“Por ahora, el Gobierno logró frenar la dinámica de crisis”

El Economista dialogó con Lorenzo Sigaut Gravina (Ecolatina)

 

Entrevista a Lorenzo Sigaut Gravina Economista Jefe de Ecolatina Por Alejandro Radonjic

 

El Economista dialogó con Lorenzo Sigaut Gravina (Ecolatina), tras una semana cargada de novedades en el frente económico, sobre el cierre de 2018, las perspectivas para 2019 y las tensiones del plan económico.

 

Concluyó una buena semana para el Gobierno. Además de la aprobación del Stand By 2.0 por parte del FMI y la media sanción de Presupuesto 2019, se difundieron varios datos con tendencias positivas: déficit primario, superávit comercial, saldo de Cuenta Corriente, renovación de Letes (92% de rolleo) y sigue la calma cambiaria. Datos, por cierto, que conviven con números rojos en el nivel de actividad aún y con una política monetaria muy contractiva. ¿En qué fase de la crisis iniciada en abril diría que estamos?

Tras el anuncio de un segundo acuerdo con el FMI, basado en déficit primario cero, estabilidad nominal de la base monetaria y bandas cambiarias móviles con amplia zona de no intervención del BCRA, el Gobierno ha logrado una mayor estabilidad frenando la dinámica de crisis. De todas formas, aún no se puede cantar victoria. La calma cambiaria de julio precedió a la tormenta de agosto. El nuevo set de política económica es más consistente y reduce al mínimo las necesidades financieras del Tesoro hasta fines de 2019 gracias a mayores desembolsos del FMI, aumentando las chances de lograr la ansiada estabilización del peso recomponiendo la demanda de dinero y/o reducir la dolarización de activos. Si este fuese el caso, estaríamos entrando en una fase en que las preocupaciones pasan de las variables nominales al plano real y social: recesión, cierre de empresas, pérdida de empleo, caída del ingreso real de las familias, aumento de la pobreza y el desempleo, entre otras. La tensión entre la mejora de los desequilibrios gemelos y el deterioro de la actividad y la demanda interna será elevada. Si no bajan rápido las tasas de interés, si la cosecha agrícola no repunta o si la recesión se prolonga, los cuestionamientos al tratamiento propuesto por el FMI irán en ascenso, lo cual puede jaquear la sostenibilidad del planteo económico. En un extremo, el deterioro del frente interno forzaría al Ejecutivo a flexibilizar el ajuste monetario y fiscal incumpliendo lo acordado con el FMI. En el otro, se lograría atravesar durante el primer semestre de 2019 el duro desierto en materia real y social, logrando una recuperación y estabilidad dependiente de novedades favorables del proceso electoral.

 

Aún no se puede cantar victoria: la calma cambiaria de julio precedió a la tormenta de agosto

 

¿Cómo están avizorando en Ecolatina el 2019? Comencemos por la actividad. El consenso apunta a un nuevo año de caída, pero con la economía pegando la vuelta en algún momento del primer semestre y creciendo en el segundo. ¿Coinciden?

Los sectores transables, y en particular la agroindustria, si se materializa una buena cosecha, van a empezar a traccionar el PIB en el primer semestre de 2019. Lo que no es fácil de prever es a partir de qué momento se va a recomponer la demanda interna, lo cual es necesario para lograr que la recuperación se extienda a los sectores no transables (principalmente servicios). Si bien es posible que la actividad crezca en el segundo semestre de 2019, para que ello suceda deberían disiparse dos grandes focos de inestabilidad cambiaria. Ellos son el proceso electoral y las dudas de los inversores externos sobre el repago de la deuda en moneda extranjera a partir de 2020, cuando los desembolsos del FMI serán mínimos.

 

La tensión entre la mejora de los desequilibrios gemelos y el deterioro de la actividad y la demanda interna será elevada

 

¿Y en el frente inflacionario? Daría la impresión de que con dólar calmo, tarifas más controladas y rigor monetario será más baja, ¿pero cuánto más?

Si nuestro país logra mayor estabilidad cambiaria la inflación debería moderarse significativamente, especialmente después de los primeros meses de 2019 cuando terminen de acomodarse los precios relativos a los sucesivos saltos cambiarios producidos en 2018. La magnitud de la baja de la inflación dependerá en última instancia de lo que suceda con el tipo de cambio y las paritarias. El Gobierno puede acotar más rápidamente la suba de precios apelando al ancla cambiaria, pero se lograría a costa de mayor atraso, es decir, pan para hoy, corrida para mañana. Asimismo, puede aceptar una menor reducción de la inflación, si convalida aumentos salariales elevados para garantizar una recomposición del poder adquisitivo de los trabajadores en un año electoral.

 

¿Hay riesgos a la baja para el escenario que describe y/o alguna nube gris que se pueda poner negra o es un escenario bastante consolidado el que describe?

Si bien hemos mencionado diversos riesgos que enfrentará la economía argentina de cara a 2019, conviene hacer un breve repaso cronológico. En lo inmediato, existe el riesgo, con baja probabilidad de ocurrencia, de que por diversos motivos el nuevo plan económico no logre estabilizar la demanda de dinero y/o frenar la dolarización de activos. Si el plan de estabilización es exitoso, el deterioro de las variables reales y sociales pasa a ser el principal pasivo. Nuestra sociedad puede no aceptar el sacrificio impuesto por el apretón fiscal y monetario, forzando al Ejecutivo a flexibilizar el ajuste ideado con el FMI, tensionando significativamente la relación con nuestro prestamista de última instancia. Como mencionamos anteriormente, si se logra una recuperación de la actividad a mediados del 2019, hay dos riesgos latentes para la estabilidad cambiaria: el proceso electoral y las dudas sobre el pago de la deuda en moneda extranjera a partir de 2020. Por último, si bien son difíciles de prever, no se puede descartar el deterioro del contexto internacional o problemas climáticos, que posterguen la recuperación y/o exacerben la dolarización de activos.

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