La economía manda en esta etapa

11 de junio, 2018

El panorama desde la casa rosada

 

La gestión económica puede dividirse en dos capítulos. El del andamiaje institucional, en el cual los avances fueron notables y el de los resultados en términos de producción, estabilidad y empleo, que son mediocres. El avance en un plano no derramó sobre el otro como esperaba el Gobierno. Y esta evaluación difícilmente se modifique en los catorce meses que faltan para las primarias.

 

Aun aceptando que los últimos pronósticos económicos del Gobierno esta vez sí estarán más cerca de la realidad, el camino hasta las elecciones no traerá muy buenas noticias. La mayoría de los economistas sostienen que, dada la magnitud del ajuste fiscal acordado con el FMI y el deterioro de los salarios ante el avance de la inflación, los próximos meses serán muy negativos en términos de actividad. Las diferencias aparecen cuando se proyecta lo que puede ocurrir en el último tramo de 2018 y durante 2019. Los economistas más críticos del Gobierno sostienen que cualquier mejora será imperceptible porque el ingreso per cápita se estancará o directamente bajará.

 

Los más cercanos al Gobierno y los propios funcionarios del FMI estiman que antes de fin de año la economía comenzará a recuperarse. Su optimismo se basa en la mayor tranquilidad financiera luego del acuerdo con el FMI, el aumento de la producción agropecuaria luego de la sequía y los efectos positivos sobre el sector externo de un tipo de cambio más competitivo. ¿Será suficiente para mejorar el clima social y, consecuentemente, las posibilidades electorales del Gobierno? Para los opositores no. Pero en el oficialismo confían en que la mejora se sentirá en los meses previos a las elecciones, que son los decisivos para definir el comportamiento de los votantes. La presentación política de la nueva estrategia del Gobierno y lograr que genere apoyos son los otros puntos a considerar.

 

Es una tarea difícil para el Gobierno porque no hay muchos antecedentes de que se haya generado entusiasmo en torno a una política de ajuste fiscal. Cumplir con lo acordado con el FMI no será gratuito en términos de actividad, en el corto plazo al menos.

 

Tampoco resultará sencillo que los gobernadores del peronismo se sumen con facilidad a un acuerdo que signifique menos transferencias para sus provincias y una disminución de las obras públicas.

 

De todas maneras, no es tiempo de elucubraciones electorales. Todas las que se hicieron antes de la corrida cambiaria quedaron desactualizadas. El Gobierno tiene por delante un tiempo acotado para avanzar con su estrategia económica y esperar que aparezcan los resultados previstos. Nada debería distraerlo de ese objetivo porque su imagen comenzó a deteriorarse por la economía y sólo la podrá recuperar en ese terreno.

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