En alerta, pero muy lejos de 2001

El sistema bancario argentino está solvente y liquido

 

Por Eliana Scialabba y Gustavo Ramírez 

 

El 28 de diciembre de 2017, día que el cuarteto Marcos Peña, Nicolás Dujovne, Luis Caputo y Federico Sturzenegger decidieron “relajar” la meta de inflación para el 2018, al pasar de la banda de 8%-12% al 15%, terminó marcando un antes y un después en la política monetaria liderada por el BCRA.

 

Desde entonces, el peso fue perdiendo valor frente a la moneda estadounidense, primero a un ritmo lento (+4,37% en enero, +7% en febrero y marzo), lo cual permitía pensar un reacomodamiento gradual del tipo de cambio real, para luego “despegar” y acelerar el ritmo de depreciación, que alcanzó el 32,5% en mayo 2018 y el 53,28% en junio, lo cual se llevó la “cabeza” de Sturzenegger, reemplazado por Caputo.

 

El 20 de junio de 2018, nueva fecha histórica en Argentina (además de ser el Dia de la Bandera Nacional en conmemoración del fallecimiento del general Belgrano), las nuevas caras de la política monetaria del país firmaron un acuerdo de financiamiento a tasas más bajas que las del mercado, con el FMI, a modo de poder hacer frente a las turbulencias externas con mayor “soltura” y dar una imagen de compromiso y confianza a los mercados con el cumplimiento de las metas fiscales, impositivas y de inflación prometidas el 28D.

 

 

Adicionalmente, ese día Argentina dejó de ser mercado “fronterizo” por primera vez desde 2009, para pasar a la categoría “emergente” según la clasificación internacional de MSCI.

 

La estabilidad cambiaria y política de estas decisiones tomadas por el Ejecutivo pudo sostenerse hasta los primeros diez días de agosto, cuando la moneda comenzó nuevamente a devaluarse velozmente, por varios motivos: En términos externos, jugaron en contra la suba de tasa de 10Y de los Estados Unidos y la crisis de Turquía, que conllevaron localmente a una venta de activos soberanos y una gran presión sobre el tipo de cambio con la consecuente salida de capitales del país.

 

En relación interna, la inflación de julio subió 3,1% respecto al mes anterior, acumulando un 19,6%en el año, mostrando la imposibilidad de cumplimiento con el número prometido en el acuerdo con el FMI.

 

Ante esta situación, esta vez el BCRA solo podía intervenir mediante subastas debido al acuerdo firmado que
limitaba el uso de las reservas internacionales para atender las variaciones del tipo de cambio, situación que encendió las alarmas de la ciudadanía.

 

Sin embargo, ante este escenario de corrida cambiaria o turbulencia, hay datos que muestran la solvencia del sistema financiero ante posibles crisis de “desconfianza” en un escenario de alta volatilidad internacional y de mayor impacto local debido a los malos resultados de variables macroeconómicas.

 

Si bien los depósitos en dólares que el sector privado tiene en los bancos locales mostraron una caída de U$S 525 M entre el jueves 30 y viernes 31 con respecto al punto máximo del mes de agosto (US$ 28.580 M el 27 de agosto), los mismos crecieron 2% (+US$ 479 M) con respecto al 31 de julio de 2018, tal como se puede observar en el gráfico 1.

 

Además, desde el anuncio del acuerdo del FMI, hasta el último dato disponible por los Informes Monetarios Diarios publicados por el BCRA, los depósitos en dólares aumentaron un 7% (+US$ 1.846 M) mientras que los depósitos en pesos lo hicieron en 10% (+$155.075 millones).

 

Incluso si retrocedemos 10 años, y comparamos con respecto al menor saldo de depósitos en dólares en el año 2014 (abril específicamente, tiempos de cepo cambiario y múltiples tipos de cambio), los mismos aumentaron 324%, tal como se muestra en el gráfico 2.

 

 

A modo de conclusión

 

Muchos fantasmas han regresado durante estas últimas jornadas y se ha vuelto redundante aclarar y comparar con la situación de los depósitos y del sistema financiero en el año 2001. Debe recordarse que en julio de ese año los depósitos en dólares (que equivalían a pesos) comenzaron a disminuir al 5% mensual y en pesos al 10%, lo cual tuvo como resultado una fuerte devaluación en enero 2002 que eliminó los depósitos en moneda extranjera.

 

Sin embargo, nos encontramos en situaciones distintas: en primer lugar, la Convertibilidad era un sistema de tipo de cambio fijo rígido (caja de conversión), que no sólo fijaba la paridad cambiaria sino que también exigía respaldo en dólares de cada peso emitido; cosa que en la actualidad no ocurre, dando margen monetario y cambiario para que el dólar suba y “licúe” los saldos en pesos.

 

Esta situación deja dos mensajes para analizar; por un lado, un mensaje de confianza en el sistema financiero local, el cual se encuentra solvente y líquido para afrontar las demandas de dinero. Es decir, la corrida cambiaria que viene siendo tan atroz contra el valor de nuestra moneda, aún no muestra síntomas de serlo contra el sistema financiero argentino; en otras palabras, no hay suficientes síntomas técnicos de corrida bancaria.

 

Por otro lado, abre una ventana de advertencia debido a la salida del sistema bancario de los dólares del sector privado que se generó los últimos dos días del mes, debido a la desconfianza e incertidumbre del rumbo de la política cambiaria y económica del país en estos tiempos.

 

Sin dudas, debe seguirse el comportamiento de este indicador durante septiembre, porque podría comenzar a complicar la confianza en el sistema financiero local si no revierte la tendencia. Sin embargo, la estabilidad de estas dos últimas jornadas de la divisa estadounidense, ha llevado “algo de calma” a los depositantes, que podría aquietar las aguas en caso de extenderse.

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