Bolsonaro, cambios y nuevas incertidumbres

El triunfo de Bolsonaro puede marcar un verdadero punto de inflexión en Brasil (y la región)

Agresión a Bolsonaro y una encuesta sin sorpresas

 

Por Héctor Rubini Instituto de Investigación en Ciencias Económicas de la USAL

 

El triunfo de Jair Bolsonaro puede marcar un verdadero punto de inflexión en la Historia de Brasil y, también, en la de nuestro continente. No sólo refleja el hartazgo del pueblo brasileño por los políticos corruptos y poco confiables sino la apuesta a una nueva agenda de prioridades que no descarta decisiones en línea con sus promesas electorales.

 

Rápidamente, el Presidente electo puso a trabajar a un equipo de 50 personas que recabará información de todas las reparticiones públicas hasta su asunción el próximo 1° de enero. Su Gabinete está por ahora en formación, pero de acuerdo a lo que se percibía en la campaña electoral, tendrá fuerte presencia y predicamento de militares retirados y en actividad.

 

El ministro de Ciencia y Tecnología será el teniente coronel Marcos Pontes, de la Fuerza Aérea, y el General (RE) Augusto Heleno Ribeiro Pereira será Ministro de Defensa quien estuvo a cargo de las fuerzas de paz de la ONU en Haití (2004-2005) y del Comando Militar de la Amazonia (2007-2008). En los años ’70 cuando entrenaba al equipo de pentatlón del Ejército en la Academia Militar de Agujas Negras en Resende tuvo de cadete a Jair Bolsonaro. Desde entonces la relación entre ambos es inquebrantable (de “padre a hijo”, según el entorno de Bolsonaro).

 

Otros dos militares que asumirían en el nuevo Gobierno serían Alessio Ribeiro Souto, en Educación, quien propone que los libros escolares reivindiquen el Golpe de Estado de 1964 y el General Oswaldo Ferreira en Infraestructura. Este último propone construir presas hidroeléctricas en el Amazonas hasta ahora canceladas por sus potenciales daños ambientales.

 

Por otro lado, se fusionarán los ministerios de Agricultura y Medio Ambiente con el objetivo de acelerar la explotación privada del Amazonas, con el inevitable riesgo ambiental.

 

Además, hoy se reunirá Bolsonaro con el juez Sergio Moro en Río de Janeiro para ofrecerle que elija aceptar el cargo de Ministro de Justicia, o el de presidente de la Corte Suprema. A su vez, el jefe de la Casa Civil (equivalente a Jefe de Gabinete de nuestro país) será Onix Lorenzoni, diputado del Partido Demócrata, de ideología liberalconservadora. Es veterinario, oriundo de Porto Alegre, al igual que el nuevo vicepresidente, el general Hamilton Mourão.

 

En cuanto al equipo económico, está más que confirmado el nombramiento de Paulo Guedes, egresado de la Universidad de Chicago y fundador del Banco Pactual. A principios de los ’80 trabajó en el Departamento de Economía de la Universidad de Chile, cuando el decano de la Facultad de Economía y Negocios era Jorge Selume Zaror, ex director de Presupuestos del gobierno de Pinochet.

 

Guedes fusionará los ministerios de Comercio Exterior, Planificación e Industria y Hacienda en el Ministerio de Economía. Ya ha anunciado que tratará de profundizar (no solo mantener) el sendero de ajuste fiscal de la actual administración y de impulsar una rápida reforma previsional en línea con el modelo chileno de cuentas de capitalización.

 

En cuanto al actual titular del Banco Central de Brasil, Ilan Goldfajn, su excelente desempeño ha sido motivo de apoyo de Guedes y también del propio Bolsonaro, por lo que desean que siga en funciones. Sin embargo, Goldfajn estaría listo para renunciar a fin de año si no cuenta con señales claras que aseguren la autarquía del BCB. Guedes y Bolsonaro son partidarios de promover una ley que otorgue total independencia a la entidad, pero en el Parlamento el
oficialismo cuenta con poco más de 10% de legisladores propios.

 

Donde se esperan más conflictos es en el Ministerio de Relaciones Exteriores. El domingo Bolsonaro no anduvo con vueltas y dijo: “Liberaremos a Brasil y a Itamaraty de las relaciones internacionales con el sesgo ideológico al que fueron sometidos en los últimos años”. Se aguarda un final abrupto para la prioridad del eje Sur-Sur y los Brics, y un fuerte alineamiento con Washington. Esto da por más que descontado el abandono de la priorización de bloques preferenciales con objetivos comerciales y políticos y el paso a una política de bilateralismo algo ecléctica. Daría la impresión que se trataría de conciliar tal práctica propia de regímenes proteccionistas, con una suerte de “portfolio” de tratados bilaterales con liberación de comercio selectiva con cada contraparte.

 

En ese esquema es más que obvio que si algo no es (ni puede) ser prioridad, es el bloque Mercosur. El “sincericidio” público de Guedes, al afirmar que “Mercosur no es prioridad”, no logró revertirse con sus disculpas de anteayer. Además, Guedes no desmintió sus dichos del domingo en el sentido de que Brasil optará por acuerdos bilaterales con todo el mundo sin atarse a ninguna unión aduanera.

 

¿Significará esto el fin del Mercosur? En el corto plazo es imposible, y no sería esa la intención última de Bolsonaro, ni de su equipo. Pero el nuevo Gobierno va a hacer sentir en la región el peso de su tamaño y de sus recursos. Forzosamente los demás miembros del Mercosur enfrentarán a partir de ahora una agenda marcada por las prioridades del nuevo gobierno de Brasil.

 

Bajo este nuevo escenario, el entorno externo para nuestro país puede registrar cambios hasta ahora no previstos. Habrá que ver si Argentina demuestra tener una estrategia flexible y pragmática para adaptarse a las nuevas condiciones. Pero si algo queda claro es que los tiempos fáciles de la “Brasildependencia” (y también de la “Chinadependencia”) en materia comercial empiecen a quedar atrás y fuercen a prestar atención no sólo a las cuestiones de estabilidad de corto plazo, sino a una genuina agenda de crecimiento, desarrollo económico e integración al mundo. Materias en las que, por lo que se ve en los últimos años, no se observan avances significativos en ninguna dirección.

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