¿Puede surgir un Bolsonaro en la política argentina?

En el corto plazo, la respuesta es negativa (y hay varios motivos)

Agresión a Bolsonaro y una encuesta sin sorpresas

 

Por Néstor Leone

 

El triunfo del líder del Partido Social Liberal en Brasil, el país más importante de la región en términos geográficos, poblacionales y económicos, principal socio comercial del país, abrió el debate y desató el alerta. ¿Puede surgir un Jair Bolsonero en la política argentina?

 

Sus discursos de abierta reivindicación de las prácticas de la tortura, sus alusiones homófobicas o misóginas, sus argumentos racistas y discriminatorios en varios sentidos, su desprecio por ciertas libertades básicas y sus promesas de persecusión a movimientos sociales y dirigentes políticos adversarios, no fueron un impedimento para llegar al Palacio de Planalto. Por el contario. Fue la argamasa de la que se ufanó y que le permitió interactuar con imaginarios, sentimientos y pulsiones no tan soterradas de la sociedad brasileña. ¿Puede darse algo parecido por aquí? La repuesta es no. En el corto y mediano plazo, por lo menos. A continuación, algunos argumentos posibles.

 

Estado del sistema político. Bolsonaro ganó las elecciones en un esquema de partidos en descomposición, en donde las fuerzas tradicionales quedaron arrinconadas. En especial, el Movimiento Democrático Brasileño, el partido de Michel Temer, de tradición neoliberal. Y el Partido de la Social Democracia Brasileña, socialdemócrata y ligado al expresidente Fernando Henrique Cardoso. Ambos, con un rol clave en la destitución “floja de papeles” de Dilma Rousseff. Incluso el PT, su contrincante en el balotaje, podría ingresar dentro de esta misma descripción. Es cierto que tenía detenido e inhabilitado a su principal líder, Lula Da Silva, primero en las encuestas poco tiempo atrás, pero también lo es que hace tiempo viene perdiendo anclaje en los principales centros urbanos e industriales, su base histórica de sustento, y mucho de su halo transformador. En Argentina, el sistema de partido parece mantenerse más en pie, luego de la sacudida de 2001. Con una coalición oficialista estable y una oposición fragmentada, pero menos que hace dos años, y con el kirchnerismo como aglutinador posible. En esa disputa de “modelos” y de virtual polarización, ni un “que se vayan todos” de nuevo tipo ni un outsider por fuera de estos dos universos parecen con chances de prosperar o ganar visibilidad determinante.

 

Cambiemos obtura su surgimiento. Es probable que existan descontentos o que ciertos discursos en consonancia con los que permitieron el ascenso de Bolsonaro tengan algún eco social mayor por estos días, pero no parecen con capacidad de prosperar con fuerza propia en tanto la coalición gobernante en Argentina mantenga la centralidad actual, aun en la derrota. Es difícil pensar razones por las que un votante disconforme (malquistado, defraudado) “por derecha” deje lado su inclinación en última instancia por Cambiemos.

 

Distintas estructuras y dinámicas sociales. Pensar que pueden replicarse mecánicamente experiencias sólo por proximidad geográfica o afinidades de algún tipo resultan muchas veces una simplificación. Estas cuestiones no suele aparecer en los análisis (ni resulta salvoconducto definitivo), pero no son menores e inciden en los procesos políticos.

 

Legitimidad de las FFAA. El prolongado gobierno militar en Brasil (1964-1985) fue represivo y autoritario, y formó parte en su momento de la interconexión de los procesos represivo de la región, como quedó demostrado en las investigaciones por el Plan Cóndor. Pero fue menos “intensa” que en los otros países del Cono Sur. No sólo no tuvo la cantidad de víctimas que en Argentina o en Chile, tampoco resulta comparable en términos de su sistematicidad. Las diferencias incluyen una impronta más “nacional y desarrollista”, muy lejana a las dictaduras de Videla o de Pinochet. Por esas y otras causas conexas también abandonaron el poder con cuotas mayores de legitimidad social. La posibilidad de un militar con discurso autoritario y acceso mediante las urnas a la presidencia parece mucho más difícil en nuestro país.

 

Políticas de memoria y justicia. El juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad y la búsqueda por mantener en la memoria las consecuencias de esas interrupciones del orden institucional y de la supresión de las libertades cívicas en nuestro país contribuyeron a generar defensas más altas en términos sociales respecto de riesgos autoritarios. La sociedad civil, además, generó canales para expresar otras demandas y incorporar otros derechos. En ambos casos, experiencias diferentes a las de Brasil. Resulta impensado pensar en un dirigente con un discurso como el de Bolsonaro con capacidad de conquistar mayorías en nuestro país.

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