Apostando al doble cero

Frente a la falta de financiamiento y con el monitoreo estricto del FMI, alternativas no sobran

 

Por Matías Carugati Economista Jefe M&F Consultora

 

  • El plan “doble cero” es el más novedoso (¿acaso el último?) intento de estabilización económica. Si hay algo que queda en claro después de cinco meses a pura adrenalina (cambiaria), es que las expectativas están des ancladas y la credibilidad del Gobierno, por el piso. Frente a una crisis que amenazó llevarse todo por delante, la respuesta oficial fue tan simple como brutal. Déficit cero y emisión cero. El último relevamiento de expectativas del BCRA ofrece una primera lectura de consultoras y bancos respecto al nuevo esquema.

 

  • La pata fiscal del programa levanta menos dudas. En línea con las metas oficiales, el mercado confía en que se logrará el equilibrio fiscal primario en 2019. Es más, de las proyecciones para este año se desprende sobrecumplimiento (resultado de -2,4% del PIB versus meta de -2,7%). La magnitud del ajuste a realizar es considerable. Si tomamos los cambios en el resultado primario entre 1960 y 2017, el ajuste esperado está en el percentil 95 de la distribución. En otras palabras, el Gobierno pretende realizar una corrección fiscal que está entre el 5% de las más exigentes de nuestra historia y sin crisis (una nueva, al menos) de por medio. Por ahora, el mercado confía en que lo logrará. Frente a la falta de financiamiento y con el monitoreo estricto del FMI, alternativas no sobran.

 

  • Donde aparece el ruido es en el sendero del tipo de cambio. Los analistas esperan que el tipo de cambio flote alrededor del centro de la zona de no intervención hasta fin de año (+143% anual) y que luego mantenga un ritmo de depreciación suave (+17% anual, frente a una inflación esperada de 25%). Si este escenario se cumpliera, el peso flotaría libremente (al menos hasta final de 2018) y la regla de emisión cero sería plenamente operativa, lo que mantendría las tasas de interés muy altas. El sesgo recesivo de la política económica se mantendría y el nivel de actividad sufriría más y por más tiempo.

 

  • La banda de abajo. Para que la regla cambiara sea lo menos contractiva posible, aparece nítida una alternativa. Que el tipo de cambio caiga hasta el piso de la zona de no intervención, lo que le permitiría al BCRA comprar reservas contra emisión (sin esterilizar) y aflojaría las tasas de interés. Cuánto más se tarde en tocar el piso, peor entonces para la economía real. De ahí el mencionado ruido que generan las proyecciones de consultoras y bancos, que ven un tipo de cambio flotando por el centro de la zona de no intervención.

 

  • Extender este esquema atenta contra su propio éxito. Los riesgos que atentan contra la credibilidad son variados. Primero, que el gobierno se vea forzado a desarmar el esquema frente al deterioro económicosocial. Segundo, que el Gobierno dé marcha atrás con el ajuste por temor a perder la elección. Tercero, que el mercado pierda confianza en el programa económico si el panorama político toma un sesgo “anti ajuste”. La credibilidad del plan se basa en que sea sólo de muy corto plazo (lo cual hoy no ven las consultoras), o que el Gobierno desoiga posibles reclamos, o que esté dispuesto a arriesgarse electoralmente. La estabilización tendrá que llegar más temprano que tarde, o no llegará. El Gobierno apuesta un pleno al plan “doble cero”.

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