¿Hay margen para el ajuste fiscal?

El Gobierno tiene dos opciones: jugarse a que el mercado interno financiará el déficit o efectivamente hacer un fuerte ajuste del gasto público

 

Por Eliana Scialabba Economista

 

Si bien desde el Ministerio de Hacienda vienen planteando que, ahora sí, es el momento (debido a exigencias del FMI) de acelerar el ritmo de ajuste fiscal, es necesario analizar si hay margen.

 

¿Cuál es el principal problema? El Gobierno parece estar mirando un solo lado de la restricción presupuestaria: el de los gastos. Si bien se anunció un fuerte recorte de obra pública, para llevar el déficit primario de 3,2% a 2,7% del PIB y el financiero del 6% al 4,9% del PIB, lo cual permitiría este año un ahorro superior a los US$ 3.000 millones, reduciendo las necesidades de financiamiento del Tesoro, no ha habido comunicación alguna sobre la dinámica de los ingresos fiscales.

 

Sin lugar a dudas, la devaluación y el endurecimiento monetario y fiscal tendrán un efecto recesivo e inflacionario, sumado a paritarias atadas a la meta incumplible del 15%, lo que generará una fuerte caída del salario real y en dólares.

 

¿Qué puede suceder en este contexto? La erosión del poder adquisitivo afectará negativamente al consumo, el nivel de actividad, y, por ende, el nivel de empleo, afectando a la recaudación impositiva, lo que generará problemas a Hacienda de cumplir su nuevo objetivo fiscal.

 

¿Y los ingresos?

 

Según datos del Ministerio de Hacienda, en el mes de abril los ingresos totales se incrementaron 20,9% anual, alcanzando los $192.963 millones, mientras que los tributarios totalizaron $169.214 millones (+13,6%) anual. Asimismo, se destaca que este resultado se explica principalmente por impuestos ligados al consumo, la actividad económica y el empleo, principales afectados de los próximos meses. IVA y Seguridad Social (junto a Créditos y Débitos) explicaron más del 80% de la suba de los recursos totales.

 

El IVA, que representa poco más de un quinto de la recaudación tributaria, presentará un resultado ambiguo: con una alícuota dada, si bien se contraerá el consumo –efecto cantidades–, la devaluación se trasladará a inflación –efecto precio–, por lo que el resultado de la expansión o contracción de la base imponible dependerá de si es mayor el efecto precio o cantidad.

 

En el caso de la Seguridad Social, que constituye más del 40% de los recursos tributarios, el impacto tendrá signo negativo: con salarios subiendo por debajo de la inflación (o, en algunos casos, sin ajuste) y una alícuota dada, se contraerá la recaudación en términos reales.

 

En tanto, la sequía que afecta al sector agrícola, principal exportador y generador de divisas, y la contracción de importaciones por el encarecimiento de los bienes y servicios dada la devaluación y la contracción de la actividad, no permitirán grandes beneficios desde el punto de vista de los ingresos fiscales ligados al comercio exterior.

 

En cuanto al resultado fiscal (considerando el pago de intereses de la deuda), habrá que “sumar” un costo adicional, ya que la devaluación implica un incremento en pesos (moneda en la que recauda el Estado) de los intereses de la deuda pública.

 

Dado que más del 70% de la deuda del sector público se encuentra nominada en moneda extranjera, la suba del tipo de cambio se traduce en una suba de 0,2% del PIB de intereses, pasando de 2,3% a 2,5% del PBI. ¿A cuánto asciende esto en pesos? Entre $28.000 y $32.000 millones adicionales, a los niveles de tipo de cambio actual.

 

Consideraciones finales

 

En el contexto analizado, los efectos negativos sobre el sector privado se trasladarán a la recaudación tributaria, ajustando más a la ya ahogada restricción presupuestaria del Gobierno.

 

Además, el crédito en negociaciones con el FMI traerá más condicionamientos. Mayor austeridad fiscal, menor gradualismo y un ajuste rápido que permita disminuir el creciente ritmo de endeudamiento público y permita sanear las cuentas públicas.

 

Asimismo, desde el FMI realizarán “marca personal” sobre el Tesoro y el BCRA antes de realizar los desembolsos: el Fisco tendrá una fuente de ingresos menos, ya que desde el organismo internacional piden que la monetización del déficit finalice ya, y no en 2020 como tenían estipulado desde el Gobierno, debido a que esta operatoria resta credibilidad a la autoridad monetaria. ¿Un banco central independiente financiando déficit fiscal? Solo en Argentina.

 

Por otra parte, en el “supermartes” de la semana pasada, el Ministro de Finanzas, buscando frenar la salida de pesos de Lebacs, colocó $73.249 millones en Bonos del Tesoro (BoTes) y planteó además que “no va a hacer ninguna emisión en el mercado internacional en 2018, y es posible que tampoco en 2019”.

 

De esta forma, con menores ingresos tributarios, sin financiamiento del BCRA ni la colocación de deuda en el mercado internacional, el Gobierno tiene dos opciones: jugarse a que el mercado interno financiará el déficit o efectivamente hacer un fuerte ajuste del gasto público, superior al gasto de capital planteado inicialmente. Si bien la turbulencia parece haber pasado, es hora de que el sector público se ajuste el cinturón.

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