La señal enviada fue incorrecta

La “buena onda” de los mercados internacionales con la economía argentina se agotó hace ya tiempo

 

Por Guido Lorenzo

 

La depreciación del peso del 80% durante 2018 no ha logrado reducir el déficit de cuenta corriente y la formación de activos externos por parte del sector privado (compra de dólares). Esta falta de percepción de haber alcanzado un equilibrio impide la convergencia de expectativas acerca de cual debe ser el tipo de cambio de equilibrio. Si bien en medio de un contexto de corrida cambiaria los fundamentos se alejan de la realidad, es para preguntarse si las correcciones en variables reales afectarán a las expectativas una vez que se calmen las aguas.

 

La falta de ajuste de la cuenta corriente se debe principalmente a dos razones.

 

  • La primera es el nivel elevado del que se parte. El déficit de cuenta corriente alcanzó 4,9% del PIB en 2017, unos US$ 30.800 millones. La depreciación del peso reduce el PIB en dólares y, si ajusta nominalmente en US$ 10.000 millones, el déficit de cuenta corriente se mantendrá aún por encima de los 4 puntos porcentuales del PIB. La percepción del público será que faltará que ajuste el tipo de cambio y la danza de números que debería alcanzar el tipo de cambio traerá más incertidumbre.

 

  • En segundo lugar, la fuerte depreciación del peso no se corresponde con la velocidad de ajuste requerida. Las decisiones de dejar de importar y conseguir proveedores en el mercado doméstico lleva meses y la decisión de los demandantes del exterior en percibir y contratar servicios y comprar bienes al país, demora más todavía. Aun el resultado de la balanza comercial es deficitario, en los niveles del año anterior, más allá de un efecto-ingreso que deprime el volumen importado al ritmo de la caída de la actividad. El resultado deficitario del saldo comercial alimenta expectativas de que el tipo de cambio sigue atrasado.

 

La formación de activos externos del sector privado no financiero parece que alcanzará un récord en 2018 en los últimos 15 años, y es curioso que ese récord sea en un año no electoral. En el acumulado a julio se alcanzó el mismo nivel que en todo 2009 (4 puntos del PIB) y se espera que el neto de egresos llegue a 8 puntos hacia fin de año. Magnitud comparable con la salida de capitales de la crisis global del 2008. Si bien esto es el reflejo de la incapacidad de generar confianza en activos domésticos, no hace más que alimentar la percepción de que el dólar aún es atractivo.

 

Todo esto en un contexto de incertidumbre ya no acerca del Programa Financiero 2019, que será completado con adelantos de desembolsos del FMI tal como anunció ayer el Presidente, sino de cual es el plan del Gobierno para encausar la economía más allá de deprimir la actividad con el requerido ajuste fiscal. Este es el único de los objetivos que aún se mantiene del acuerdo con el FMI presentado apenas dos meses atrás.

 

 

Por más que esa meta se cumpla, no frena la expectativa de un tipo de cambio más alto que obedece a cerrar el déficit de cuenta corriente, que no necesariamente va a ajustar gracias al déficit fiscal cero en 2020. De hecho, el pago de intereses por la deuda para financiar la transición a la consolidación fiscal engrosa las necesidades de divisas por cuenta corriente.

 

La “buena onda” de los mercados internacionales con la economía argentina se agotó hace ya tiempo y no parece que haya forma de seducir al mundo con la promesa de que “esta vez es diferente”. Por el contrario, el hot money ya se retiró en su mayoría y no hay tasa que los atraiga y el real money está migrando de países emergentes en general, y de Argentina en particular, hacia economías avanzadas. El anuncio en los mercados internacionales fue percibido como una suerte de necesidad de fondos de Argentina cuando, en verdad, la señal a dar era la de tener el Programa Financiero 2019 con las necesidades garantizadas. Situación que aún perjudica más a la capacidad de detectar cuál es un techo para el tipo de cambio en el corto plazo.

 

Con este grado de desorientación, la expectativa de cómo se va a mover el tipo de cambio es asimétrica. Todos pensamos que va a subir y lo que no nadie puede contestar es hasta dónde.

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