En julio, el empleo asalariado privado cayó por cuarto mes y perforó nivel de 2015

Por la crisis, en 2018 ya se destruyeron 177.700 puestos laborales y las expectativas de contratación tocaron fondo. El salario real privado cayó 6,1% interanual

 

Por Juan Strasnoy Peyre 

 

La crisis económica, la agudización de la recesión y programa de ajuste calan hondo en la realidad de los trabajadores. Eso demuestran los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) que presentó ayer la Secretaría de Trabajo. En julio, se perdieron 7.300 empleos asalariados privados –de acuerdo a la serie desestacionalizada– y la cantidad de puestos en el sector volvió a ubicarse por debajo del mismo mes de 2015. En lo que va de 2018, se destruyeron 177.700 empleos en todo el mercado laboral formal. Además, los datos oficiales ratificaron el desplome del poder adquisitivo: el salario real privado cayó 6,1% interanual. Con las expectativas de contratación en el nivel más bajo desde 2009, el panorama a futuro se oscurece aun más.

 

Empleo en rojo

 

“Estamos viendo los efectos de la situación cambiaria y de las altas tasas de interés”, reconoció ante un grupo de periodistas José Anchorena, coordinador de la Dirección de Estadísticas Laborales, en la presentación de los datos. Es que la caída en la cantidad de trabajadores registrados, que comenzó en diciembre y se acentuó con el comienzo de la corrida, encadenó un mes más. En julio, se perdieron 59.800 puestos (56.900 sin estacionalidad) y en lo que va de 2018 el número asciende a 177.700. Contra julio de 2017, apenas se contabilizaron 41.300 trabajadores formales más, lo que equivale a un crecimiento del 0,3% interanual (muy por debajo del ritmo de crecimiento de la población, estimado en 1,2%). Como atenuante, los funcionarios señalaron una situación excepcional: entre el 2 de julio y el 10 de agosto Agroindustria y Desarrollo Social realizaron un reempadronamiento del Monotributo Social Agropecuario, que implicó una interrupción temporal del pago de las cuotas de 47.900 monotributistas sociales. Es decir, habrá que esperar a ver cuantos de ellos se volvieron a dar de alta y cuantos continuaron su actividad en la informalidad plena. Pero en Agroindustria admitieron que “hay muchos que decidieron no reempadronarse”.

 

Anchorena destacó que “llamativamente”, pese a la caída de la actividad, el empleo total privado se mantuvo estable en julio. Sin embargo, el sostén de ese nivel fue la incorporación de 7.300 monotributistas (de acuerdo a la serie desestacionalizada) y la formalización de 3.200 trabajadores de casas particulares. En cambio, se destruyeron 7.300 puestos asalariados privados, una categoría asociada al “empleo de calidad” por su cobertura de derechos laborales más amplia y su mayor nivel de remuneraciones. Pese al avance de los despidos en la administración nacional, se contaron 2.600 trabajadores más en el Estado por impulso de provincias y municipios.

 

En julio, el empleo asalariado privado cayó por cuarto mes consecutivo y perforó nivel de 2015

 

Así, la cantidad de trabajadores en relación de dependencia en el sector privado (6.211.300) se ubicó por debajo del mismo mes de 2015 (6.223.400). Un dato más que preocupante teniendo en cuenta que la población de entre 18 y 65 años se expandió cerca de 4% a lo largo de esos tres años. La curva sectorial (ver gráfico) entró en una pendiente pronunciada a partir de marzo, cuando había 6.320.100 asalariados privados registrados; desde entonces, se perdieron 108.800 puestos.

 

En términos sectoriales y a tono con la dinámica de las respectivas ramas de actividad, la industria (4.100 puestos menos que en junio), la construcción (3.500) y el comercio (2.200) explicaron el grueso de la caída mensual. La construcción, que fue el principal motor de la recuperación del empleo durante 2017, cayó 0,8% mensual en medio del parate de la obra pública a causa del plan de déficit cero y de la caída del crédito hipotecario. La industria, en tanto, dejó de ser el sector que más asalariados emplea al ubicarse en julio por debajo del comercio. Es que el sector manufacturero comenzó una sangría en diciembre de 2015 que ya expulsó más de 90.000 trabajadores.

