¿El FMI es el programa?

El crédito de FMI, China o privados, es oxígeno de emergencia: es bueno, pero no resuelve el problema

 

Por Carlos Leyba 

 

“Mienten. No hay crisis, y si la hay es crisis de progreso”. Esta afirmación, tan familiar a los oídos desconcertados de quienes la ven venir, es habitual en la boca de los que la van a buscar, es decir de la boca de los responsables.

 

La dijo el presidente Miguel Juárez Celman, antes de la debacle de 1890, al ver los trigales dorados de Santa Fe. Esa foto colmó su visión del progreso, previó al tornado. Unos ven avances donde otros retrocesos.

 

¿Dónde estamos? Acabo, jueves 20 horas, de enterarme del examen exitoso en términos de crédito que, de nuestra realidad, ha hecho el FMI.

 

A partir de su diagnóstico, procurará que tomemos su medicina a cambio de un balón de oxígeno que –sorprendentemente- se anuncia en US$ 50.000 millones en un paquete que habilita créditos de bancos multilaterales, algunos privados y la ampliación del swap chino. Money, Money, Money. Balón de oxigeno para cuando falte el aire.

 

En 2009, aterrada por el desplome de las reservas, CFK, entregó -a cambió del swap chino, equivalente a US$ 10.000 millones– la virginidad de las condicionalidades estructurales. Mauricio lo convalidó y ahora anunció que vamos por más swap chino. Money, Money, Money.

 

Todo suma porque lo que falta es “plata”. No está mal alegrarse por conseguirla. Dicen que Nicolás Dujovne está eufórico. Pero sería mejor que los funcionarios tengan en claro que hemos hecho el camino al FMI, y repetido el camino de CFK, por el agravamiento de la enfermedad y no por la buena salud. Esta plata no es para invertir y tampoco para crecer.

 

El crédito de FMI, China o privados, sólo sirve para aguantar y no para crecer. Es oxígeno de emergencia. Es bueno. Pero no resuelve el problema de no crecer.

 

Llegamos a esta situación porque sin el FMI el sector privado no nos habría de prestar mientras se fugaban las reservas al galope.

 

¿Por qué huían? ¿Qué vieron que los asustó? ¿Ahora van a volver?¿Para el pedal?¿Para invertir en desarrollo?

 

Oxígeno logrado. Felicitaciones por ello. Pero la economía no crece en términos por habitante desde 2011. Estancamiento. El PIB por habitante de hoy es 3% menor que el de 2011.

 

Pasaron siete años, distintas políticas y estamos en el mismo lugar y, psicológicamente, más atrás, como consecuencia de la monotonía del estancamiento.

 

El estancamiento crispa. Este oxígeno de por sí no hace crecer. Pero en una de esas ayuda más adelante. Por ahora la crispación deriva de la distancia entre la realidad y la promesa. Este oxígeno no sirve para cumplir la promesa de la pobreza o el crecimiento. Pero, tal vez, para la reducción de la volatilidad y apuntalar la baja de la inflación.

 

El empleo registrado, que aporta al equilibrio social, no crece ni remotamente al ritmo de la Población Económicamente Activa (PEA). Entre el 3° trimestre de 2017 y el mismo período de 2011 se crearon apenas 40.000 empleos anuales.

 

Además la manufactura perdió empleo. En el discurso K importaba la industria, pero en la práctica la redujeron. A los PRO no les importa. La realidad hizo convergente esos discursos contrarios.

 

Observar la expansión del empleo público nos ofrece el panorama más contundente: crecieron los empleos registrados que paga la caja pública. Pero no los empleos que aportan a la caja pública. Una mecánica de déficit estructural.

 

La productividad del trabajo registrado fue, en 2017, menor que en 2011. No hay nada que sugiera algo mejor para 2018 y 2019… ni siquiera con el apoyo del FMI.

 

Declina la productividad y baja la capacidad de exportar. Como consecuencia de la mala gestión macroeconómica y la ausencia de una política de ingresos, la inflación es una presión constante desde todos los puntos cardinales. Una presión inflacionaria multidimensional no tratada.

 

A pesar de la evidencia, para el BCRA, se trata de una “inflación de demanda” y la pretende doblegar con una tasa de interés que no ha hecho otra cosa que frenar la economía, incentivar la especulación financiera y atrasar el tipo de cambio. El apoyo del FMI, ¿cambiará la concepción del BCRA? Los misiles antisuba tienen poder disuasivo a favor del retraso cambiario.

 

La síntesis son los déficit gemelos crecientes y enormes. El peor de los mundos posibles. Contra la experiencia, ese largo estancamiento o tendencia recesiva, en lugar de beneficiarnos, al menos, en lo que hace a la balanza comercial, nos ha traído resultados negativos históricos en el comercio exterior.

 

Las exportaciones por habitante, entre 2011 y 2017, cayeron 34%.

 

Cifra que no habla de que el mundo está mal –a los vecinos les fue mejor- y que por eso no nos compra, sino que nosotros no podemos vender. O porque no producimos o porque no somos competitivos. Lo dice a gritos el hecho que en los tres últimos años el déficit de comercio creció velozmente.

 

El saldo del balance de comercio exterior, desde 2013 a la fecha, es negativo. Un lustro consumiendo más de lo que producimos e importando más de lo que exportamos.

