Nuestro ídolo cercano

Siempre lejos del ruido, el show y las primeras planas, Emanuel Ginóbili construyó una carrera que se sostuvo en su profesionalismo y tener claro su rumbo

Por Manuel Pérez Berro

 

A los 41 años, se retiró del básquetbol una de las figuras más importantes en la historia del deporte argentino. No sólo por los logros obtenidos, sino también por ser el sello de una Selección Argentina que hizo renacer el básquet nacional poniéndolo entre los primeros lugares del mundo.

 

Siempre lejos del ruido, el show y las primeras planas, Emanuel Ginóbili construyó una carrera que se sostuvo en su profesionalismo y tener claro su rumbo.

 

Estar en lo más alto

 

En el mundo del deporte funciona una lógica que para la mayoría de los jugadores y jugadoras resulta cruel e incluso devastadora: lo difícil no es llegar a lo más alto, sino poder mantenerse en ese lugar. Repetir los logros. Manu Ginóbili jugó al básquet profesional durante 23 años consecutivos y disputó 16 temporadas en la liga más importante del mundo. Sin achicarse contra las figuras más relevantes a nivel mundial, esas que tienen muchísimas luces a su alrededor, fue campeón en cuatro oportunidades y subcampeón en una.

 

Por otro lado, también consiguió, con la Selección y junto a la Generación Dorada, dos Copas Américas, un primer y un tercer puesto en Diamond Ball, una medalla de oro y otra de bronce en los Juegos Olímpicos y un subcampeonato mundial.

 

 

No obstante todos estos logros, el deporte se compone de momentos y los que ayudaron a crear una leyenda alrededor de Ginóbili fueron dos. En 2004, el conjunto nacional obtuvo su primer gran logro, ganando los Juegos Olímpicos de Atenas. En ese campeonato, Manu convirtió a falta de 3,8 segundos un doble para ganarle por un punto a Serbia y Montenegro.

 

Además, en las semifinales de ese mismo torneo, y de la mano de un Ginóbili intratable ,Argentina le ganó a Estados Unidos en un partido memorable -para volver a ver una y otra vez- donde el equipo nacional realizó una demostración increíble pasando por arriba con gran juego a uno de los equipos más fuertes del mundo.

 

Lejos de las luces y el show

 

Para Manu Ginóbili, las luces sólo se prendieron adentro de la cancha porque esa fue decisión y su territorio. El perfil bajo y la corrección política para tomar decisiones fueron sus aliados.

 

 

Nacido en Bahía Blanca, jugó su primer partido como profesional en Andino de La Rioja en 1995. La Liga Nacional estaba lejos de ser un torneo con relevancia a nivel mundial, y Ginóbili siempre jugó en la periferia. Luego de una temporada en el norte argentino volvió a jugar dos años en su club de origen Estudiantes de Bahía Blanca. Sin grandes logros partió a la segunda división italiana. Como todo ídolo, hasta ese momento, tuvo más detractores que seguidores.

 

Lejos del ruido y el show, Manu construyó una carrera que se sostuvo en su profesionalismo y tener claro su rumbo

 

En el 2002 todo cambió porque, ya siendo campeón en Europa, el entrenador de San Antonio Spurs, Gregg Popovich, convenció al presidente de la franquicia para contratarlo. La historia en ese lugar desértico, lejos del ruido y las grandes ciudades estadounidenses, es conocida: cuatro anillos y un subcampeonato siendo uno de los pilares fundamentales del equipo.

Brilló con la mítica 5 de la Selección y disputó 16 temporadas en la liga más importante del mundo (donde ganó 4 anillos)

 

Sin dudas que, ente todos los ídolos que Argentina le dio al deporte mundial, Ginóbili es el más cercano. En primer lugar porque es fruto de la Liga Nacional. Por otro lado, porque se dedicó a jugar y adentro de la cancha le ganó gustando a los mejores. Basar una carrera de esa magnitud en el profesionalismo, el trabajo, el perfil bajo y en nunca haberse visto envuelto en un problema extra deportivo será para algunos aburrido -mucho más en la NBA, donde todo es show-, pero también indiscutible.

 

 

Entre un 10 de otro planeta que nunca jugó en Argentina, y otro de igual condición que vive una vida mediatizada segundo a segundo, aparece Ginóbili, una leyenda que reniega de su condición de distinto aun cuando se sabe el mejor entre los suyos.

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