El acuerdo USMCA refleja el menú de la Casa Blanca

Los miembros del nuevo acuerdo USMCA (EE.UU., México y Canadá) invirtieron la precedencia alfabética y cedieron a EE.UU. el encabezado de la lista (entre otras cosas)

La manipulación cambiaria pierde espacio

 

Por Jorge Riaboi Diplomático y periodista

 

El irreverente semanario The Economist de Londres tardó un suspiro, menos de 24 horas, en detectar que el 30 de setiembre, cuando finalizó la etapa inicial del proceso destinado a reemplazar y rebautizar el Nafta, Donald Trump conseguía un notable hito en la cruzada por hacer realidad el slogan “América Primero”. Los miembros del nuevo acuerdo USMCA (Estados Unidos, México y Canadá), invirtieron la precedencia alfabética y cedieron a EE.UU. el encabezado de la lista. Y aunque el texto sustantivo pueda ser blanco de numerosas críticas, la batalla por la figuración fue ganada por el Jefe de la Casa Blanca.

 

El nuevo Acuerdo también emerge como la probeta del enfoque que Washington espera utilizar en proyectos y conflictos de mayor envergadura, como los que tiene pendientes con China, Japón y la Unión Europea. Su texto sintetiza el modelo de proteccionismo y mercantilismo regional hoy triunfante, que es el vivo testimonio de que la racionalidad política “no garpa” y que la liberalización comercial es un proceso digitado desde las alfombras del poder.

 

Pero sin ánimo de amargarle la fiesta al habitante de la Oficina Oval, hay muchos opinantes que sostienen que el mero cambio de nombre le dio la espalda a no menos de tres problemitas. El primero, es haber omitido la solución de varias costuras sueltas (entre ellas la importación de acero y aluminio) al ser aprobados sus 34 capítulos con enfoques que pueden generar un difícil proceso de ratificación parlamentaria. El segundo, introducir esquemas de política comercial que son un evidente copy-paste del Acuerdo Transpacífico al que Washington renunció precozmente y sin lógico motivo apenas Trump llegó al poder. Y además, el promover reglas de un nuevo modelo que introduce la misma clase de proteccionismo reglamentario que Washington dice combatir en la Unión Europea, con un perfil que tiende a provocar inflación de costos, barreras económicas y deterioro de la calidad de vida de los consumidores.

 

El antedicho diagnóstico figura hace tiempo en los pronósticos del Fondo Monetario, la Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos y en una oportuna advertencia de los analistas que asesoran al sector privado (Bloomberg dixit). Trump elevó el déficit de presupuesto a US$ 782.000 millones, unos US$ 180.000 millones más que todo el PIB de Argentina.

 

Ante ello vale la pena hacer una síntesis de las innovaciones englobadas en el USMCA, con la aclaración de que la referencia es a los insumos, no al texto legal de las reglas plasmadas como derechos y obligaciones. Esto último es, por ahora, una tarea inviable por las restricciones que existen para leer el texto final. Los elementos que se citan provienen de Laura Dawson, especialista del Wilson Center y de un rejunte de fuentes propias y ajenas, sobre las que asumo directa responsabilidad. Al leerlo, se debe recordar que Estados Unidos absorbe el 80% de las exportaciones totales de México y el 75% de las canadienses (Canadá es el primer socio comercial de Washington y ambos socios exportan a EE.UU. esencialmente por camión, tren, ductos o líneas transmisoras), lo que explica por qué nunca fue creíble la opción azteca que imaginaron los “estrategas de nuestro país” que hablaban de forjar una alianza norte-sur de mercados emergentes.

 

Entre los conceptos que incorpora el USMCA se hallan reglas contra la corrupción, normas contra las devaluaciones competitivas inspiradas en las disciplinas del Fondo Monetario (las que hasta el momento se consideraban difíciles de aplicar) y la inmediata descalificación del socio del USMCA que intente concretar un acuerdo bilateral con un tercer país considerado por alguno de sus Miembros, como ajeno a la economía de mercado (non market economy) al momento de suscribirse el acuerdo (no sé por qué esto huele a cinturón cuarentenario contra “China”).

