Los plomeros y carpinteros que financian el adiós de las Lebac y el precio del riesgo

Se creía que el FMI jamás financiaría la fuga hacia el dólar y precisamente fue lo que terminó avalando

 

Por Leandro Gabin 

 

¿Será esta vez? En las últimas horas hubo una tregua para los activos argentinos después del derrumbe sufrido y desde precios irrisorios. Los bonos, que mostraban rendimientos del 11% en dólares (precios de cuasi default), comenzaron a levantar cabeza de la mano de cierta estabilización del tipo de cambio. El costo no fue menor: utilizar los dólares prestados del Fondo Monetario Internacional (FMI) para desarmar los “pasivos tóxicos” del BCRA como son las Lebac.

 

La jugada de Luis Caputo sorprendió a todo el mercado. Se creía que el FMI jamás iba a financiar la fuga hacia el dólar y precisamente fue lo que terminó avalando con Argentina. Los tenedores de Lebac venden sus títulos que le pagan 45% anual para pasarse a dólares que ponen los países que forman parte del directorio del organismo. Como hubiera dicho Paul O’Neill, el ex secretario del Tesoro de EE.UU. en 2001 cuando el país intentaba evitar el default de la deuda, el dinero de los plomeros y carpinteros otra vez utilizado para rescatar malas políticas económicas.

 

Una situación insólita que sólo se explica porque, evidentemente, este FMI no es el de los ‘90 o 2000 y debido a que tienen enfrente al Gobierno de Mauricio Macri que aplicó las políticas que el organismo venía pidiendo. Claro, si no apoyan ahora al Gobierno mientras está en pelea el riesgo era que el rescate llegara demasiado tarde. Los aceitados contactos de los funcionarios de Cambiemos y el mismo Presidente con Washington evidentemente ayudan y mucho en la “flexibilidad” del Fondo con el país.

 

La sorpresa del desenlace de las Lebac fue palpable incluso en un evento realizado el lunes por la mañana en el Hotel Emperador y organizado por CBonds, antes de conocerse el anuncio y con la especulación que había surgido de algunos artículos periodísticos del fin de semana. Juan Arranz, el economista del Banco Santander Río, un hombre bien informado que incluso se juntó con Caputo cuando éste asumió y cuando sonó como candidato al directorio, había dicho: “El FMI es un organismo muy pautado. Muy establecido y con manuales muy estrictos. El corazón del programa es el uso de reservas, la variación de activos externos netos. Si hay alguna modificación al mayor uso de reservas para que el Central cancele Lebac debería ser aprobado por el directorio del Fondo. El Fondo no responde a las urgencias del mercado de corto plazo. Yo diría que la probabilidad (de que financien la salida de Lebac) es muy pequeña”. A las horas siguientes, y para sorpresa de muchos, la especulación se confirmó y el BCRA anunció el desarme de Letras que implicará abastecer a los huérfanos de Lebac de dólares si así lo quisieran.

 

Hasta el momento utilizó poco más de US$ 1.000 millones desde que comenzó el operativo. Un monto bajo si se tiene en cuenta que soltó algo así como US$ 4.000 millones desde el martes cuando hubo licitación Letras. Para los bancos díscolos el BCRA les subió los encajes porque no querían tomar las Nobac que les propuso Caputo. Les sacó de un plumazo $ 60.000 millones que se podrían haber ido a las Leliq, instrumentos de corto plazo que paga 45% anual. Parecería que el Central no quiso convalidar la gestión de una nueva bola de nieve de Lebac a Leliq y quería estirar los plazos (Nobac son a 1 año). Los bancos quisieron desoír la orden oficial y el garrote del BCRA apareció.

 

Además de los bancos, otros “perdedores” del desarme de Lebac son los fondos comunes de inversión. Como muchos estaban invertidos en estos instrumentos, ahora tiene que abrir el menú hacia otras opciones que no son las redituables Lebac. Tampoco pueden comprar Leliq, que paga lo mismo que las Letras, porque es exclusivamente para los bancos. Ante esto, la calificadora de riesgo Moody’s remarcó que “la eliminación de las Lebacs es negativo desde el punto de vista crediticio para los fondos de renta fija dado que los obliga a rotar los portafolios hacia activos corto plazo, que en general son de menor calidad crediticia, lo que además reduce su liquidez”.

 

La tregua con el dólar y los bonos de las últimas horas, mientras empieza a entenderse el plan Caputo en el exterior (hay rumores de que las reuniones de Bausili y Cañonero con inversores no conformaron), es acompañado con el ajuste fiscal. Hacienda firmó tres decretos mediante los cuales se generará un ahorro estimado de $ 12.500 millones para lo que resta de 2018 y $ 53.000 millones para el 2019. Esa es la única meta que le importa al Gobierno y la que mirará el Fondo. La de nivel de reservas quedó en la nada luego del “permitido” que negoció Caputo. La idea del Gobierno es que el ajuste se haga y eso sirva para recuperar la confianza, un bien no tangible que Cambiemos dilapidó por errores propios y falta de viento a favor desde diciembre del año pasado. La inflación, una tarea pendiente del BCRA tal como lo reconoce Caputo, se encamina a ser mayor a la meta máxima pautada con el Fondo. Se habla en el mercado de 35% para este año, tres puntos más que el generoso acuerdo al cual habían llegado. Pero esto no hace caer los desembolsos, sólo será cuestión de que alguien de Reconquista 266 viaje a Washington y pida waiver en frente de todo el board (además de explicar porque no se cumplieron y cómo piensan encauzar la situación). Lo complicado será como queda para el 2019 la inflación.

 

Pero para eso falta y mucho. El mercado sigue digiriendo la crisis que abre, igualmente, oportunidades en un país excesivamente volátil. “Todo riesgo tiene su precio. Y la Argentina es un país muy riesgoso. Habrá que ver a qué precio de los bonos el inversor cree que compensa tomar ese riesgo. Es la pregunta más interesante que se hace el mercado”, describió Roberto Olson, jefe de mercados de BNP Paribas en Buenos Aires. Una postal de la Argentina versión 2018.

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