 

Ese período incluye tanto control de cambios y de comercio, como la liberalidad absoluta y sin plazos para la liquidación de divisas. ¿Por dónde pasa el problema?

 

Las cuentas que hizo el FMI, en su informe de revisión sobre nuestra economía, pusieron de manifiesto que el déficit del balance de pagos en Cuenta Corriente no sólo ha sido creciente sino que con controles, de 2011 a 2015, tuvo un promedio negativo de 1,5% del PIB. Pero en 2016/2017 fue de 4% del PIB (promedio) y creciendo.

 

Llevamos años necesitando que nos financien, nos endeudamos de las maneras más diversas y más traviesas. Eso no es un programa. Tampoco el préstamo del FMI es “un programa” para que las exportaciones crezcan o que se sustituyan las importaciones. ¿Cuál es ese programa?

 

El déficit fiscal no va para menos. Entre 2011 y 2015 fue en promedio de 2,4% del PIB, pero de 4,7% en 2015. Los dos años PRO tuvieron un promedio que fue de 4,75% en relación al PIB.

 

El déficit primario más el financiero fue en 2015 de 5,9% del PIB. Herencia. El promedio de Mauricio, en déficit primario más financiero, fue de 6,7% del PIB.

 

El PRO heredó un desastre en actividad, inflación y déficit gemelos. Cristina dilapidó recursos. Nadie debería recordar con simpatía la política suicida de agotamiento de stocks.

 

El PRO no logró revertir esa situación. “Lo peor no pasó”. ¿El préstamo del FMI sepulta lo peor?

 

Poliarquía ha detectado que las expectativas de la población han caído.

 

El próximo semestre, en esas encuestas, no aparece ya como un oasis; y la mayoría piensa que hasta ayer veían un espejismo. El índice de optimismo nos dice que sus niveles son menores que los de 2014, los que no eran precisamente holgados.

 

La aprobación de la gestión Macri cayó 9 puntos. La economía refleja la caída de 10 puntos de la confianza del consumidor y el impacto de la inflación es muy fuerte en los bolsillos y en la imaginación de lo porvenir.

 

Los pronósticos no son buenos para el Gobierno y lo que es más grave, no lo son para la sociedad.

 

¿Cuánto cambia expectativas y optimismo un crédito del FMI? ¿Cuánto cambia el estancamiento y la inflación?

 

La encuesta REM del BCRA estima una inflación de 27% y un PIB que crecería 1% en el año.

 

Los efectos de la “turbulencia”, expresión marketinera, fueron demoledores. ¿El crédito del FMI asegura mejores resultados en inflación, crecimiento y pobreza?

 

La realidad y las percepciones mayoritarias iban hasta este jueves en la misma dirección. ¿Cuánto cambia la realidad de crecimiento, inflación y pobreza el crédito del FMI?

 

Desde Juárez Celman muchos han visto “progreso”, “brotes verdes”, “segundo semestres” o “las buenas noticias del blindaje”… donde no los había.

 

Las buenas noticias en economía dependen de la inversión, el crecimiento, el empleo y el equilibrio externo. Por ejemplo, US$ 10.000 millones de inversión en Vaca Muerta podrían evitar la continuidad de la conflictividad energética.

 

La corrida cambiaria y la defensa absurda de un tipo de cambio imposible hizo dilapidar las reservas.

 

Las reservas (netas líquidas y propias) están ahora en el mismo nivel “crítico” que cuando asumió Macri. No es lógico, con la ideología PRO, no haber ido al llegar.

 

El FMI resuelve el problema de garantía de caja. Y el resto de los aportes (multilaterales, chinos y demás) aporta en la misma dirección. Son remedios que hay que pagar. No son alimento para el cuerpo.

 

Para los chinos es toma y daca. “Te compramos naturaleza y me compras trabajo”. No es una relación de desarrollo sino de todo lo contrario.

 

Para el FMI la cuestión no es el “futuro de los sueños”, sino la concreta construcción de condiciones de cómo vamos a retornar lo que pone.

 

Es decir, baje el gasto público, empleo, salarios, transferencias sociales. Saque “impuestos distorsivos”. Achique el déficit fiscal. Pare la inflación pero hágalo restringiendo la cantidad de moneda, abriendo la economía y generando “competencia” ahora, y no con el tiempo y con el método de la mejora de la estructura productiva.

 

Eso, doctrinariamente para el FMI, viene a partir de la estabilidad y la apertura. “Haz lo que yo digo y no lo que yo hago”, dicen “a una” los países que gozan de ser potencias económicas. No es lo que hicieron para llegar a serlo.

 

¿Para el FMI el peso está sobrevaluado? ¿La deuda está en niveles de riesgo? ¿Cómo perfila el 2018?

 

Lo más probable es que el crecimiento por habitante sea igual a cero. Nada para mejorar.

 

El déficit de la balanza comercial habrá de orillar los US$ 10.000 millones. Sin contar con el FMI y todo los demás, las reservas en el límite crítico nos ponían en problemas. En despejar por un tiempo esa sombra está la razón del giro del gobierno respecto del FMI.

 

Esos arreglos per se no aumentan el empleo registrado.

 

Con el FMI seguramente se reducirá el déficit primario pero no el financiero y tampoco el de la Cuenta Corriente.

 

Esos problemas nos empujan a la deuda externa que, antes de estas negociaciones, ronda los US$ 185.000 millones. Y para pagar hay que crecer. ¿Cuál es el programa?

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