Pese a la emisión 0%, la inflación sería de más de 45% en 2018

El efecto desinflacionario recién llegaría en 2019 (si se restablece la demanda de pesos)

 

Por Juan Manuel Antonietta

 

Según confirmaron fuentes de Hacienda a El Economista, en lo que va de septiembre, la medición del IPC del Indec ya acumula 5,9%. Así, sería el número más alto desde el 2002, ya que en las mediciones internas del organismo (y no difundidas oficialmente) en abril de 2016 el IPC había dado 4,9%.

 

He aquí una de las principales causas del nuevo esquema de agregados monetarios. Un importante funcionario de Reconquista 266 señaló en diálogo con este diario que tenían el temor latente de una fuerte aceleración de la inflación y debido a eso se decidió virar hacia un nuevo régimen que intenta mostrar un compromiso máximo con reducir la suba de precios.

 

“Con la dureza monetaria que vamos a aplicar, el 23% de inflación en 2019 luce factible”, se animaron afirmar desde el BCRA y agregaron que la idea es cambiarle el foco al ancla monetaria. “Sin pesos es muy difícil poder comprar dólares”. Si bien todavía el esquema no debutó (entra en vigencia en octubre), el dólar mayorista ayer cerró en $39,735 presentando un alza de $1,19.

 

Las proyecciones

 

Pese al optimismo oficial, los analistas esperan que la inflación no bajará de 45% en 2018 y algunos, como Radar, tienen hipótesis de 47%. “La cuestión de los agregados puede implicar cierta desaceleración en 2019 por una fuerte recesión, pero por ahora la inflación sigue con tendencia alcista”, aclaró el economista en jefe de Radar.

 

La que aparece como el gran disciplinadora es la recesión. “Podemos esperar una desaceleración de la inflación de la mano de la caída de la actividad y un mayor sesgo contractivo que genere menor liquidez para llevar adelante transacciones”, explicó Guido Lorenzo (ACM) y aclaró que “la inflación de 2018, en parte, ya está determinada y los efectos se verán una vez que los agregados depriman la actividad”.

 

El efecto del nuevo régimen tardaría en llegar. Según Eric Ritondale (Econviews), “va a tomar tiempo bajar la inflación porque vamos a cerrar 2018 cerca de 45% y esperamos recién una caída de al menos 10 puntos en 2019”. Si la demanda de dinero se recupera, y el dólar tiende hacia la banda inferior y se aprecia, según el economista de Econviews, la desinflación podría ser aún mayor. “El riesgo es el escenario negativo, donde el dólar se sitúa en la banda alta, y sea difícil que mejore la inflación y la actividad”, aclaró. Además, para que la desinflación sea sostenible, es necesario que las cuentas externas sean sustentables.

 

Los escenarios

 

Así, la actividad y la inflación dependerán en gran medida de cómo evolucione el tipo de cambio. En un escenario positivo, como esperan desde el BCRA y el FMI, se restablece la oferta privada de dólares y hasta puede reavivarse el carry trade en la zona inferior de la banda. Allí la autoridad monetaria podrá liberar encajes y aumentar sus reservas en dólares. “En este escenario habría una tasa elevada que lleve el tipo de cambio a una apreciación al mismo tiempo que se contrae la actividad”, aclaró Lorenzo.

 

En un escenario negativo, el dólar continuará por la banda alta y podría aumentar fuertemente la inflación. Sobre este caso, Lorenzo opinó que “es en el que el acuerdo no convence y el tipo de cambio se sitúa en el límite superior de la banda de flotación, arrinconando al BCRA, que no tiene realmente reservas netas para hacer frente a una demanda de divisas elevada ya que estas son de solo US$ 15.000 millones aproximadamente”. No obstante, desde ACM le asignan baja probabilidad de ocurrencia a este escenario. Para Alfie, en este panorama hay cierto riesgo de una espiralización de la inflación.

 

Según Ritondale, la clave va a estar en la demanda de dinero. “Si crece, el BCRA tiene espacio para soltar dinero vía baja de encajes. Esto permitirá cumplir la regla de la base monetaria en 0% y aumentar la cantidad de circulante”, opinó y agregó que, además de lo que pase en el mercado cambiario, hay que observar cuidadosamente el mercado de bonos, que también tiene un rol en la determinación del tipo de cambio.

 

“Si bien puede parecer que el esquema es muy contractivo, el punto de partida de altos encajes otorga más margen de maniobra”, indicó el economista jefe de Econviews, pero aclaró que “el problema del esquema es que no se controla la demanda de dinero y la tasa va a ser muy volátil”. Así, concluyó que es probable que la volatilidad del tipo de cambio sea, entonces, mucho mayor a la histórica.

 

Impacto en la actividad

 

El principal riesgo del nuevo esquema es caer en un overkill, un sobreajuste de la economía que genere una gran caída en la actividad. Según Lorenzo, ese esquema posiblemente sea más restrictivo que el anterior régimen de metas. “La regla de crecimiento de base monetaria 0% es muy restrictiva y podría generar incluso problemas de liquidez dada la inflación esperada. Es posible que la absorción interna se vea afectada”, concluyó Lorenzo.

 

“Es uno de los riesgos del sistema: que haya una caída de la actividad fuerte si se separa mucho la oferta de la demanda de pesos ”, señaló Ritondale, pero aclaró que “gracias a la posibilidad de actuar con encajes, el riesgo es más bajo”.

 

Alfie concluyó: “El ABC de un esquema de apretón monetario como el planteado es una mayor contracción crediticia y un menor nivel de actividad. Puede haber atajos como los encajes, pero concretamente la idea es un endurecimiento del canal monetario que podría ser compensado en el escenario positivo de un dólar que esté en la zona baja, pero las condiciones para que esto suceda no son fáciles”.

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