¿Qué propone Bolsonaro?

La propuesta económica del candidato favorito para suceder a Michel Temer

 

Por Sebastián Senlle 

 

Desde “polémico y explosivo” hasta “misógino, homofóbico y fascista”. Los calificativos no son nunca tibios para describir a Jair Bolsonaro, el legislador de derecha y ex militar favorito, según las encuestas, a ganar la primera vuelta de las presidenciales brasileñas del domingo y que asentó su campaña en escándalos y declaraciones rimbombantes contra el sistema. En temas de economía, sin embargo, su perfil es más bajo: Bolsonaro admite no ser un entendido y señala al economista Paulo Guedes como su alter ego en la materia.

 

Y ahí, reside, justamente uno de los pilares del entusiasmo de los mercados con su candidatura, junto con el impedir el regreso del PT al poder en la primera economía latinoamericana, lo que podría revitalizar a los movimientos populistas de la región. Formado en la Universidad de Chicago, cuna del monetarismo, y con pasado en la Universidad de Chile durante el Gobierno de Augusto Pinochet, Guedes propone una política market-friendly con menor intervencionismo estatal (pide terminar con el “Estado dirigista y disfuncional moldeado por la dictadura militar”) y un saneamiento estricto de las deficitarias cuentas fiscales.

 

En diálogo con El Economista, el consultor brasileño Marco Bastos (fundador de Octopus Brasil) describe a Guedes como un hombre del mundo de las finanzas, conocido por sus estrategias arriesgadas, y columnista hace veinte años en O Globo, pero sin experiencia previa en cargos políticos. Bastos lo pinta como un personaje con un temperamento difícil, con una relación tensa con la prensa y que, en sintonía con Bolsonaro, descree de los valores democráticos tradicionales. “Ni Bolsonaro ni Guedes son demócratas”, apunta.

 

Sea que el balotaje termine coronando a Bolsonaro o Fernando Haddad, el escenario que le espera al próximo Gobierno es difícil, especialmente en materia fiscal, donde el déficit financiero alcanza un alarmante 7% del PIB, un nivel superior incluso al de Argentina, que cerró 2017 en 6,1%. A pesar de las medidas de ajuste tomadas por su sucesor, Michel Temer, la corrección lograda ha sido menor.

 

Pese a que lleva varios años con resultados deficitarios en el sector público e incluso cuando la cotización del dólar subió 21% en los últimos doce meses (desde 3,13 a 3,8 reales por dólar), la inflación aparece controlada, apenas por debajo del 5% anual. Las reservas son sólidas: se ubican en torno al 17% del PIB, superando los US$ 360.000 M. “El populismo no entró al Banco Central de Brasil. No lograron adueñarse ni de la maquinita, ni de las reservas, evitando la inflación”, explica Ramiro Castiñeira de Econométrica.

 

 

Pero la contrapartida es una trayectoria explosiva del endeudamiento del sector público. A agosto, la deuda “líquida” del Gobierno federal alcanzaba los 3,78 billones de reales (unos US$ 996.000 M, en torno a 50% del PIB). Pero la deuda pública “bruta”, medida por el BCB con los criterios recomendados por el FMI, alcanza un valor mucho más preocupante: un creciente 77,3% del PIB (5,2 billones de reales o US$ 1,4 billones).

 

Anoche la consultora Datafolha difundió su última a encuesta sobre las elecciones del domingo en Brasil: Jair Bolsonaro sigue creciendo y tiene una intención de voto de 35% (3 puntos más que en la medición anterior)

 

La ventaja del país vecino es que la enorme mayoría (94%) de ese stock es deuda emitida internamente, respaldada (a diferencia de nuestro país) en un sector financiero local mucho más grande y con un público que ahorra en moneda local.

 

Aun así, la trayectoria creciente del endeudamiento público resulta una amenaza atendible, toda vez que el déficit financiero no cede y los pagos de intereses ya equivalen al 27% del gasto público y superaron, en 2017, los 340.000 M reales (más de US$ 100.000 M, al tipo de cambio promedio del año pasado). El mercado no espera una corrección fiscal rápida, según el informe Focus, lo que llevaría la deuda líquida del Gobierno a más del 60% del PIB (la bruta se iría al 87-90% en ese escenario) para 2020-2021, de no mediar algún shock externo que empeore las posibilidades de financiamiento.

