Bolsonaro y los límites del poder

Una mayoría expresó su hartazgo con la inseguridad, la corrupción y el estancamiento

 

Por Tomás Múgica Analista político

 

Con el triunfo de Jair Bolsonaro, la mayoría de la sociedad brasileña expresa su hartazgo con la inseguridad, la corrupción y el estancamiento económico. Males que atribuye no sólo al demonizado PT, sino a la dirigencia política en general. Se cierra así el ciclo iniciado en 2002 con la elección de Lula Da Silva, cuyo Gobierno a un tiempo mejoró significativamente las condiciones de vida de los brasileños más pobres y expuso los males de un sistema político caracterizado por la fragmentación y la venalidad.

 

Con nula experiencia de Gobierno y sin una coalición partidaria sólida, el próximo Gobierno de Bolsonaro abre grandes interrogantes. Durante su ascenso desde los márgenes de la política brasileña el ex militar prometió orden –incluso por encima de la ley– entendido como cárcel para los corruptos y balas para los delincuentes; familia, en cuanto reivindicación de valores conservadores de base religiosa que rescaten a la nación brasileña de una supuesta decadencia moral y liberalismo económico como respuesta a una economía estancada y un Estado ineficiente.

 

A nivel externo lo visto hasta aquí permite esperar mayor cercanía con Estados Unidos, sin que ello implique total identidad de intereses; un endurecimiento frente a Venezuela (y por tanto una profundización del aislamiento de Maduro); una posición más propensa a la firma de acuerdos de libre-comercio con otros bloques o países; y relaciones políticas –aunque no económicas–más distantes con China.

 

La implementación de este programa deberá lidiar con un Congreso fragmentado; un Poder Judicial que mediante el proceso Lava Jato ha demostrado su poder; un equipo de gobierno heterogéneo, en el cual podría haber tensiones acerca del rumbo económico entre posiciones liberales y nacionaldesarrollistas; y un contexto externo que, aunque benévolo y expectante por el momento, seguramente representará un obstáculo ante un eventual cercenamiento de las libertades democráticas. Llega el momento de gobernar y Bolsonaro se enfrenta a los límites, institucionales y fácticos, que impone el ejercicio del poder. De su respuesta dependerá, en buena medida, el futuro de la democracia brasileña.

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