Postales del analfabetismo financiero

Hoy, el sistema financiero

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Por  Ezequiel Baum *

 

-Me llegó por WhatsApp que pusieron cepo y no se pueden comprar dólares. ¿Es cierto?

 

Todo argentino vinculado al mundo de la economía y las finanzas suele recibir preguntas sobre qué va a pasar con el dólar por parte de amigos, familiares y desconocidos. Estos días de agosto se agregó además un grado de nerviosismo respecto a la posibilidad de que vuelvan a restringir la compra-venta del billete verde.

 

Más allá de la intención deliberada de algunos políticos opositores y militantes enojados con el Gobierno de causar daño sembrando confusión en redes sociales, esta semana el ruido del cepo y el corralito estuvo varios decibeles más alto porque hubo un movimiento de magnitud en el sistema financiero. Dos instituciones de peso en la economía, sobre las que hay muy poco conocimiento (y que cuesta mucho diferenciarlas), activaron procesos sobre los que la mayoría de las personas no entiende nada. Así como tenemos educación cívica en el secundario, además de agregar educación financiera, es fundamental que se incluyan conceptos que ayuden a entender cómo funcionan el Tesoro y el BCRA para poder explicar qué pasó esta semana.

 

Ahí vamos.

 

Por un lado tenemos al Tesoro, que es la caja del Estado. Acá es importante recordar algo básico pero que mucha gente no tiene del todo claro: Argentina es un Estado que es una federación de Estados provinciales, que a su vez tienen sus respectivos tesoros. O sea que hay una caja del país y una caja por cada provincias más la Ciudad de Buenos Aires. Y a su vez hay “mini-cajas” de los municipios. Las cajas funcionan a base de ingresos (recaudación por cobro de impuestos o transferencias desde la Nación a provincias o de provincias a municipios) y egresos (pago de gastos o las transferencias que para la parte que no son ingresos, son egresos). Es posible evaluar como funcionan tanto individualmente como en el consolidado. Argentina es un país que tiene déficit fiscal crónico. Salvo raras excepciones, siempre gastó más de lo que recaudó desde hace décadas. Financiar este desfase sólo puede hacerse emitiendo dinero, subiendo los impuestos o pidiendo prestado. Si las dos primeras no son una opción (de hecho se buscó dejar de emitir dinero porque generaba inflación y se viene trabajando en la baja de impuestos), se busca la tercera: pedir prestado. El problema es que hay que devolver ese dinero, con intereses, mientras se lleva adelante un plan de ajuste hasta que las cuentas se equilibren. Si hay inversores dispuestos a prestar, el Tesoro le pide al mercado mediante deuda de corto plazo (Letras del Tesoro o Letes) o deuda de largo plazo (bonos). Pero cuando la confianza en la moneda nacional no es alta, al Estado se le presta (y tiene que devolver) en una moneda que no pierda valor, como la propia. Esta es la principal razón de la deuda denominada en dólares, sobre todo para inversores internacionales.

 

Del otro lado, está el BCRA, una institución independiente que se ocupa de controlar la cantidad de dinero que hay en la economía, tanto la “real” (billetes) como la “artificial”, que es el dinero que se agrega mediante la creación secundaria por el efecto del crédito bancario: los bancos prestan buena parte del dinero que reciben como depósitos. Una de las herramientas que puede usar el BCRA para controlar la cantidad de pesos que hay en la economía es restringir o relajar la cantidad de pesos que pueden prestar los bancos en relación a los depósitos que tienen de sus clientes. Esa herramienta es el encaje: si aumenta, se reduce la cantidad de pesos, y viceversa. Otra herramienta es la emisión (y eventual recompra) de títulos públicos. Los más conocidos son las Letras del BCRA (Lebac). La ganancia que un inversor obtiene con estos títulos públicos se da mediante su adquisición a un precio de descuento en relación a los pesos que pagará el BCRA a su vencimiento (valor nominal). Esa relación se puede expresar como una tasa de interés y, con suficiente volumen, funcionar como una señal para el resto del sistema financiero. Si las tasas son altas, incluso más altas que la inflación o lo que se espera que suba el dólar, habría incentivos para darle pesos al Central a cambio de esos títulos. Además, el BCRA adquiere dólares y otras monedas de valor internacional (reservas) en una escala que ningún otro jugador del mercado podría, que las compra entregando pesos, y también puede vender dólares en cantidades que ningún otro vendedor podría.

