Postales del analfabetismo financiero

Hoy, el futuro del cheque

Por Ezequiel Baum *

 

-“No, no podés cobrarlo por ventanilla. Está cruzado. Vas a tener que depositarlo”.

 

Pocas cosas más forzosas en la vida financiera que el aprendizaje sobre uno de los elementos más arcaicos del universo bancario. El cheque es un papel que, si bien no es dinero, permite acceder a un monto determinado, escrito en números y letras. El cheque es una orden de pago contra una cuenta corriente en un banco. Lo recibimos y lo podemos depositar y de esa forma sale dinero de la cuenta del que lo firmó y se acredita en la cuenta de quien lo depositó. Esto siempre y cuando haya fondos al momento de que se presenta para cobrarlo. Lo podemos cobrar en ventanilla, si quien lo firmó no lo cruzó, un mecanismo que se usa para darle trazabilidad al movimiento de dinero. Podemos hacerlos circular mediante el endoso, usando cheques emitidos por terceros, para pagarle a un fulano que no tiene relación con quien lo confeccionó. Hace unos cuantos años, cuando los cheques eran al día, se estiraban los pagos escribiendo fechas postdatadas. Eso dio origen a una práctica de crédito comercial, totalmente informal, entre las partes y luego derivó en la forma elegida por la mayoría de las empresas argentinas para darse crédito entre clientes y proveedores, mediante el cheque de pago diferido. A medida que se consolidó su uso, se inauguraron operaciones financieras desconocidas por la mayoría de las personas , como garantizarlos con sociedades de garantía recíproca o descontarlos en bancos, financieras o incluso en la misma bolsa. El descuento de cheques es una de las formas más comunes a través de las cuales se fondean las pymes, canjeando el cheque por un monto en efectivo menor al que c obrarían si lo esperan al vencimiento, penalidad que se convierte en el costo financiero por no tener capital de giro.

 

En Argentina, por año, se compensan unos 90 millones de cheques. Si bien es posible que muchos cheques sean “al día”, la realidad es que la mayoría de los pagos inmediatos hoy se cursan mediante transferencia electrónica, lo que nos permite suponer que ese número es una buena aproximación de la cantidad de transacciones que involucran crédito comercial.

 

Es un sistema que se sostiene en la confianza. ¿En la confianza de qué? De que si el firmante no tiene fondos en la cuenta, se puede activar un proceso judicial relativamente rápido (ejecutivo) para cobrar de alguna manera.

 

“¿Vos sabés cuántos cheques cobré en sede judicial en estos años? Ninguno. Siempre se arregla antes de alguna forma”. Juan Manuel Truffa tiene más de 20 años de experiencia en bancos y es uno de los socios fundadores de Pagos Futuros, empresa que cofundamos en 2017 con la premisa de revolucionar la manera en la que las empresas se dan crédito entre sí.

 

“Desde el punto de vista de innovación tecnológica, hay algo trunco con el cheque. Hay sistemas que permiten emitirlos electrónicamente, pero enviándolo a imprimir con una impresora de matriz de puntos sobre un formulario continuo que ya tiene la firma autorizada preimpresa. Y en algunos casos se lo puede depositar sacándole una foto. Pero todo el proceso intermedio es esencialmente el mismo desde hace décadas: papeles yendo y viniendo o peor, ocupando lugar”.

 

Adrián Mazza, otro de los socios con el que coincidimos en el primer hackatón de Innovación Financiera organizado por el BCRA y el Ministerio de Modernización, planteó de entrada el desafío. Había que buscarle la vuelta al proceso de circulación de la confianza en promesas de pagos y cobros que descansan en un objeto adulterable y en la tranquilidad de poder cobrarlo en sede judicial. Aunque nunca se llegara a esa instancia. El equipo lo completamos con Gloria Canseco, que trajo todo el know-how legal para aportar al diseño de una solución superadora, el pago electrónico diferido.

 

 

Cuando nuestro proyecto quedó finalista nos dimos cuenta de que estábamos yendo a contramano de la moda de las fintech. Mientras el mercado se saturaba de soluciones de pago inmediato o de plataformas de micro-préstamos online fáciles de tramitar pero con tasas de interés astronómicas, nosotros decidimos enfocarnos en una solución que saque al cheque de papel de nuestras vidas. No sólo eso, que le brinde mucha más flexibilidad a un proceso de crédito que descansa en la confianza encadenada por relaciones comerciales, ahí donde los bancos no pueden hacer pie o donde el material para ponderar el riesgo es insuficiente.

 

El 1º de octubre de este año el BCRA publicó la Comunicación A6578, reglamentando al cheque electrónico. Si bien es muy temprano para anticipar cuando veremos los primeros cheques electrónicos, creemos que es un paso en la dirección correcta. Dirección que anticipamos mediante el desarrollo de una solución que no sólo contemple las prestaciones básicas de un cheque físico en formato digital. Además diseñamos nuevas funcionalidades a través de una plataforma
que facilite el fraccionamiento, permitiendo transformar por ejemplo un pago de $ 100.000 en 4 pagos de $ 25.000 que luego puedan circular, quedar en cartera o ser descontados. O que permita el pago parcial, una variante del fraccionamiento que frente a un caso de fondos insuficientes facilitaría el pago por la parte que se pueda cubrir y el resto quede a negociar, evitando que se corte la cadena de pagos; o que habilite la emisión de paquetes de pagos, abriendo el juego a un esquema de financiamiento en cuotas alternativo; conviviendo con diferentes productos a la medida de la gran variedad de necesidades del sistema financiero.

 

Parafraseando al peronismo, donde hay una necesidad hay una oportunidad de innovación. Así como el e-mail fue el reemplazo tecnológico del correo y, de la misma manera, las plataformas de streaming sepultaron el alquiler de videocassettes para ver películas, es sólo cuestión de tiempo hasta que el cheque de papel pase a ser una pieza de museo en ese proceso abriendo un montón de oportunidades para generar más valor.

 

*Economista especializado en educación financiera, autor de Ordená tu Economía, fundador de Trainer Financiero y cofundador de Pagos Futuros

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