputar la presidencia en 2019, ello no obedece tanto a la voluntad del Gobierno, como a sus yerros en materia de política económica.

 

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