 

Lo que venía sucediendo desde hace más de un año fue que el BCRA había emitido una cantidad enorme de Lebac para reducir la cantidad de pesos que se fueron acumulando en la economía luego de años de inflación. Pero esto tenía dos problemas: los pesos no se extinguen si no que para evitar que vuelvan a la economía había que lograr que los inversores renovaran al vencimiento. Y además, estas Lebac tenían rendimientos importantes lo que hacía que cuando vencían, los inversores en vez de quedarse con más pesos se quedaran con más Lebac, aumentando el stock hasta niveles inestables.

 

En el medio de algunas decisiones que afectaron la confianza como fue relajar las metas de inflación o intentar cobrar un impuesto sobre las ganancias de Lebac a inversores extranjeros, se genera la sequía del campo del primer semestre de 2018, que afectó las exportaciones y la entrada de dólares a la economía. Si bien los dólares del campo no son del Tesoro y tampoco puede emitir dólares, puede comprarlos o pedirlos prestados. Pero si no entran, es más complejo el escenario. Con el aumento de la percepción del riesgo se hizo más fuerte la hipótesis de que Argentina no conseguiría los dólares para pagar los intereses de sus bonos o devolver los dólares en caso de que los inversores no quieran renovar sus Letes en dólares. Eso hizo subir el costo financiero que tiene que pagar Argentina, en dólares, para conseguir crédito, superando el 8% anual a mediados de 2018, junto con una corrida cambiaria. Todo esto en un contexto de inestabilidad internacional.

 

En esas circunstancias el Gobierno activó el plan del préstamo del FMI, donde se consiguió un crédito contingente (se reciben fondos si es necesario) de US$ 50.000 millones, atado a un calendario de desembolsos si se cumplen ciertas metas, al 4% anual de costo financiero. ¿Para qué? Para poder encarar el ajuste sin depender de la confianza del mercado para conseguir el financiamiento o de estar obligados a pagar tasas de interés mucho más altas como consecuencia de ese riesgo.

 

Ahora vamos a los eventos de agosto.

 

El Tesoro recibió un primer desembolso del FMI de US$ 7.500 millones. Pero los gastos que paga, que son el origen del déficit, son en pesos. Por ese motivo el Tesoro anunció un cronograma de subastas de esos dólares, primero de a US$ 100 millones por día, luego de a US$ 75 y por último de US$ 50. El anuncio de la reducción de la subasta ya había sido tergiversado por comunicadores brutos o “mala leche” para tratar de imponer la sensación de que se estaba implementando un cepo. Cuando llegó a cubrir los pesos que le faltaban para cerrar el próximo cuatrimestre, la segunda semana de agosto, el Ministerio de Hacienda anunció que dejaba de vender dólares. Luego de este anuncio directamente vimos ex funcionarios del Gobierno anterior agitando que había cepo o corralito y no se iba a poder comprar más dólares. Lo cual se podía desmentir rápidamente entrando por home-banking y haciendo la prueba, como hizo un amigo, mandando luego el comprobante de la transacción a su grupo de WhatsApp familiar porque una tía estaba entrando en pánico.

 

¿Y qué pasó con el BCRA? Decidió reducir fuertemente el stock de Lebac, como había anunciado, dejando de renovar los títulos que vencían. Eso dejaba muchos pesos disponibles, una porción importante en manos de bancos y otra en manos de inversores mayoristas y minoristas. Los bancos podían adquirir unas letras de vencimiento muy corto (siete días) llamadas Leliq. O podían ir a un título en pesos a un año, el Nobac. Y para quienes las opciones no eran lo suficientemente tentadoras en pesos en términos de rendimientos o eran demasiado riesgosas, el BCRA habilitó en simultáneo un par de subastas de entre US$ 500 y US$ 800 millones de las reservas para todo aquel que quisiera dolarizarse. Esto permitió abastecer la demanda de dólares, retirar pesos y evitar que la presión por una eventual corrida hacia el dólar por tantos pesos “dando vueltas” hiciera subir descontroladamente el tipo de cambio.

 

Todavía estamos lejos de haber dejado atrás la crisis y la inflación no deja de dar malas noticias, pero es importante entender cómo funciona el sistema financiero para no hacerse eco de miedos que sólo prenden cuando lo que escasea no son dólares, sino conocimiento.

 

*Economista especializado en educación financiera, autor de “Ordená tu Economía” y fundador de Trainer Financiero

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