En junio, se destruyeron 21.200 empleos formales y el salario real se desplomó 4,3%

En plena crisis, el empleo profundizó su caída que arrastra desde hace seis meses y cerró el semestre con 106.200 trabajadores registrados menos

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Por Juan Strasnoy Peyre 

 

La crisis económica se profundiza e impacta fuerte en los trabajadores. Menos trabajo y menos salario. En junio, en línea con el desplome de la actividad, el empleo registrado acumuló su sexto mes consecutivo de caída. Se destruyeron 13.500 puestos de trabajo formales (21.200 en la serie desestacionalizada) en casi todas las ramas de actividad y se agudizó el retroceso que arrastra el mercado laboral desde comienzos de año. Según los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) presentados ayer en el Ministerio de Trabajo, en el primer semestre se perdieron 106.200 empleos (23.900 sin estacionalidad). En tanto, el salario real del sector privado se desplomó 4,3% interanual en junio, con paritarias a la baja que quedaron muy lejos de la inflación. Además, las señales para el futuro abren un panorama que empeora.

 

El empleo y la crisis

 

En el sexto mes la cantidad de trabajadores registrados en el SIPA descendió a 12.283.000, es decir, 0,1% menos que en mayo (0,2% sin estacionalidad) y 0,85% menos que en diciembre (0,2% desestacionalizado). La comparación interanual aún marca un crecimiento de 1,1% impulsado por el buen rendimiento de la segunda mitad de 2017. Si bien el mercado laboral está virtualmente congelado desde enero –con leves bajas mensuales en el primer trimestre–, fue el comienzo de la corrida cambiaria, sumado al impacto de la sequía en la actividad, lo que acentuó el deterioro. Así, en el segundo trimestre 57.900 trabajadores formales se quedaron en la calle (30.300 en la serie sin estacionalidad).

 

El sector asalariado privado fue el principal motor de la caída. En junio, destruyó 26.800 empleos, lo que significa un retroceso mensual del 0,4% (y del 0,2% sin estacionalidad). Contra el mismo mes del año pasado, muestra un alza del 0,5% (muy por debajo del crecimiento anual de la población de entre 18 y 65 años, estimado en 1,2%) pese al crecimiento que tuvo durante el segundo semestre de 2017. Por su parte, el empleo público subió 0,5% mensual, pero en la serie desestacionalizada cayó 0,2%. También pesó la disminución de la cantidad de monotributistas sociales que al
canzó el 2,3% mensual (en la cartera laboral adujeron que se debió a una corrección de los registros de Desarrollo Social). Las dos categorías que hicieron de contrapeso fueron monotributistas (+0,3% mensual sin estacionalidad) y trabajadores de casas particulares (+0,6%).

 

 

Rojo generalizado

 

La caída del empleo asalariado privado fue transversal y afectó a la mayoría de las ramas (ver gráfico). La industria manufacturera volvió a liderar las bajas: en junio expulsó a 7.800 obreros registrados (5.800 sin estacionalidad) y estiró a 89.000 la pérdida de empleos industriales que comenzó en diciembre de 2015.

 

También aportaron números preocupantes las actividades inmobiliarias y empresariales, una categoría fuertemente procíclica; la construcción, que fue el gran motor del crecimiento en 2017 pero ya acumula tres meses en baja por el impacto del ajuste en la obra pública y el parate de los créditos hipotecarios; y el comercio.

 

Salarios, en caída libre

 

Pero la crisis no pega sólo en el nivel de empleo. El poder adquisitivo de los trabajadores que sostienen su puesto sufre un deterioro aún mayor. Los datos del SIPA, sólo del sector privado, mostraron que en junio el salario real se derrumbó 4,3% interanual, producto de un aumento salarial promedio de apenas 23,9% contra una inflación del 29,5%. Según los funcionarios de Trabajo, fue el primer mes que el indicador marca una caída anual desde que el Ministerio lo incorporó a sus informes el año pasado. Si se toma la variación acumulada durante los últimos doce meses (que muestra el promedio de los meses y no el resultado punta a punta), el salario real privado acumulado aún es positivo (1%) pero con una fuerte tendencia a la baja.

 

En pleno recorte del gasto público, las consultoras y el índice de salarios del Indec muestran que el desplome del salario real de los estatales es muy superior al de los privados, pero estos datos no figuran en los informes mensuales con datos del SIPA.

 

 

Alarmas a futuro

 

Los funcionarios de la cartera que conduce Jorge Triaca intentaron transmitir una mirada optimista. Hablaron de un “amesetamiento desde enero” y dijeron que los datos muestran que “el empleo relativamente resiste a la turbulencia económica”. Argumentaron que en junio pesó el impacto de la sequía en el agro y en otros sectores de su cadena de valor, como el transporte y la agroindustria.

 

Sin embargo, la agudización de la tendencia a la baja, el cierre del primer semestre en retroceso y la caída generalizada en la mayoría de las ramas (incluida la construcción, que supo ser el gran motor) plasmadas en los números de junio son señales preocupantes, en el marco de una crisis económica que aún no encontró su piso. Y las proyecciones que arroja la Encuesta de Indicadores Laborales de julio (un sondeo realizado por el propio ministerio entre 3.000 empresas de los principales aglomerados urbanos del país, también presentado ayer) empeoran el panorama.

 

La EIL planteó una caída del empleo privado del 0,3% mensual y del 0,2% contra julio de 2017 (en la medición anterior, la variación interanual aún daba un alza de 0,3%). El retroceso se dio en casi todas ramas pero fue más pronunciado en la construcción, la industria, el transporte y el comercio.

 

Además, el sondeo mostró que las expectativas netas de contratación de parte de los empresarios sigue en los niveles más bajos desde la devaluación de 2014 por segundo mes consecutivo, pese a haber tenido un leve rebote respecto de junio (ver gráfico). Las expectativas quedaron en 1,6%, un nivel que sugiere un declive del empleo durante los próximos tres meses. En la cartera laboral, suelen explicar que cuando este indicador se ubica entre 3% y 6% es señal de estabilidad en el mercado laboral; un nivel superior anticipa crecimiento y un nivel inferior, caída.

 

Todo esto, en el empleo registrado. Los analistas estiman que en el sector informal, más propenso a sufrir los embates recesivos por su mayor inestabilidad, el nivel de despidos será mayor, al igual que la caída neta del empleo. Pero habrá que esperar a los datos de la EPH del segundo trimestre, que el Indec publicará en septiembre, para corroborarlo.

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