Una nueva oportunidad

Quizás nuestra clase dirigente acierte finalmente el rumbo y esté a la altura de nuestras necesidades e ilusiones

Por Jorge Bertolino Economista

 

Si se confirman los trascendidos periodísticos, y todo parece indicar que así será, se habrá cumplido con bastante aproximación el pronóstico que hiciéramos en nuestra última nota en esta columna

 

En la primera sección, expusimos nuestra propuesta de disminución rápida y significativa de la presión impositiva y de la realización de reformas estructurales para disminuir el “costo argentino”, todo ello, mediante un acuerdo, que debía propiciar el Gobierno, con la oposición política y social.

 

También argumentamos que sería considerable, tras su aplicación, el crecimiento de nuestra economía, con posterior mejora de los indicadores de ingresos de la mayoría de la población, como ocurre en muchos países, de las más disímiles características, que han estado siendo gobernados en las últimas décadas con ideas similares a las de nuestra propuesta.

 

En la segunda sección, propusimos dejar dormir a nuestras ideas el sueño de los justos, debido a la certeza de que el camino elegido por el gobierno sería bien diferente al nuestro.

 

Como los instrumentos ortodoxos, dijimos, están a punto de agotarse, se implementarán medidas probadamente inútiles para generar crecimiento y desarrollo, tal como la implementación de nuevas retenciones a las exportaciones, que se sumarían a las existentes, y un incremento en la presión impositiva mediante la postergación del cronograma de rebajas tributarias que el congreso votara hace pocos meses.

 

También dijimos textualmente que subir la presión impositiva y disminuir la rentabilidad de la inversión es exactamente lo contrario de nuestra propuesta y de lo que el país necesita para crecer y desarrollarse.

 

Por último, dijimos que estas medidas, sumadas a los numerosos desaciertos de los últimos meses, más la floja selección de políticas de todo el período de Gobierno del presidente Mauricio Macri, está generando y se incrementará en los próximos meses, una baja generalizada del nivel de vida y un considerable incremento de la pobreza y la marginación social.

 

Luego de este breve resumen, en lugar de la crítica fácil y despiadada de las medidas en estudio, analicemos los posibles resultados de su aplicación.

 

• La contundencia de los anuncios, si se confirman, en cuanto a la cuantía de la recaudación que generarían, debería estabilizar rápidamente el valor de la divisa, no descartándose una disminución a un nivel de aproximadamente $ 35 por dólar.
• Se detendría súbitamente, de esta manera la espiral de desconfianza y desazón de los últimos meses.
• La recesión y el deterioro social continuarán durante un tiempo considerable, recuperándose la economía, de la mano del campo y de las exportaciones en un lapso aproximado de 8 a 12 meses.
• Esta recuperación será transitoria, y consecuencia del más elevado tipo real de cambio que generó la última devaluación.
• Con el transcurso del tiempo, y luego de uno o dos años de recuperación, el incesante incremento de los precios hará perder totalmente la ganancia de competitividad del mayor precio del dólar.
• Se abre una nueva oportunidad para que esta ganancia transitoria de competitividad se convierta en permanente. Para ello será menester aprovechar la ventana de tiempo disponible, que no es mayor a seis meses, para hacer realidad los dos puntos de nuestra propuesta, de la que no abdicamos: fuerte disminución de la presión impositiva, con mucho énfasis en el sector Pyme, y realización de reformas estructurales que permitan generar incrementos de competitividad, que reemplazarán a los que se irán perdiendo paulatinamente debido al traspaso a precios de la devaluación. Este traspaso será lento, debido a la fuerte recesión, pero inexorable. Puede demorar varios años, como ocurrió, por ejemplo, luego de la crisis del 2001, pero finalmente ocurrirá. La evidencia empírica es terminante en cuanto a la convergencia, en el largo plazo, entre devaluación e inflación.
• La fuerte reducción de ministerios, de la que hablan los medios, es una medida en la dirección correcta, aunque debemos consignar que se trata de un parche transitorio que debe ser complementado con una reforma administrativa bien estudiada, tanto a nivel nacional como provincial y municipal. Deben reformarse en profundidad los sistemas administrativos de todas las jurisdicciones. En primer lugar debe determinarse la cantidad óptima de recursos humanos necesarios para una prestación adecuada de los servicios que se determinará en el mismo estudio le corresponden a cada ámbito. Luego debería efectuarse un concurso entre el personal existente, a fin de seleccionar a los mejores para cubrir los cargos necesarios. Por último, el personal redundante debe ser traspasado al sector privado, de manera no compulsiva, sino otorgando a las empresas fuertes incentivos económicos para su incorporación y adiestramiento.
• Otras reformas estructurales son necesarias. Una de ellas es la del sector laboral, a fin de mejorar la productividad y los salarios. Sobre este tema nos explayamos extensamente en una nota anterior.
• Sobre otras reformas necesarias, no nos extenderemos por una cuestión de tiempo y espacio, pero volveremos sobre ellas.
• La inversión financiera será un beneficiario privilegiado del incremento de la solvencia del sector público. La falta de dinamismo de la economía real será el costado antipático, pero no sólo por las nuevas medidas a aplicarse sino también por la inercia de la devaluación, sumada a la estanflación que ya lleva varios años, y se originó en el gobierno anterior, como consecuencia del incesante incremento de la presión impositiva y al paralizante efecto del así denominado “cepo cambiario” y la falta de financiamiento debido a la ruptura con el sistema financiero internacional.
• El mercado de bonos y acciones seguramente tendrá una suba memorable. Deberían recuperarse parcialmente las cotizaciones, medidas en moneda dura, que se perdieron en los últimos meses. La drástica reducción del riesgo país, que debería oscilar en los alrededores de 200 puntos básicos generará, por una cuestión de arbitraje, un incremento superior al 30 % en la cotización de los principales papeles.

 

Finalmente, y como nota de color, esbocemos una sonrisa esperanzada, tras varios meses de muecas desencajadas de fastidio y resignación. Se abre una nueva oportunidad. Quizás nuestra clase dirigente acierte finalmente el rumbo y esté a la altura de nuestras necesidades e ilusiones. ¿Será así ?

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