Arrasó Bolsonaro y quedó a un paso de la Presidencia

¿Qué impacto tendrá en Argentina?

Finalmente, como anticipaban las encuestas, Jair Bolsonaro ratificó su sprint sobre el final de la campaña, se alzó con el triunfo en la primera vuelta (merodeando, incluso, los 50 puntos) y obtuvo una diferencia tal sobre Fernando Haddad que le deja allanado el camino para conquistar la Presidencia en el balotaje.

 

En materia económica, el nuevo Gobierno asume con el desafío de encarar la reducción de un persistente déficit financiero, que alcanza el 7% del PIB, pese a los intentos de la gestión de Michel Temer de equilibrar las cuentas públicas. Al no haber recurrido a la financiación monetaria del déficit, Brasil logró mantenerse a salvo de la inflación pero, como contrapartida, incurrió en una trayectoria explosiva de endeudamiento, que lleva el stock de deuda pública bruta por encima de los 5 billones de reales (más de US$ 1,4 billones), lo que equivale a un 77% del PIB. El país vecino se consume más de 340.000 millones de reales al año (unos US$ 100.000 M) sólo en pago de intereses.

 

Sin embargo, el equilibrio de las cuentas públicas no corre con demasiado margen para resignar crecimiento: Brasil recién salió en 2017 de la recesión en la que entró a fines de 2014 (con dos años consecutivos, 2016 y 2017, con retrocesos del orden del -3,6% en el PIB) y la recuperación es aún muy tibia. El año pasado cerró con un incremento del PIB del 1,04% y, para 2018, se espera que cierre en un módico 1,35%.

 

Al margen de sus explosivas declaraciones en cuestiones sociales, Bolsonaro dejó las propuestas económicas en manos de su principal asesor en la materia, el economista liberal Paulo Guedes, a quien presentó como su Ministro de Economía en caso de llegar al Gobierno. Formado en la Universidad de Chicago, Guedes forjó su carrera en el mundo de las finanzas, donde se lo conoce por sus arriesgadas estrategias, y es columnista económico en O Globo, pero no cuenta con trayectoria en el sector público.

 

La propuesta económica de Guedes se basa en una “terapia de shock” para reducir el gasto público (aspira a eliminar en un año el déficit fiscal) y la privatización de unas 150 empresas públicas (para reducir con los ingresos el stock de deuda pública en un 20% y bajar así la carga de intereses que se pagan por año). Apunta también a retirar regulaciones, mejorar la eficiencia del gasto, reforzar el derecho de propiedad privada y avanzar con una reforma del sistema previsional al que definió como “una bomba de tiempo”.

 

“Una eventual gestión de Jair Bolsonaro va a seguir un tipo de comunicación similar a la de Donald Trump en EE.UU. Será una campaña permanente y la necesidad de crear un polo enemigo, como los Kirchner también”, dice Marco Bastos (Octopus Brasil)

 

Resta ver, de todos modos, cómo procesará Bolsonaro (en el más que probable caso de ganar el balotaje), las diferencias al interior de su movimiento. La pulsión privatizadora de Guedes, cabeza del “ala liberal”, deberá vérselas, por ejemplo, con el ala más nacionalista, vinculada al Ejército, que pondrá reparos para vender activos estratégicos, como Petrobras.

 

“Todo sugiere que, si bien no es imposible que Haddad de vuelta el resultado, es algo poco probable”, dice Ignacio Labaqui. “En 3 de 4 elecciones que se hicieron a doble vuelta en América Latina, el candidato más votado del primer turno ganó la elección”, agrega

 

El impacto en Argentina es ambiguo. Por un lado, en el Gobierno pueden celebrar la derrota, por un margen mayor al esperado del PT, aliado en el ámbito local al kirchnerismo. Una victoria de Fernando Haddad, aunque de perfil más moderado que Lula, podría haber generado un efecto contagio que reanimara a los movimientos populistas de centroizquierda de la región. La victoria de Sebastián Piñera en Chile a fines del año pasado y Lenin Moreno en el referéndum de comienzos de 2018, en el que pulseó contra Rafael Correa en febrero, dejan un escenario regional amigable para el macrismo.

 

Sin embargo, la llegada al poder de un candidato antisistema, perfil extremista y nacionalista, resulta una amenaza por lo impredecible de su accionar. Entre los riesgos, se teme que Brasil, en una estrategia “a la Trump”, decidiera cerrar su economía o entorpecer el comercio bilateral, retirarse del Mercosur o boicotear el trabajoso acuerdo que promueve la Cancillería con la Unión Europea, para salir a negociar los tratados por su cuenta. También es probable que un gobierno de derecha dura le quite protagonismo internacional a Macri como referente del antichavismo en la región.

 

“Bolsonaro es muy crítico del Mercosur, y Argentina podía sufrir desde ese lado si se pone a criticar los aranceles que cobra a las importaciones brasileñas”, amplía Bastos. “Además, podría aprovecharse de la fragilidad de Argentina”, acota.

 

Encaminado a ganar el balotaje, el accionar de Bolsonaro en los próximos días, a medida que vaya anunciando cómo conformaría su equipo, dará algunas pistas sobre lo que viene en la relación con el Gigante sudamericano.

 

Te puede interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *