Ante una nueva etapa

El Gobierno, forzado por las circunstancias, tomará medidas que no estaban en su caja de herramientas

 

Por Juan Radonjic

 

Todavía no están definidos los cambios de políticas y funcionarios. Faltan algunas precisiones, pero abrirán una nueva etapa del Gobierno. Diferente a las anteriores, porque hubo varias etapas en materia económica en la cuales las prioridades fueron cambiando. Una inicial con eje en reducir la inflación, tarea que se le encomendó casi con exclusividad a la política monetaria y el atraso cambiario. La falta de resultados llevó a un cambio de estrategia el 28-D para impulsar el crecimiento con un tipo de cambio más alto, pero que al poco tiempo quedó sepultada por una inflación
que se aceleró. A partir de allí, todo el foco estuvo puesto en reducir el déficit fiscal. Llegaron el acuerdo con el FMI, los cambios en el Gobierno y la profundización de la estrategia económica liberal

 

En pocos meses, el capital político ganado en las legislativas de octubre se había evaporado. Previamente se había hecho una lectura equivocada, que era suponer que los inversores estaban esperando el triunfo del oficialismo en las elecciones para convencerse de que los cambios económicos que se estaban realizando eran irreversibles. Hubo victoria en las urnas, pero la confianza no llegó. Varios economistas empezaron a alertar sobre el creciente déficit de la cuenta corriente. Y el golpe vino del lugar menos esperado para un Gobierno de estas características: los mercados.

 

El Gobierno tiene la obligación de cambiar. Ya no podrá repetir que será el único caso en el cual el país salió de una crisis sin modificar las reglas de juego. Lo tiene que hacer y no será el primer caso en la historia del país en que un gobierno se ve obligado a alterar su mensaje previo a las elecciones. Más aún, muchas veces se elogió a aquellos presidentes que introdujeron cambios en su forma de pensar cuando comprobaron que sus ideas previas no eran las más adecuadas para el país. Ahora comenzará una etapa que incluirá medidas heterodoxas, que el oficialismo siempre denostó y se comprometió a eliminar para siempre.

 

Un caso notable es el de las retenciones, o como se las denomine a partir de ahora. Lo mismo ocurrirá con la búsqueda de algún acuerdo de precios. Son herramientas que el macrismo había descartado y a las que ahora deberá recurrir para enfrentar una situación inesperada como fue la fuerte devaluación del peso. La consecuencia fue una aceleración inflacionaria y una ventaja enorme para algunos sectores. Le guste o no tener que hacerlo, el Gobierno tiene que actuar en este terreno porque no puede quedarse de brazos cruzados frente a semejante redistribución del ingreso.

 

Por eso, el Gobierno empieza una nueva etapa, con otro organigrama, tal vez con algunas caras nuevas pero sobre todo con algunas medidas que no estaban en su caja de herramientas. Pero que pueden ser útiles para morigerar las tasas de inflación y recesión que se sentirán en los próximos meses.

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