 

 

Con todo, la caída del nivel de empleo registrado mostró una elasticidad baja respecto del desplome de la economía. Una tendencia que también se daba en los momentos de crecimiento. En cambio, la dinámica del trabajo informal (por supuesto, no reflejada en el SIPA) está mucho más atada a los vaivenes de la actividad. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec mostraron que este sector creció a un ritmo mucho más acelerado que el formal durante los últimos trimestres de expansión económica. En un escenario recesivo con final aún incierto, los funcionarios de la cartera laboral estimaron que las pérdidas de puestos asalariados no registrados serán muy importantes.

 

Salario diluido

 

El salario se escurre entre los dedos. Esa realidad que ya todos vivíamos fue ratificada por el informe. Según la base del SIPA, el salario real promedio en el sector privado se derrumbó 6,1% en términos interanuales. Los números de los sectores público e informal, que sufren un deterioro muy superior, se conocerán hoy a través del índice de salarios de julio del Indec.

 

El salario real privado se hundió 6,1% interanual

 

El acumulado de los primeros siete meses de 2018 muestra una pérdida real del 1,5% respecto de los salarios privados del mismo período del año pasado. Pero la tendencia va en aumento. Y con la escalada inflacionaria de los últimos meses del año -las consultoras privadas esperan que el IPC de 2018 ronde el 45%–, se descuenta que el hundimiento será mayor. Consultado por El Economista sobre hasta qué porcentaje podría estirarse la pérdida salarial, Anchorena evitó hacer proyecciones porque “todavía falta terminar de ver cómo quedarán las revisiones de paritarias en todos los sectores”. Pero el férreo plan de ajuste basado en el control de la cantidad de dinero circulante, anunciado ayer por el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne y la titular del FMI Christine Lagarde y luego detallado por las autoridades del BCRA, sugiere que las recomposiciones quedarán muy lejos de la suba de precios. Spoiler alert: más leña al fuego de los niveles de pobreza para el segundo semestre.

 

 

Lo que viene

 

En el empleo, el horizonte no luce mejor. La Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), que también presentaron ayer en Trabajo, mostró que el empleo privado siguió cayendo en agosto: 0,3% mensual y 0,5% interaunal.

 

En julio, el empleo asalariado privado cayó por cuarto mes consecutivo y perforó nivel de 2015

 

En esa línea, el CEPA contabilizó 6.233 despidos y suspensiones en el octavo mes, casi el doble que en agosto de 2017 (3.191), mayormente concentrados en el Estado y la industria. En el año, ya suman 39.097.

 

Al mismo tiempo, las expectativas empresarias de contratación se desplomaron al peor nivel desde 2009. Según la EIL, retrocedieron en agosto al 0,3% (ver gráfico). Esto indica un panorama de nulas incorporaciones para los próximos tres meses que, sumado al avance de los despidos, abre un escenario de profundización en la caída del nivel de empleo.

 

La semana pasada, el Indec publicó el resultado de la EPH del 2º T, que reflejó una fuerte incorporación de personas al mercado laboral motivada por el retroceso de los ingresos familiares. No hubo trabajo para todos los que salieron a buscar. Por eso, creció la desocupación al 9,6%.

 

Con la evidencia de un salario real que profundiza su derrumbe, con un aumento (aún sin boom) de los despidos y con contrataciones congeladas, el desempleo escalará fuerte en la segunda mitad del año.

 

“Estamos pasando los meses más difíciles. En agosto y septiembre va a seguir esta tendencia”, aceptó Anchorena. Y planteó su escenario optimista: “A fin de año podría revertirse si comienza a recuperarse la actividad y se logra la estabilidad cambiaria”. Una realidad que parece estar cada vez más alejada.

 

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