 

  • Industria automotriz. En adición a todo lo dicho en columnas anteriores, está claro que gozarán de los beneficios arancelarios de importación aquellos bienes que tengan un 75 por ciento de valor agregado regional y, esto no lo tengo confirmado en la versión final, entre 40% y 45% de valor propio de cada exportador (hubo un debate acerca de cómo computar el diseño, la tecnología, la cibernética y otros servicios al estimar los relevantes valores agregados). Otros productos con reglas de igual o superior exigencia son químicos, los siderúrgico-intensivos, el vidrio, la fibra óptica y los textiles. El 40-45 % de los productos automotrices, deberá provenir de industrias con personal que reciba ingresos superiores a US$ 16 la hora, requisito que supone re-balancear el negocio a favor de plantas localizadas en Canadá y Estados Unidos. Los beneficios preferenciales de acceso a los Estados Unidos serán aplicables a un volumen que no exceda, individualmente, los 2,6 millones de automóviles por año en los casos tanto de México como de Canadá (va de suyo que a Estados Unidos no se le aplicaría esa restricción), lo que supone, en lenguaje técnico, una cuota-tarifaria unilatera. Ignoro cuál será el arancel aplicable a quien en teoría pueda superar esa cuota. En la actualidad los autos pagan 2,5% de arancel general y los camiones el 25%, y ese volumen de unidades excede el nivel histórico de las exportaciones registrado por los referidos socios.

 

  • Agricultura. Las tarifas de importación que están en cero quedarán en cero y no habrá aplicación discriminatoria en materia de estándares de gradación (tema que afecta a Canadá). Ottawa aceptó bajar sus restricciones sobre lácteos (y creó una cuota tarifaria del 3,5% de su consumo doméstico, lo que incluiría la leche ultra-fina, una vieja reivindicación de Estados Unidos. Esa cuota es 1,5 puntos menor que el acceso mínimo obligatorio establecido en la Ronda Uruguay del GATT, aclaración mía).

 

  • Indicaciones geográficas. Washington se planteó bajar del caballo las concesiones efectuadas por México y Canadá a la Unión Europea (en el marco de sus respectivos acuerdos bilaterales con Bruselas). Ignoro el resultado de este objetivo, pero resulta difícil creer que Ottawa pueda licuar el Ceta (su acuerdo bilateral con la UE) y México el suyo, que acaba ser renovado y actualizado. Estos derechos son una de las becas más rentables que tienen en el menú los miembros de la UE.

 

  • Propiedad Intelectual y Comercio Digital. Ambos socios de Washington aceptaron darles 10 años de protección en materia de drogas biológicas, que es más que lo pactado originalmente de manera horizontal en el Acuerdo Transpacífico (TPP). EE.UU. pedía 12 años pero debe estar más que contento con lo obtenido en el ámbito del USMCA. Sobre comercio digital fueron trasplantadas las concesiones que se acordaron en el TPP.

 

  • Cláusula de Terminación Automática. Este disparate fue rechazado por México y Canadá por lo que se acordó que el USMCA tendrá vigencia por 16 años, con una posible revisión al sexto año para ampliar el plazo en otros 16 años. Estimo que no hace falta reiterar lo dicho en columnas anteriores, ya que es claro que los vencimientos sorpresa y cortos no son un incentivo para la inversión y los flujos comerciales.

 

  • Servicios Financieros. No avanza mucho de lo que sucede en Ginebra dentro del GATS y en el proyecto plurilateral TISA en materia de trato nacional, cláusula de Nación más Favorecida (NMF) y concesiones de acceso a los mercados. Para ninguno de los tres socios son asuntos traumáticos. Se prohíbe la exigencia de establecer lugar propio para el almacenamiento de datos, cosa que a Washington le había salido torcida al negociar en el TPP y la UE por separado.

 

  • Solución de Diferencias (disputas inversor-Estado). En el caso de México se acordó la supervivencia para algunos sectores (estimo que para energía y telecomunicaciones, pero esto último no lo tengo claro aún). Canadá hizo un punto central de la preservación del artículo 19 sobre disputas regionales del NAFTA, texto que permaneció básicamente como estaba. Ignoró que pasó con las industrias culturales, un punto central de Canadá.

 

  • Estándares laborales y ambientales, y otros conflictos. En apariencia se profundizaron las normas del Nafta, pero los demócratas dicen que queda tela por cortar, aspecto muy sensible debido a que la ratificación del USMCA se va a realizar con los nuevos Congresos de México y EE.UU. Además, es conmovedor que uno de los países más responsables y frívolos en materia de daño ambiental y climático (Estados Unidos), le exija buena letra a sus socios comerciales. El debate de estos temas está muy distorsionado por ser una pantalla del debate central sobre localización de inversiones y competitividad exportadora. El nuevo acuerdo sólo ofrece una consulta previa de 60 días antes de aplicar las normas sobre Seguridad Nacional que corrompieron el mercado del acero y el aluminio, por lo que llama la atención que este punto pasara el examen.

 

Y es menos lógico que esta bocha de reglas sobre integración sea catalogada como una forma positiva de liberalización del comercio.

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