Los desafíos económicos que enfrentará el gobierno de Bolsonaro

En Brasil, el mundo de los negocios desconfiaba de Bolsonaro, pero terminó apoyándolo frente al temor de un regreso del PT al poder

 

Como lo habían anticipado las últimas encuestas (con asombrosa precisión, esta vez) Jair Bolsonaro es el Presidente electo de Brasil: obtuvo el 55 % de los votos contra el 45% de Fernando Haddad.

 

Si bien Bolsonaro fue siempre un candidato muy resistido por amplios sectores, quedó demostrado que el sentimiento anti-PT también es muy fuerte en Brasil, más allá del apoyo personal que conserva Lula. De esta manera, se termina un ciclo político en Brasil durante el cual prevalecieron dos coaliciones: una liderada por el PSDB y la otra por el PT, que se habían repartido los gobiernos desde el retorno de la democracia. Ahora comienza una nueva etapa.

 

El amplio respaldo obtenido por Bolsonaro en el balotaje no tendrá traducción en el Congreso. Allí seguirá reinando la fragmentación, con 30 partidos representados en la Cámara de Diputados y 21 en el Senado. Frente a ese escenario, que no es nuevo, los gobiernos anteriores respondieron con un presidencialismo de coalición que resultó eficaz para asegurar gobernabilidad pero su mantenimiento se hizo mediante prácticas corruptas. De todas maneras, las reformas pendientes en Brasil parecerían conducir inevitablemente a que Bolsonaro busque aliados para poder llevarlas adelante. Entre ellas se destaca la del sistema previsional que, según la visión de los mercados, es indispensable para que Brasil pueda tener sus cuentas fiscales en orden.

 

 

Las demandas en el terreno económico se harán sentir porque el país sufrió una dura recesión en 2015 y 2016 y la recuperación es muy lenta. En 2017, el PIB subió 1% y según los analistas del mercado lo hará 1,4% en 2018 y 2,5% en 2019. Con tan bajo crecimiento, la tasa de desempleo se mantiene alta y supera el 12% sin que se vislumbre una recuperación inmediata.

 

Las mejores noticias de la economía brasileña provienen de la tasa de inflación que se ubicará en 2018 por debajo del 4,5% y del frente externo. Brasil tiene un elevado superávit comercial, que alcanzaría los US$ 55.000 millones en 2018, un déficit de Cuenta Corriente relativamente bajo y el Banco Central de Brasil tiene un gran poder de fuego: US$ 380.000 millones de reservas.

 

Los mercados financieros y el establishment económico terminaron apoyando a Bolsonaro para evitar el retorno del PT, pero no fue su primera opción. A medida que se consolidaba Bolsonaro en los sondeos, la Bolsa subía y el dólar bajaba. Los analistas estiman que esa tendencia se mantendrá en el corto plazo, pero una vez que asuma Bolsonaro, el 1° de enero de 2019, deberá demostrar que está en condiciones de ayer adelante un proceso de cambios. De lo contrario, los mercados volverán a llenarse de dudas.

 

En el terreno económico, cuenta con la ventaja de que el punto de partida es malo y, por lo tanto, su gestión tiene todo para mejorar. De todas maneras, hay analistas que consideran que puede haber mucha tensión entre distintos sectores de la coalición de gobierno. Por un lado, están las ideas liberales del asesor económico Paulo Guedes y, por el otro, la visión nacional-desarrollista de muchos militares cercanos al Presidente electo. Claro que no todo será economía porque también hay una fuerte demanda social para terminar con la corrupción y con la violencia cotidiana que se expresa en los 64.000 homicidios por año que se registran en el vecino país.

 

Para la región, todo lo que ocurre en Brasil es clave. El triunfo de Bolsonaro genera preocupación por algunas de sus definiciones, pero los gobiernos deberán prepararse para trabajar con él durante los próximos años. Pero es un avance, que luego del Gobierno de Michel Temer, llegue un presidente surgido del voto popular y que, por lo tanto, la situación política se normalice. Desde el punto de vista económico, que la economía más grande de la región vuelva a crecer y que su moneda se aprecie es una buena noticia para todos.

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