¿Es posible una rápida reversión de la crisis de confianza?

9 de septiembre, 2018

Un país poco relevante

Tras varias semanas de tensión financiera, llegó al fin cierta calma a los mercados. Se relajaron las presiones cambiarias, mejoraron las valuaciones de los bonos y también la Bolsa. Según Luis Caputo, la recuperación de los mercados puede ser rápida.

 

¿Es posible una rápida reversión de la crisis de confianza? Eso misma se pregunta Federico Muñoz en su último informe y recuerda porque Argentina ingresó en una fase de turbulencias que pocos habían previsto, más allá de que todos se crean Gardel con el diario del lunes. “La economía argentina ingresó a 2018 con un déficit de Cuenta Corriente superior a 5% del PBI. Dado el enorme déficit fiscal, el sector público era el principal responsable de las cuantiosas necesidades de financiamiento externo. La explicación más aceptada del origen de las turbulencias es que los inversores tomaron conciencia súbitamente de los riesgos de seguir financiando semejantes brechas y huyeron masivamente, dejando a Argentina sin acceso a los mercados de crédito”, dice Muñoz.

 

En esa encrucijada -continúa- “el Gobierno tomó la decisión de recurrir al FMI para acceder a financiamiento multilateral”, pero “la concreción de este apoyo no impidió que la fuerte salida de capitales empujara a la economía argentina a una fase de ajuste muy acelerado”. El tipo de cambio, dice Muñoz, escaló hasta un nivel en el que es de esperar que el déficit de Cuenta Corriente se contraiga de manera dramática (“de hecho, proyectamos superávit externo para 2019”, dice Muñoz). Asimismo, el Gobierno se vio forzado a acelerar el ajuste fiscal, al punto que se comprometió a lograr un equilibrio primario en el año entrante. Dice Muñoz: “A la fuerza y ‘por las malas’, estamos en camino de corregir rápidamente los desequilibrios que nos empujaron a esta crisis de confianza”.

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Entonces, ¿no debiera revertirse rápidamente el descrédito y bajar aceleradamente el riesgo país? “Tal reversión no será tan rápida ni sencilla”, dice Muñoz porque más allá de la mejora en los déficit gemelos, “otras variables quedarán inexorablemente en peor posición que antes del inicio de las turbulencias”. La más preocupante, por supuesto, es el ratio deuda pública sobre PIB que -por culpa del ágil endeuda- miento de los años previos y de la licuación del producto tras la devaluación- “cerraría el 2019 en casi 80%”. Es cierto, admite, “que el pasivo intra-estatal representa unos 30 puntos porcentuales y que la progresiva apreciación real del peso ayudará a comprimir ese ratio, pero no menos cierto es que semejante nivel de deuda se convertirá por años en un lastre pesado y una persistente fuente de preocupación”.

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En segunda instancia, dice Muñoz, la gestión Cambiemos está demostrando vocación y compromiso para ajustar el gasto público y reducir el déficit fiscal. “Sin embargo, la idea de que es imperioso sanear las cuentas públicas casi no tiene adherentes fuera de la coalición de Gobierno. Con las chances de reelección macrista diezmadas por el muy pobre desempeño económico, crecen también las dudas respecto a la sustentabilidad pos-2020 del actual esfuerzo por bajar el déficit en la contingencia hoy bastante más probable de un Gobierno no cambiemita”, razona Muñoz.

 

“En definitiva, la deuda alta y la incertidumbre política serán factores perturbadores que seguramente se harán sentir en los próximos trimestres e impedirán una rápida reversión de la crisis de confianza”, conluye.

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