 

En materia de crecimiento, la performance de la economía vecina es pobre: aunque logró salir del pozo recesivo en que se hundió desde finales de 2014 (con retrocesos del PIB del 3,8% en 2015 y 3,6% en 2016), la recuperación es muy tibia, con un crecimiento del 1,04% en 2017 y la expectativa de llegar a 1,35% en 2018 (y acelerar al 2,5% en los tres años siguientes). De cumplirse estos pronósticos, recién en 2021 el PIB volvería a los niveles precrisis.

 

 

¿Qué propone?

 

Ante este panorama, ¿cuál es la propuesta económica de Bolsonaro? La clave está en repasar las ideas de Guedes. Bolsonaro anunció que, en caso de asumir, lo designará ministro de Economía, fusionando bajo su mando las carteras de Hacienda, Planificación, Desarrollo y Comercio. “El aparato público es muy complejo, en un país de 210 millones de habitantes, como para pensar que un solo mnistro sin experiencia en el sector público maneje toda la cartera”, explica Marco Bastos.

 

Guedes pone en el centro de su programa la corrección fiscal para empezar a desmontar “la bola de nieve” de la deuda pública y pone como slogan el acabar con los privilegios de la clase política, la burocracia y sus empresas aliadas, con el lema de “Más Brasil, Menos Brasilia”. Apunta que el Estado, entre gasto y déficit, consume 45% de los recursos pero no logra prestar servicios esenciales satisfactorios a su población y habla de mejorar la eficiencia del gasto. Bastos apunta que, a diferencia de los otros candidatos, Bolsonaro-Guedes propusieron avanzar con políticas de shock para eliminar en un año el déficit, pero no han dado mayores precisiones sobre cómo implementarían tal programa. “Es difícil pensar cómo harían semejante ajuste en democracia”, advierte.

 

Guedes aspira a realizar reformas sobre el régimen previsional, aspecto sobre cuya modificación no pudo avanzar el gobierno de Temer (“fuimos hasta donde pudimos”, reconoció el actual Presidente). El sistema previsional de reparto de Brasil, en palabras de Guede, es “una bomba de tiempo” que promueve una pésima alocación de capital e impide el crecimiento y que debe ser gradualmente reemplazado por un sistema de capitalización.

 

“Combatir la inflación durante veinte años con gastos creciendo es lo que produjo esta trayectoria de intereses altos”, explicó Guedes en una reciente entrevista con El País de España, al tiempo que apuntó que trabajará sobre los flujos de intereses (con la eliminación del déficit y el intento de reducir la tasa Selic, referencia de la política monetaria) y sobre el stock de deuda, donde propone la privatización de empresas públicas (unas ciento cincuenta, según calcula Bastos) para cancelar pasivos con esos ingresos (Guedes estima que podría reducir la deuda en el 20%, aunque nuevamente el cálculo resulta difuso). “Brasil se come un Plan Marshall por año en pago de intereses”, ilustra el economista para alertar sobre la gravedad del cuadro.

 

Un enforcement más efectivo de los derechos de propiedad, simplificación tributaria y un mantenimiento al “techo” de crecimiento del gasto impuesto por el gobierno actual también están en el repertorio de medidas que sugiere el potencial ministro.

 

Pese a la buena sintonía con que se ha movido en la campaña, el tándem Bolsonaro-Guedes exhibió algunas fisuras. El candidato presidencial, de formación militar, ha puesto en duda la idea de un único “flat tax” del 20% que sugirió su asesor y ha dicho que avanzaría con más reparos en privatizaciones de rubros que considera “estratégicos”, como la energía, donde el mercado aguarda con ansias una posible privatización de Petrobras.

 

Los analistas discrepan sobre cual es el escenario más conveniente para Argentina. Si bien esta semana tuvo declaraciones amigables hacia Macri, una victoria de Haddad podría revitalizar los movimientos de centro-izquierda de la región. Un triunfo amplio de Bolsonaro, en cambio, sería un duro golpe para el PT, aliado del kirchnerismo. Pero, como apunta Bastos, Bolsonaro habló de que buscará “renegociar el Mercosur”, sin detallar qué entiende por ello. Además, un Gobierno de un outsider antisistema significaría un duro test para la institucionalidad brasileña, de consecuencias imprevisibles.

 

Así las cosas, la combinación entre un discurso ultra-conservador en lo social que apela al “orden y los valores” y es agresivo para con las minorías (a cargo de Bolsonaro), con una agenda de reformas liberales cuyo núcleo apunta a la reducción del déficit y del gasto en intereses de la deuda para generar confianza en lo económico (a cargo de Guedes) parece ser la receta con la que el dúo del Partido Social Liberal intentará acceder al balotaje y quedarse con la presidencia de la primera economía latinoamericana, derrotando en las urnas al candidato de Lula.

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